Por Guillermo Mulville y Juan Gabriel Flores 

¿Recuerdan cómo se conseguía un taxi? No hace mucho, había que salir a la calle, agitar las manos esperando ser visto, y algunas veces pelear con otro potencial pasajero por el asiento deseado en el auto. Y era solo el comienzo. A veces, los taxistas llevaban a los pasajeros a hacer turismo ‒en lugar de conducirlos directamente a su destino. Otras, el taxista terminaba perdido. Al momento de pagar, era cuestión de suerte traer el efectivo necesario o que el conductor tuviese cambio.

Gracias a los teléfonos inteligentes, las aplicaciones y los nuevos modelos de negocio, la experiencia de transportarse ha mejorado mucho. No solo podemos pedir un auto (o desbloquear una bicicleta o un escúter eléctrico) desde nuestros teléfonos, sino que podemos disfrutar de antojos como una botella de agua o inclusive caramelos para luego bajarnos sin siquiera tocar dinero o una tarjeta de crédito. Conocemos con antelación la ruta, el costo, el tiempo de llegada y la calificación del conductor.

Las tecnologías digitales y los modelos de negocio también están haciendo posibles nuevos ecosistemas de movilidad. A menudo, éstos incluyen soluciones compartidas, cambiando el paradigma de la propiedad. Los automóviles son bienes costosos que, en promedio, solo se usan al 10% de su tiempo disponible. Así, la tecnología  permite a los ciudadanos adoptar experiencias de transporte más confiables y que cuidan el medioambiente. Algo nada sencillo tomando en cuenta que viajar dentro de la ciudad es una de las experiencias más tortuosas para mucha gente.

Estos avances en atención al cliente están creando una gran riqueza para los actores más innovadores. Uber tiene un valor de US$ 120 mil millones y la industria de aplicaciones de transporte supera los 500 millones de usuarios y los US$ 60 mil millones en ganancias. Goldman Sachs proyecta que la industria de transporte vía aplicaciones crecerá a US$ 285 mil millones en 2030, cinco veces el tamaño del mercado de taxis. Y el dinero inteligente sigue a las ideas inteligentes: sofisticados inversionistas estratégicos como Softbank, Tencent, Alphabet y Rakuten respaldan a los actores clave de la industria.

El “efecto de redes” que predomina en las plataformas digitales hace posible este crecimiento transformador. Mientras más pasajeros se unan a un servicio de aplicación para transportes, más conductores están interesados en atender dicha demanda. Al mismo tiempo, esto reduce los tiempos de recogida, creando un círculo virtuoso en el cual los nuevos pasajeros se unen a la plataforma. Resulta interesante que la confianza en estas plataformas puede alistar el camino también para otros servicios derivados.

Mejorando la experiencia de transporte en la región

¿Cómo le va a nuestra región en todo esto? Al ser la región más urbanizada del mundo, América Latina y el Caribe tiene una población que padece abrumadoras congestiones de tráfico, infraestructura vial que colapsa con facilidad y, a menudo, considerable inseguridad. Sin embargo, la penetración de los teléfonos inteligentes alcanza el 62 % y sigue creciendo, lo cual resulta positivo. Esto ha permitido que 36 millones de personas adopten aplicaciones de transporte como Uber, Cabify, Easy Taxi, 99, Beat, Taxify y Nekso, entre otras.

Los inversionistas de todo el mundo están inyectando capital: el gigante chino Didi Chuxing tomó el control de la empresa 99 y permitió así que ésta se expanda de Brasil a México. La competencia y las alianzas se intensificarán de forma horizontal y vertical, atrayendo a fabricantes de autos tanto autónomos como eléctricos, iniciativas de bicicletas compartidas, modelos de negocio para reparto de comidas, proveedores de tecnofinanzas y otros.

Como en todo proceso disruptivo, existen desafíos y preguntas difíciles que no tienen respuestas definitivas. La tecnología evoluciona con rapidez y es natural que los reguladores sufran para mantener el ritmo. Cada país tiene enfoques distintos ante la nueva economía que tienen ante sí. Cada ciudad, a su vez, muestra sus propias particularidades y el efecto en sus sistemas de transporte público resulta único. Por último, existen quienes se sienten amenazados por los cambios que traen estos modelos de negocio basados en tecnología.

Somos de la opinión que, cuando un servicio atiende una necesidad concreta de modo eficiente, ha llegado para quedarse. Y ese es el caso de las aplicaciones de transporte. En vez de adoptar un rol de observador, BID Invest ha adoptado un enfoque activo. Estamos apoyando en entorno que facilita estos servicios mediante cuantiosos financiamientos para redes móviles de banda ancha y teléfonos inteligentes. Pero también queremos jugar un rol en la industria misma de transportes por aplicaciones. En diciembre, con Blue Like an Orange Capital, estructuramos un financiamiento intermedio de US$70 millones para Maxi Mobility. El grupo cuenta con el respaldo de patrocinadores orientados al desarrollo con enfoque de mediación, los cuales operan las marcas Cabify e Easy Taxi en América Latina y el Caribe. Un porcentaje de las ganancias será destinado a lanzar una plataforma de tecnofinanzas que ayudará a la inclusión financiera de conductores y pasajeros.

La próxima vez que requiera un transporte, solo toque su teléfono inteligente y abordará su taxi, motocicleta o escúter. Y recuerde usar el proveedor adecuado: uno que cuide el medio ambiente y que actúe con integridad para todos sus accionistas. 

En alianza con el BID.