Los especialistas vislumbran que 2019 registrará un crecimiento considerable en las aplicaciones de ciudades inteligentes y los proyectos de infraestructura. El año que viene continuará este ascenso, pues de acuerdo con la consultora Gartner, se prevé que habrá más de 20,000 millones de dispositivos IoT.

A través de las TI, las redes inalámbricas, la nube y el IoT es posible gestionar datos en tiempo real. El enlace de esta operación es un smartphone o un dispositivo móvil que permite al individuo interactuar en un ecosistema en donde los gobiernos locales y las empresas pueden pagar servicios públicos.

Dichos ecosistemas digitales tienen como objetivo crear una mejor urbanización y eficientar la movilidad en las grandes ciudades. Se pronostica que para 2050, 66% de las personas del mundo vivirá en ciudades. En ese sentido, es clave contar con metrópolis sostenibles de manera ambiental, social y económica.

Desde la nube y el Internet de las Cosas, un simple alumbrado público puede convertirse en toda una plataforma de iluminación inteligente. En dichas plataformas ya se prevé la seguridad de las urbes a través de tecnología de videovigilancia que, por medio del poder de los datos, mantendrá vigiladas las calles.

Lo anterior no sería posible sin la evolución de los sensores, los cuales detectarán cada vez más una gama de mayor amplitud de situaciones y eventos. Gartner prevé que, para 2023, habrá chips especializados que disminuirán el consumo de energía con funciones como el análisis de datos y el reconocimiento de voz.

Con el uso de la tecnología ya se habla del creciente desarrollo de un turismo inteligente que promueve mayor interacción entre el viajero y el destino turístico; además, se genera una comunidad en internet y redes sociales con opiniones de otros turistas. Este sector tiene el desafío de implementar estrategias enfocadas en el uso de sistemas como la utilización de lentes de realidad virtual, alumbrados con tecnología LED, y la difusión de espacios más seguros e inmersivos.

El sector salud también se verá favorecido, ya que, por medio de sensores instalados en las casas, se podrá monitorear y vigilar a los adultos mayores, proporcionando un sistema de comunicación en apoyo de los cuidadores profesionales de la salud.

En materia logística, la distribución urbana es una opción para el fomento de la inteligencia de las ciudades con entregas a tiempo, aplicaciones para alertas y rutas alternativas a través de vehículos más pequeños, incluso con bicicletas ecológicas y scooters eléctricos.

A nivel internacional también hay casos de éxito. Cascais es una aldea localizada en Portugal que cuenta con un centro de control y gestión de servicios públicos como alumbrado, residuos, energía, policía, entre otros. La administración de sus espacios se hace de manera holística y permite una comunicación y conexión abierta, a bajo costo y de grandes alcances.

Este tipo de conexión es aprovechada por la ciudad de Copenhague, Dinamarca, que en colaboración con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), desarrolló un sistema de bicicleta inteligente con sensores que otorgan información en tiempo real, tanto al usuario como a los administradores. Una vez que son generados los datos, estos son compartidos para administrar la calidad del aire y la congestión del tránsito.

En Estados Unidos también existen smart cities como Seattle y San Francisco; ambas poseen centros de innovación privados y municipales dedicados al desarrollo y al crecimiento de sus entornos. En Seattle se mide, incluso, el nivel de felicidad de sus habitantes, que es un elemento característico dentro del esquema de las ciudades inteligentes, mientras que en San Francisco existen cerca de 300 edificios LEED, certificación de construcciones sostenibles desarrollada por el US Green Building Council.

La ciencia ficción se ha visto superada por la realidad. Estas ciudades futuristas y tecnológicas de películas como Volver Al Futuro son hoy una realidad. De su inversión en ellas dependerá su crecimiento.

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