En el año 1995, el aclamado director y productor estadounidense David Fincher lanzó una película que con los años se convirtió en un clásico del suspenso y el cine negro: Se7en, en la que Brad Pitt y Morgan Freeman son dos detectives —el novato y el experimentado— que protagonizan un caso cargado de tensión cuando comienzan a seguir el rastro de un asesino serial que aparenta utilizar un patrón particular: cada crimen parece representar uno de los siete pecados capitales.

Por lo tanto, este dúo policial se ve en la difícil tarea de seguir las pistas que cada cuerpo encontrado ofrece… antes de que llegue el siguiente. Y precisamente este rodaje me vino a la mente cuando hace unos meses comenzamos a gestar una idea en torno al trabajo que llevamos a cabo con organizaciones y empresas. ¿Podría ser que existan los siete pecados capitales del management? ¿Cuáles serían estos exactamente?

Muchas veces sucede que el papel que nos toca cumplir como consultores es parecido al de un detective: nos llaman de una organización determinada y nos presentan un diagnóstico que han elaborado a partir de ciertos síntomas que se ven en la organización…

Ante este panorama, nuestra labor pasa por analizar la “escena del crimen” para ver cuál sería la mejor manera de resolver el misterio, ya sea encontrando un “culpable” (que no siempre es una persona) o una estrategia para descubrir cuál es la enfermedad que se esconde detrás de los síntomas.

¿Podríamos hallar para cada uno de los siete pecados capitales un lugar en los entornos organizacionales con los que interactuamos día a día? Probablemente algunos sean más fáciles de identificar que otros, pero seguramente hemos visto a uno —o más de uno— aparecer en nuestra experiencia:

  1. Gula. ¿Qué consumos desmedidos observamos en las empresas? Sea de cara al cliente externo o al interno… ¿Hay una cierta voracidad al tomar ciertas decisiones? ¿Nos pueden parecer irracionales?
  2. Avaricia. ¿Vemos que por el deseo de poseer más o de generar más ganancias se utiliza cualquier medio? A veces puede ser la política de toda la empresa, o también se da en pequeños departamentos. En el afán de acumular, nos olvidamos de las personas.
  3. Pereza. No la pensemos solamente en su sentido más inmediato… A todos nos puede dar flojera a la hora de ir a trabajar. ¿Pero no es verdad que se puede notar cierta dejadez o descuidos al brindar un servicio determinado?, ¿O cuando en tiempos de crisis hace falta dar ese punto extra para lograr todos los objetivos?
  4. Ira. ¿Qué papel juegan las emociones en el liderazgo y en el propio autodesarrollo? ¿Las dominamos o ellas nos dominan a nosotros? La empatía, el asertividad y la buena comunicación suelen ser grandes ausentes en las empresas del siglo XXI.
  5. Envidia. ¿Qué ambientes generamos en los equipos de trabajo? ¿De sana competencia, de solidaridad, de colaboración… o de destrucción? Gestionar los egos dentro de una organización puede ser un desafío para el que muchos managers y líderes no están preparados.
  6. Lujuria. ¿Podría ser que algunas empresas se dejan llevar por planificaciones y sueños imposibles de realizar y olvidan el mundo real en el que operan? En el afán de tenerlo todo, se pierde el sentido de orientación y de datos concretos.
  7. Soberbia. Acaso el pecado más general… pero con múltiples variantes. ¿Cuántas veces hemos visto la soberbia encarnada en un jefe que cree saberlo todo? ¿Cuántas veces hemos visto micro managers que no confían en un criterio, más que el propio? Los aires de superioridad y narcisismos han llevado a la ruina a muchas empresas.

Sin dudas sería muy interesante estudiar casos donde los distintos pecados capitales del management se hacen presentes en personas y procesos de distintas organizaciones. Después de hacer esta reflexión, queda la pregunta para quienes integramos las corporaciones: ¿Estamos dispuestos a reconocerlos y a hacer algo para evitarlos?

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