Por Thelma López

La Segua, el Cadejo y la Carreta nagua son protagonistas de leyendas de terror centroamericanas, pero también los nombres de nuevas marcas de cerveza artesanal de Costa Rica, El Salvador y Nicaragua, respectivamente, y cuyo consumo empieza a ampliarse en la región, gracias a compradores que buscan nuevos sabores así como productos locales, y están dispuestos a pagar por ellos.

El panorama regional ha cambiado debido a la llegada de nuevos actores que han dinamizado el mercado. Como ejemplo, la Asociación de Cerveceros Artesanales de Costa Rica (ACACR) contabiliza que este país ha pasado en los últimos cinco años de siete emprendimientos de este tipo a más de 100.

Pero las otras naciones centroamericanas no cuentan con números tan impresionantes: Panamá tiene entre 20 y 30 marcas, República Dominicana entre 28 y 30, Guatemala 11, y El Salvador y Nicaragua tres, cada uno. De acuerdo con especialistas, sí ha crecido el número de jugadores, con excepción de Nicaragua, cuyo problema social ha encogido la industria.

“Después de la crisis política [del país pinolero], de los ocho productores, sólo tres están trabajando”, afirma Karen Tijerino, presidenta de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Nicaragua.

En cuanto a producción, Costa Rica fabrica 944,000 litros anuales de cerveza artesanal (datos de ACACR), Panamá un aproximado de 600,000 litros (Rana Dorada), El Salvador entre 600,000 y 700,000 litros (Cadejo Brewing Company), República Dominicana de 450,000 a 500,000 litros (Asociación de Cervecerías Artesanales Dominicanas, ACAD), Guatemala 36,0000 y Nicaragua 31,618 (Grupo Cervecero Artesanal de Centroamérica en Guatemala y la Cámara de Cerveceros Artesanales de Nicaragua).

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En Panamá la cerveza aporta 77% del consumo de bebidas alcohólicas, en Costa Rica 64% y en Guatemala 56%, puntualiza el Reporte Global del Estado del Alcohol 2018, realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ante estos números, los empresarios artesanales están enfocados en aumentar el consumo de su bebida.

La producción de bebidas alcohólicas en el país canalero, en septiembre de 2018, llegó a los 27,500 millones de litros, gran parte del volumen correspondiente a cervezas. En el mes de octubre del mismo año, la producción bajó a 23,900 millones de litros, indica la Contraloría General de ese país.

Las artesanales perciben un crecimiento lento pero constante en sus ventas, explica Hernán Justiniani, gerente comercial de la cervecería artesanal y cadena de beer pubs, La Rana Dorada, que abrió hace ocho años en Panamá, y que ya incursiona en la venta de nuevas versiones enlatadas del producto.

La cervecería El Príncipe Gris, en Guatemala, duplicó su producción el año pasado y hoy en día produce lotes de 2,000 litros, afirma Victoria Sterkel, coordinadora de mercadeo: “Fue a mediados del 2018 que ingresamos nuevos tanques de producción a nuestra planta pudiendo finalmente cumplir con la demanda del mercado”.

CON SABOR AMARGO

El desconocimiento del producto ha sido el reto más relevante que han tenido que enfrentar los maestros cerveceros para crear demanda. Los pequeños empresarios compiten con grandes corporaciones que ejercen influencia sobre la distribución, pero también lo hacen entre sí por presencia en restaurantes y espacios en tiendas especializadas y supermercados.

Para capturar al consumidor optan por dos elementos clave: combinaciones y sabores particulares, y la preferencia por lo local.

En Guatemala, el Grupo Cervecero Artesanal de Centroamérica, ubicado en San Marcos, al suroccidente del país, lanzó una bebida cuya base es el maíz, estampa de la alimentación chapina, explica Alberto Sandoval, cofundador de la compañía.

“Hemos optado por separar la categoría de consumo; en Guatemala la cerveza industrial ronda en menos de un dólar, no es un público para pelear, queremos competir por la diferenciación, por un cliente que tiene poder adquisitivo que paga por calidad y apoya el valor local”, argumenta.

