Por Susana Cardenas

El Acuerdo de París exige acciones concretas cada vez más urgentes y de mayor alcance, y esa transformación necesita de grandes inversiones por parte de gobiernos, el empresariado y la ciudadanía. Un grupo de bancos multilaterales de desarrollo acaba de publicar su informe anualsobre financiamiento climático en el cual detalla aprobaciones por 43 mil millones (mdd) en el 2018 para países en vías de desarrollo. Los proyectos financiados reducirán las emisiones de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento global y promoverán una mayor resiliencia ante sus impactos más nocivos. Aunque parezca un monto enorme, sabemos que un desarrollo más justo y más sostenible requiere de más; por eso este financiamiento apunta a un efecto multiplicador y transformador.

Este año, sólo en América Latina y el Caribe, los bancos invirtieron casi 8,800 mdd en sectores como transporte, agricultura, silvicultura y la conservación del bosque, agua y saneamiento, y energía. El Grupo BID aportó el 60% o 5,000 mdd que se distribuyen así: 70% para la mitigación del cambio climático, creando valor al invertir en energías limpias, mejoras al transporte y la conservación de bosques, y el 30% para contrarrestar los efectos de las sequías, las inundaciones, la subida del mar y otros impactos cada vez más graves y más frecuentes a causa del cambio climático. Sin duda la región enfrenta un alto costo humano, físico y económico por vulnerabilidad ante la crisis climática. Sólo en Guatemala, Honduras y El Salvador se estima que 3.5 millones de personas pasan hambre debido a la sequía prolongada, y que la falta de lluvia causó pérdidas entre 80 y 100% de la cosecha de maíz y frijol, la base de su dieta. Esto acentúa la situación de pobreza en un país como Guatemala donde hoy la mitadde los niños sufren de desnutrición crónica.

¿Qué podemos hacer para enfrentar la crisis? Los siguientes proyectos aprobados por el Grupo BID en el 2018 están en marcha:

  • El gobierno federal mexicano dedicó 30 mdd para promover la eficiencia energética en sus 2,260 edificios que consumen 355 GWh de electricidad al año. Además de las medidas físicas de eficiencia, se dará capacitación en la planificación, ejecución y seguimiento del programa. Es clave tumbar la percepción de riesgo, comprobar la factibilidad de nuevas tecnologías y demostrar que la inversión genera valor.
  • En México, Bolivia y República Dominicana el BID aprobó más de US$1 mil millones en el sector energético, facilitando el aprovechamiento de fuentes renovables y promoviendo el ahorro de energía. Estos cambios de políticas y regulaciones son fundamentales.
  • El Metro de Quito, proyecto emblemático de movilidad urbana sostenible con un costo de más de 2,000 mdd, servirá a 2.5 millones de citadinos quienes hacen más de 6 millones de viajes al día. Aunque dos tercios de esos viajes son en transporte público, preocupan las vías congestionadas en hora punta y el rápido aumento de carros en la ciudad. El proyecto apunta a reducir el tiempo y costo de viajes, la congestión, los gases de efecto invernadero, el ruido y la contaminación. Se espera que el Metro se inaugure este año.
  • Más de 380 mdd fueron aprobados para programas de agricultura, ganadería, reforestación y conservación de recursos naturales para Brasil, Colombia, Haití, México, República Dominicana, Perú, Suriname y Uruguay. En República Dominicana se dedican 150 mdd para aumentar la productividad y los ingresos de los pequeños productores con adopción de mejores tecnologías y mayor sostenibilidad ambiental, incluyendo mayor cobertura forestal sobre cuencas degradadas. Un tercio de la población dominicana vive en áreas rurales donde el sector agropecuario es la principal fuente de empleo.
  • El Caribe es afectado por huracanes más frecuentes, aumento del nivel del mar, desaparición de los arrecifes de coral, sequía e inundaciones. Las comunidades y la infraestructura ubicadas principalmente en zonas costeras se ven afectadas de muchas maneras y las pérdidas económicas son cuantiosas. Para Jamaica, donde nueve tormentas azotaron el país durante los últimos 20 años con un costo de 2,000 mdd, el BID aprobó un programa para la gestión integral de riesgo con una especie de seguro financiero para el fisco. En los últimos dos años, el BID apoyó con más de 700 mdd esta gestión de riesgo climático-financiero en otros tres países: Las Bahamas, Suriname y Argentina.
  • En Suriname, la agricultura es prioritaria y los patrones cambiantes de lluvia vienen reduciendo su productividad. Un programa del BID busca mejorar la irrigación y el drenaje apoyando actividades como planes nacionales y distritales, fortalecimiento de Juntas de Agua, y mejor información hidro-meteorológica.

Estos proyectos indican que la gestión del cambio climático pasa por diversos actores y sectores y necesita de mucho financiamiento. Dichos recursos son clave para fomentar proyectos cada vez más ambiciosos y sostenibles en la consecución del Acuerdo de París.

*En alianza con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)