La estrategia del actual presidente de los Estados Unidos continúa bajo la línea de las embestidas sobre los países que considera son prioridad para darle continuidad a su política de nacionalismo exacerbado en todos los sentidos.

Es un hecho que la política de cualquier Estado, se debe concentrar en salvaguardar la seguridad y los derechos de sus ciudadanos dentro y fuera de sus fronteras, el asunto es que Donald Trump, ha implementado una política poco ortodoxa y falta de cualquier protocolo diplomático.

Este último hecho es lo que tiene prácticamente a todo el mundo en un vilo, pues luego de haber sembrado la semilla de la incertidumbre y la zozobra entorno a los migrantes centroamericanos con su plan de contención, el cual será aplicado por México, el presidente estadounidense dirigió su mirada hacia Medio Oriente.

La tensión que se vive desde hace unos días entre los mandatarios de Estados Unidos e Irán ha puesto en alerta a todo el planeta, pues un enfrentamiento bélico entre ambas naciones sería de consecuencias incalculables y sumiría a casi todos los países, en una crisis que en algunos casos se convertirían en tragedia.

En Centroamérica, por ejemplo, la actual crisis migratoria tomaría un rumbo totalmente distinto al drama que ya se vive en la región, pues cuando apenas se vislumbra poner en marcha el plan de desarrollo económico para la prosperidad, los apoyos económicos internacionales serían interrumpidos.

Qué decir del comercio exterior de la zona, que, aunque podría beneficiarse en algunos sectores por la demanda de materias primas por una nación en guerra, esto no sería más que un paliativo para los países centroamericanos que demandan un desarrollo acelerado en todos los sentidos, el cual los llevaría a pensar en poder salir del atraso económico y social que viven esas naciones.

Es cierto que el adagio “en la guerra y el amor todo se vale”, pero en este caso, una mala jugada de Donald Trump y su discurso frenético, o de parte de sus consejeros de seguridad, podrían trastocar toda la realidad actual y poner al planeta al borde del abismo sólo por utilizar la agresión como bandera en su discurso político.

El presidente de los Estados Unidos tiene múltiples flancos abiertos, pues no sólo serán México, Irán y los migrantes sus plataformas para sus discursos de campaña; seguramente también tendrá en su agenda política arremeter contra China, Venezuela y Corea del Norte en el momento que lo crea conveniente.

La pregunta es si el mundo deberá acostumbrarse a estos escenarios tan beligerantes durante los próximos 18 meses que durarán las campañas electorales en Estados Unidos, y a su vez, asumir los efectos económicos y geopolíticos que el discurso beligerante de Trump ocasione.

La mayor preocupación es que ante un escenario como este, cualquier equivocación, mal cálculo o error humano, podrían desatar una conflagración en la que todo el mundo, incluida Centroamérica, se verán afectados.

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