Además, apuestan por un consumidor interesado en estilos de vida saludables. El proceso de fermentación de este tipo de producto carece de preservantes y regresa a los procesos más tradicionales, es decir, una forma de producción similar a la que se realizaba previa a la Revolución Industrial. Durante los años de la prohibición, en Estados Unidos, es cuando nace la cerveza más barata y con más azúcares, arguye David Falkenstein, fundador de Cadejo Brewing Company, en El Salvador. La empresa produce 500,000 litros anuales en sus seis líneas.

El otro desafío que enfrentan son las reglas para comercializar y las tasas impositivas. Al ser una industria dominada por uno o dos jugadores, las leyes están pensadas para trasnacionales y no PYMES, lo que los obliga a tributar como grandes, dice Daniel Manzur, director general del Santo Domingo Brewing Company (SDBC), que empezó a producir cerveza en 2013 con una inversión cercana a 500,000 dólares.

En República Dominicana, los productores de alcohol pagan tres impuestos diferentes, sin contar el impuesto de la renta: uno por el porcentaje de alcohol del producto basado en un precio de alcohol absoluto que determina el Estado; otro, un impuesto ad valorem (se toma el precio del consumidor final en un establecimiento y a eso se calcula un 10%), y el impuesto de venta. En total, la carga impositiva puede ir de 35% a 40%.

“Los impuestos se pagan por adelantado por lo que es necesario una liquidez enorme, estamos luchando por un cálculo diferente para la industria”, dice Manzur, quien también es miembro de la ACAD.

Las leyes anticuadas que no se adaptan a la realidad de estos empresarios es una queja que se repite en el caso de Guatemala, El Salvador y Honduras: “No acompañan proyectos pequeños e ideas modernas de trabajo; es un sistema bajo en recursos que obstaculiza fuertemente cualquier proyecto de fundación de cervecerías pequeñas, así como cualquier nuevo producto o estilo que quiera establecerse”, expresa Victoria Sterkel, de Príncipe Gris.

¿CÓMO SE DICE ‘CERVEZA’ EN RUSO?

La expansión del mercado permite que los empresarios ya estén pensando en exportar. Costa Rica Meadery, Costa Rica’s Craft Brewing, TreintayCinco y Cervecería Gracia, son parte de un clúster artesanal tico que está preparándose para llevar sus productos a Rusia y China, gracias a un proyecto impulsado por la Promotora de Comercio Exterior (Procomer).

No se pretende exportar cerveza a Estados Unidos porque su alta producción lo hace un mercado saturado. Más bien la estrategia es acercarse a destinos europeos y más ‘exóticos’, explica Javier Pérez, presidente de la ACACR.

La SDBC, de República Dominicana, también se prepara para exportar a clientes como Alemania y Suiza, sin dejar de lado a Estados Unidos, dice Manzur, pero enfocándose más fuertemente en otros destinos y en fortalecer la creación de un mercado centroamericano, así como el de República Dominicana: “Si logramos exportar entre nosotros, las posibilidades de crecer se duplican, tenemos que aspirar a agrandar nuestro alcance”.

Para Justiniani, de la Rana Dorada, la exportación toma un segundo lugar en comparación con la ampliación de su portafolio. Este año planean lanzar un ron artesanal llamado Pedro Mandinga, además de expandir la presencia fuera de Ciudad de Panamá y franquiciar la línea de restaurantes: “Estamos en todo el país, pero no con locales propios; ese es el reto para 2019”, dice.

La rentabilidad del negocio, afirman los cerveceros, está en la diversificación. Por eso varios de ellos ya incursionan en subproductos y nuevas líneas.

En el caso de Costa Rica, la ACACR trabaja también en diferenciar sus productos con lo que llaman un sello indie, que garantiza la naturaleza artesanal del mismo. “Nosotros estamos tratando de hablar de cerveza artesanal; no es nada más hacer el producto, sino educar al mercado para que crezca”, explica Pérez, de la ACACR.

Abrirse paso en medio de las marcas tradicionales es el camino que les espera a los productores artesanales, debido a que los datos de consumo auguran un crecimiento lento pero seguro: “Somos un gremio nuevo en el país y a la gente le da curiosidad, sólo podemos crecer”, resume Tijerino, de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Nicaragua.