Estonia ha pasado de ser un empobrecido país bajo la órbita soviética a ser la sociedad digital más avanzada en el mundo, esto en un periodo menor a 30 años. Todo esto lo logró gracias a una clara visión e inteligente inversión en tecnología, un caso de estudio del que todos debemos aprender.

Esa acelerada metamorfosis nos debe llamar a la reflexión de cómo un país que por casi 100 años se mantuvo entre la égida alemana o rusa, logra sobreponerse, mirar anticipadamente al futuro y convertirse en un referente global. ¿Será que las glorias del pasado y la zona de confort operan como una mala consejera?

Luego de la caída del Muro de Berlín le tomaría tiempo a este pequeño país de poco más de 45 mil kilómetros cuadrados, lograr la independencia de una renuente Unión Soviética, para constituirse políticamente como República en 1991.

Durante los siguientes seis años, pasaría de una economía socialista y planificada impuesta por la era de dominio soviético, a una de apertura y liberalización del comercio, la atracción de inversiones extranjeras y el fortalecimiento de la empresa privada. Quizá su más visionaria decisión, fue la adopción de la tecnología en el gobierno (e-gobierno) como columna vertebral del desarrollo.

Hoy, su millón doscientos mil habitantes gozan del más avanzado gobierno digital en el mundo, con un 99% de sus servicios en línea disponibles a sus ciudadanos, 24 horas al día 7 días de la semana, lo que se logró mediante un proceso que iniciaría en las escuelas y la decisión de llevar computadoras a todas las aulas y conexión a internet a todos los centros educativos a más tardar en el año 2000.  A los mayores, no los dejaron atrás, con cursos gratuitos brindados por el gobierno.

Lo impresionante de una decisión como ésta es que el gobierno tuvo la visión en 1997 año en que el acceso a internet era muy limitado y no existían casi equipos móviles, esto generó una Estonia que avanzaría rápidamente a su democratización tecnológica pasando de un alcance a la población del 29% en el 2000 a un 91% en el 2016.

El país seguiría en su ruta definida a pasos de gigante, adoptando en el 2002 la identificación digital para cada ciudadano, una combinación de carné, clave criptográfica y un código pin, que opera como llave a todos los servicios públicos incluido un sencillo sistema de impuestos.

Para ejercer sus derechos políticos se adoptó el primer sistema de votación vía internet (e-voto) desde el 2005, siendo el primer país con este sistema, y el acceso en un 95% a los servicios de salud y datos personales desde el 2008 (e-salud). Estonia fue, asimismo, el gobierno pionero en la adopción de la tecnología blockchain.

Además de eficiencia y competitividad, el gobierno se ha convertido en uno de los más transparente e inclusivos del orbe, logrando además importantes ahorros que los expertos calculan como mínimo en el 2% del PIB.

Con la digitalización y adopción de la inteligencia artificial en sus servicios ha creado un ecosistema de creatividad y emprendedurismo, imán para los unicornios en tecnología y la explosiva reciente creación de 31 empresas conocidas como startups, por 100 mil habitantes, una cifra seis veces mayor que el promedio de sus aliados europeos.

 Anticipándose a uno de los grandes retos del siglo XXI: el envejecimiento de la población y la escasez de talento creó las figuras de la residencia virtual (2014) y una visa para la población “nómada” aquella que trabaja desde cualquier rincón del mundo.

Gracias a ambas, se puede crear una empresa en ese país sin residir en él, obteniendo acceso al mercado de la Unión Europea y contando con el acceso al mejor talento sin restricciones migratorias. En el Índice de facilidad para hacer negocios del 2019 el país está ranqueado como el número 16, superando a su vecino Finlandia.

Uno de sus últimos proyectos es la creación de robots que puedan impartir justicia rápida y cumplida, para mejorar un servicio en el que ya se distinguen, pues su sistema de justicia es el segundo más rápido de la Unión Europea.

Todo esto se ha logrado mediante una estrecha colaboración entre Estado, sector productivo y ciudadanía, una triada ganadora, que si bien no exenta de problemas como el ciberataque que sufrieron en el 2007, está dispuesta a encontrar soluciones, como la instalación del Centro de Excelencia Colaborativa de Ciberdefensa de la OTAN, así como la instalación de una embajada digital en Luxemburgo para el resguardo de la totalidad de sus bases de datos.

Con sus decisiones Estonia nos muestra el camino que deben seguir todos los gobiernos del mundo, el cómo hermanar los avances tecnológicos y la inteligencia artificial para el buen gobierno y la promoción del bienestar para la ciudadanía.

En momentos en que se discute el impacto de la Cuarta Revolución Industrial en nuestras vidas, volvamos la vista a este pequeño país, que tuvo la visión, con éxito, de poner la tecnología al servicio de las personas.

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