La campaña anunciada la semana pasada por el gobierno de Trump para iniciar redas para detener y deportar migrantes centroamericanos, provocó momentos de terror y psicosis entre miles de familias que viven y trabajan en la unión americana. El pasaje hizo rememorar a la comunidad mundial los momentos vividos por los judíos perseguidos durante la segunda guerra mundial.

El conflicto que viven miles de centroamericanos migrantes, es trágica y desoladora, pues no solo deben enfrentar el rechazo del gobierno de los Estados Unidos, ahora también, enfrentarán las medidas de hacinamiento a las que el gobierno mexicano someterá a todos los deportados que posteriormente serán de vueltos a sus lugares de origen.

Si bien es cierto que las medidas adoptadas por el gobierno mexicano para retener centroamericanos y concentrarlos en refugios no ha sido bien vista por la comunidad internacional, no debemos perder de vista que amén de que la medida responde a la coerción ejercida por Estados Unidos, México se está involucrando voluntaria o involuntariamente en una política que podría derivar en una crisis humanitaria con la que le será difícil lidiar.

El tema es que luego de más de medio año de crisis migrante en la región, los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras, poco o nada han hecho para asumir la responsabilidad que las migraciones masivas de centroamericanos tienen en sus respectivos países.

En el caso del presidente Bukele, no atinado a mostrar una postura clara en torno a la migración pues, centró sus primeras semanas de gobierno a despachar por Twitter y anunciar un programa de combate a las pandillas que Trump se encargó de revertir al declarar que perseguiría a todos los miembros de la MS-13 en Estados Unidos para devolverlos a su país.

Por el momento Bukele es el único mandatario de la zona que se ha reunido con el presidente de México para tratar el asunto migratorio, esto sin que se conozcan detalles de la reunión. A lo mucho, el presidente de El Salvador solicitó al gobierno de Trump que su país tenga un trato diferenciado a los del resto del triángulo norte, el tema que su país expulsa migrantes todos los días. La siguiente semana, se volverá a reunir con López Obrador para seguir tratando el tema.

Por su parte, Jimmy Morales parece haber sido presa de la desesperación y en el ánimo de verse cooperativo, pacto una reunión con su homólogo de Estados Unidos para firmar un acuerdo para convertirse en un tercer país seguro.

Afortunadamente para su administración, el congreso y la corte de Guatemala, evitaron que Morales firmara un acuerdo que pocos o nadie en su gabinete, supieron advertirle que ni su país ni México, pueden asumir un compromiso de esa envergadura, pues además de requerir grandes recursos financieros, tendrían que desarrollar no solo infraestructura física para convertirse en un país de refugiados, también deberán generar el marco jurídico y legal con protocolos internacionales de derechos humanos. Aspectos que demandan tiempo y recursos con los que ninguno de los países involucrados cuenta.

Luego de más de nueve meses, el gobierno de Juan Orlando Hernández logró mostrar interés para atender el tema migratorio, esto luego de que de Honduras, se calcula, han salido poco más de 80 mil migrantes en ese periodo de tiempo.

Maximiliano Reyes vicecanciller de ese país, anunció que el primer mandatario se reunirá con su homólogo mexicano para tratar el programa de desarrollo que se prevé, servirá como mecanismo de contención para mitigar la migración de hondureños hacia los Estados Unidos.

El problema es que la frontera de México con Estados Unidos y de Guatemala con México, podrían convertirse en campos de refugiados como lo es ya la frontera sur de los Estados Unidos, mismos que podrían alcanzar tintes de campos de concentración debido a la falta de recursos para atender a los miles de migrantes que siguen migrando desde Centroamérica.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.