La economía centroamericana, una de los principales focos de economías emergentes de los principales bloques económicos que integran el entorno económico global, sigue sufriendo la penalización de la mala gestión de sus economías. Los altos índices de corrupción y la falta de seguridad y regulación espantan la inversión exterior.

Un detalle por tener muy en cuenta, sabiendo que, a su vez, las economías pertenecientes a la región son economías muy dependientes de los flujos de inversión extranjera, ya que muchos dependen de esa misma inversión para continuar incrementando sus ritmos de crecimiento y sus índices de desarrollo en el país.

El Salvador, una de las economías más perjudicadas, en este momento, de la región, acaba de presentar un descenso en los flujos netos de inversión percibidos superior al 25%, durante el último semestre y en referencia al mismo periodo del año anterior. Como podemos observar, lo acontecido en el país en materia de seguridad jurídica y migraciones ha acabado por espantar la inversión extranjera, avocando al país a una mayor desaceleración de su economía.

Siempre lo he afirmado, y de forma rotunda. El comportamiento de la clase política, así como las medidas adoptadas para el país influyen de forma directa en las decisiones de los inversores. Si el país, por su condición de emergente, precisa de unos flujos de inversión extranjera, las decisiones y las políticas no deben ser arbitrarias e inciertas, sino que deben ir enfocadas a la atracción de inversión y capital.

Esto no termina de calar en la política y los representantes políticos, pues ya en muchos países que, a priori, mostraban unas políticas favorables a la atracción de inversión, ahora han conseguido espantarla por los propios intereses sensacionalistas de sus líderes y representantes, que han preferido dar prioridad y relevancia a unas políticas populistas y sensacionalistas que a unas facilitadoras.

Muchos países mantienen una incansable lucha por la atracción del capital extranjero. Sin embargo, la única fórmula para atraer ese capital consiste en dar al inversor una tranquilidad y seguridad de que su inversión, al menos, se mantendrá segura ante los shocks políticos y la corrupción en el país. Así, el inversor también exige una serie de condiciones entre las que se encuentra una regulación y el respaldo jurídico.

La atracción de inversión extranjera y los flujos de capital no solo mejoran la economía nacional, sino que consecuentemente, el bienestar de los ciudadanos mejora contrastablemente. El Salvador precisa de una inversión cercana a los 1.500 millones de dólares para cosechar un mayor crecimiento económico que el que presenta actualmente, sin embargo, la pobreza extrema en el país ha acabado por espantar a los inversores.

A su vez, esos flujos de inversión y la elevada deuda en los países que integran la región les hacen más vulnerables a las propias desaceleraciones que sufre la economía durante los diferentes ciclos económicos. La vulnerabilidad que sufrirían estos países a la hora de precisar una refinanciación, en un entorno en el que la inversión decrece de forma constante, podría tener efectos desastrosos y devastadores en las distintas economías.

Como he dicho en numerosas ocasiones, vivimos en economías cada vez más interdependientes. La globalización es un fenómeno que ha provocado que las economías se conecten entre sí, provocando a su vez un entorno más competitivo y hostil. En un entorno donde las economías, tanto fiscalmente como políticamente, son competitivas, la administración debe tomar una estrategia facilitadora y no sancionadora.

La atracción de capital en los países de la región debe ser prioridad y garantizar la entrada del mismo es tarea de sus gobiernos y las empresas en la región. Es intolerable que la corrupción y la mala gestión pública acabe con economías que poseen un gran potencial de crecimiento económico, economías emergentes y con grandes capacidades.

En una situación así, la actuación política juega un papel determinante. Los políticos deben ser conscientes de lo que se juegan y el bienestar que provocaría para la economía y los ciudadanos en la región una constante entrada de capital extranjero. La pobreza que viven países como Guatemala o El Salvador precisan de inversión extranjera que trate de fomentar la creación de empresas. La creación de riqueza en el país es más que necesaria, al menos si se quieren evitar más muertes, así como los movimientos migratorios provocados por la pobreza extrema.

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