México y Centroamérica todavía no están trabajando correctamente para solucionar el problema de los niños migrantes, asegura Henrietta H. Fore, directora general de Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Añade que la mayoría de los gobiernos del mundo no cuentan con políticas públicas adecuadas para proteger a los menores mientras van de un país a otro, por lo que deben instalar lugares, con servicios básicos, en los que puedan recibirlos, así como tener personal con conocimiento de sus derechos.

Para dimensionar el problema de México y los países del Istmo, basta ver que durante 2018 31,717 niñas, niños y adolescentes fueron detectados por las autoridades migratorias en territorio mexicano, de los cuales 25,965 fueron retornados a sus países de origen.

De acuerdo con datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación de México, aproximadamente 10,417 del total viajaban sin la compañía de un adulto y, en su mayoría (98%), provenían de países del Triángulo Norte de Centroamérica: 5,000 de Guatemala (48%), 4,175 de Honduras (40%) y 1,024 de El Salvador (9.8%).

Es necesario que haya una migración segura y ordenada, “porque la mayoría de los países no tiene lo básico para [responder ante] el volumen de personas que está en movimiento y esto se puede ver en México”, explica Fore, en entrevista con Forbes.

Añade que la Unicef trata de ayudar a los gobiernos a asegurarse de que todo lo que se haga sea para el bien de los niños y para mantener a las familias unidas, para que en lugar de dejarlos en los centros de detención cuenten con formas alternativas de cuidado.

Esto, de modo “que tengan la oportunidad de viajar y migrar de manera más segura a través de los países y que tengan lugares seguros a dónde puedan acudir, pero los países [en general] aún no están preparados para ello”, indica.

“Los niños deben ser realmente protegidos, porque son muy jóvenes y cuando se vuelven adolescentes son más vulnerables a la trata de personas y a la violencia física y sexual, así que la protección es la principal solicitud de las familias”, argumenta.

Expresa que la segunda petición de las familias es el acceso a la higiene, al agua y a la comida, por lo que los gobiernos deberían de promoverlos en sus políticas.

A esto hay que agregar la necesidad de programas para integrar a los niños a las escuelas, de modo que puedan continuar sus estudios, pues pasan largo tiempo fuera de sus comunidades.

“Hay muchos programas con el gobierno mexicano sobre la integración en las escuelas y las certificaciones para que los niños de otros países puedan acceder a estos y completar sus cursos, con la finalidad de que los puedan utilizar en el siguiente lugar a donde vayan”, reconoce Fore.

Pero también es importa que las naciones frenen la migración para evitar que los menores corran el riesgo que implica ir de un país a otro.

“Las familias necesitan saber que hay buenas escuelas en sus pueblos natales, donde pueden crear sustentos para que sus hijos crezcan sanos y puedan ser criados, pero hoy esto no es del todo verdadero [que ocurra], porque los gobiernos tienen una parte de la responsabilidad de establecer escuelas públicas seguras, así como ambientes más seguros”, cita.

Especifica que los gobiernos deben capacitar a los jóvenes para las habilidades que van a necesitar en el futuro, y que a menudo los sistemas de educación nacional del gobierno están un poco atrasados, debido a que su enseñanza básica carece de literatura y matemáticas.

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