Una mayor apuesta en la tecnología y en la educación de los agricultores consolidará a Latinoamérica como el mayor productor de mundial de alimentos, aseguró el presidente ejecutivo de CropLife Latin America, José Perdomo, en el Foro Internacional Innovación para la Sustentabilidad en la Agricultura.

“Todo el mundo precisa comida más saludable y más barata” indicó Perdomo durante un foro promovido por CropLife Latin America y la Asociación Nacional de Defensa Vegetal (ANDEF) de Brasil, celebrado en Brasilia y en el que se expuso la realidad de la agricultura latinoamericana.

El ejecutivo exaltó el extraordinario potencial de la región de su realidad como abastecedor mundial de alimentos, pero incidió en la necesidad de mejorar el desarrollo tecnológico y la educación de los pequeños agricultores, los cuales están en su mayoría al margen de ese proceso de modernización que calificó de “vertiginoso”.

Latinoamérica es responsable del 13% de la producción agrícola global, el 16% de las exportaciones del sector y posee el 23% de las tierras cultivables disponibles en el planeta junto con el 30% de las reservas de agua dulce y el 25% de los bosques, indicó.

Además, aporta el 30% de la carne, el 60% del banano y el 59% del café que se consumen en el mundo, y tienen a Brasilia como mayor productor de caña de azúcar, café y jugo de naranja, entre otros alimentos, detalló.

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Argentina lidera la producción mundial de limones, Guatemala de cardamomo, Perú la de quinua y México la de aguacate, así como Colombia es el mayor exportador de claveles del mundo, resaltó Perdomo.

La posición de los países latinoamericanos en los mercados agrícolas globales será aún más determinante en la medida en que se promueva una mayor educación y acceso a las tecnologías que están evolucionando los métodos de producción globales, comentó.

Hizo énfasis en el uso de la nanotecnología para mejorar la eficiencia de defensivos agrícolas y plaguicidas o la ampliación de la tecnología CRISPR, la cual permite una “edición genética” que ya ha mejorado la resistencia del arroz a ciertas bacterias o reducido la cantidad de grasas “trans” o de gluten en otros productos.

La industria invierte cada año unos 7,300 millones de dólares en investigación, cifra superior a “los presupuestos de países como Costa Rica o Guatemala”, lo cual genera un avance tecnológico constante y acelerado, que debe llegar tanto a los grandes como a los pequeños productores, expresó.

Perdomo precisó que el 30% de la población mundial trabaja en la agricultura, un sector que incluye a cerca de 500 millones de pequeños productores que a su vez son responsables del 50% de la comida que se consume en el planeta.

Los pequeños agricultores son los que menos acceso tienen al desarrollo tecnológico, por lo que es necesario implementar planes que involucren a los sectores público y privado y faciliten la formación de los agricultores, opinó.

“Necesitamos educar a los pequeños agricultores, para evitar que vayan quedando más y más atrás” y promover un aumento de sus producciones, lo cual ayudará a garantizar la seguridad alimentaria y a que el mundo alcance los objetivos de desarrollo propuestos por las Naciones Unidas, señaló Perdomo.

CropLife Latin America trabaja en ese sentido y sólo en 2018 capacitó a 230,000 campesinos en buenas prácticas. Además, mediante el programa CampoLimpio recuperó más de 60,000 toneladas de plásticos usados por los productores, reconoció.

“La peor plaga es la desinformación”, planteó Perdomo, quien citó también entre los “desafíos” pendientes el mejoramiento del “diálogo entre el campo y la ciudad”, debido a que la población urbana desconoce por completo el esfuerzo que se esconde detrás de cada uno de los alimentos “que encuentra en el supermercado”.