Por Diego Sosa*

Muy pocas veces el éxito se consigue por causa de la suerte. En la gran mayoría de los casos veo factores comunes y he llegado a pensar que es casi una receta. Pero no lo es. Creo que muchos tienen dogmas que los llevan adonde quieren ir, mientras que otros no saben bien qué rumbo tomar, y no es porque no estén al tanto de lo que quieren, sino porque no se ponen techos.

Me he percatado de un grupo que, a pesar de aplicar estas creencias, no tiene tanto éxito debido a que también hay factores e ideas que son negativos y se contraponen con los que llevan a alguien a la cima.

A continuación, muestro siete dogmas que veo en común en una gran parte de las personas exitosas.

  • Les gusta el trabajo. No es sólo el trabajo que desarrollan, es el trabajo en sí. No son personas a las que estar en casa sentadas les entretiene igual que ir a trabajar. No quiero que confundamos aquí el ‘odiar’ los lunes por el ambiente de la oficina, que hacerlo por preferir no tener actividad. Si es de las personas que muchas veces se vio apasionada por el trabajo que tenía y ahora no lo está, busque el inconveniente en su clima laboral. De la misma forma, asesoro a mis clientes para tener colaboradores que les encante trabajar. Si ve que cambian en el camino, es hora de analizar con ellos qué está pasando en la empresa o en su departamento. Contratar a estas personas, que llamo “águilas”, también tiene un componente no tan agradable… no podemos retener a todas ellas con nosotros. Un día tendrán que volar. Alégrese de haberlas tenido, no tenemos puestos suficientes para que sigan ascendiendo todo el tiempo.
  • Practican para mejorar. Y aprenden haciendo. Existe la teoría de que, para pertenecer a los mejores en una actividad, debemos practicar por lo menos 10,000 horas. Se ha demostrado que los niños prodigios, por lo general, superan ese tiempo. La conclusión es que podríamos llegar a lograr más si nos dedicamos a practicar para mejorar. En estos días vi una entrevista al futbolista alemán del Real Madrid, Toni Kross. Al preguntarle qué de especial tiene Cristiano Ronaldo, decía que cuando todos ellos se iban al camerino después de una práctica, el portugués se quedaba pateando cientos de balones.
  • No se rinden con facilidad. La persistencia en el camino correcto es vital. Cuando les dicen que no se puede, sólo piensan: “¿Cómo se puede?”. Buscan soluciones a los problemas que para otros son fronteras insalvables.
  • Son creativos. Buscan la forma fácil de hacer cosas difíciles. Muchos los ven como vagos por no querer repetir procesos. La genialidad de los genios ha sido inventar para no tener que hacer trabajos repetitivos. Las ideas salen cuando pensamos en soluciones, cuando estamos atentos a los inconvenientes. La oportunidad de crear se da con cada queja que escuchemos.
  • Ponen la mira en el objetivo. Se enfocan casi de manera enfermiza. En ocasiones no pueden ver obstáculos, lo bueno es que los derriban porque su objetivo no se pierde. Con el tiempo aprenden a saltarlos, porque enfocarse es también planificar y seguir un plan bien trazado.
  • Se caen varias veces. Lo hacen porque no se quedan en el piso. Pueden dudar de ellos, pero lo superan. En ocasiones sobrevalorarse es una receta eficiente para no dejar de hacer algo por pensar que no son capaces. Superan también el cansancio con gran facilidad.
  • Se apasionan. Y llevan su trabajo a ese nivel. Son emocionales en este sentido, lo que es peligroso si no saben hacer pausas. Pueden desarrollar una adicción al trabajo.

Observar a personas mayores de gran éxito que no se separan de sus empresas y su vida laboral me llevó a analizar qué los movía. Muchos opinan que no quieren dejar lo que han logrado y que son trabajadores adictos. Lo que noté al hablar con ellos es que viven su labor diaria.

Involucrar estos siete dogmas en nuestro día a día nos ayuda a triunfar, pero más que eso, a no sentir el trabajo como un deber, sino como parte de nuestra buena vida.

*Conferencista, coach y consultor financiero.

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