Mi sueño es que una niña que hoy tiene entre uno y cinco años, cuando sea adulta, tenga la certeza de poder ocupar cualquier espacio de la vida pública y no necesite de ninguna cuota de género para acceder a él”, asegura Epsy Campbell, vicepresidenta de Costa Rica.

Para no dejar eso en un sueño y que la equidad de género sea una realidad, la funcionaria afirma que es necesario empezar a construir nuevos imaginarios sociales en donde las niñas pequeñas se sientan reflejadas al ver a otras mujeres en los cargos importantes.

Dice que hay que abrirles las puertas a las mujeres en algunas carreras en donde históricamente han estado fuera, las cuales además pagan los mejores salarios. Se trata de aquellos campos conocidos como STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), en donde es necesario llevar a cabo programas para incentivar la vocación académica de las mujeres.

Pero no sólo se debe trabajar con las más jóvenes, sino también con aquellas que están buscando integrarse o ya son parte de la Población Económicamente Activa (pea), muchas veces a través de trabajos precarios o informales.

De hecho, una nación como Costa Rica, que ya ha tenido a una presidenta y donde 46% de los asientos de su Asamblea Legislativa están ocupados por mujeres, ha hecho esfuerzos importantes para conseguir el empoderamiento femenino, pero aún así, menos de 45% de su pea le corresponde a ellas; es decir, tiene una brecha de más de 20 puntos porcentuales en comparación con los hombres.

“Ahí tenemos un desafío tremendamente importante”, dice la funcionaria, quien en la actualidad está al frente de un programa nacional, impulsado desde la Presidencia del país, el cual busca el liderazgo y el empoderamiento económico del género femenino.

Para ello contempla a las mujeres rurales, quienes tienen necesidades particulares, a las que están en la economía informal, a las empresarias y a las microempresarias, etcétera.

“Debemos hacer varias cosas”, resalta Campbell. Primero está el acceso al financiamiento para aquellos temas relacionados no sólo con la empresariedad, sino con el autoempleo, pues parte de este proyecto incluye un programa de empoderamiento económico.

Por ello, desde la vicepresidencia de Costa Rica impulsa una iniciativa con las empresas privadas de paridad de género, realizado en coordinación con el Foro Económico Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización Internacional del Trabajo y la Unión de Cámaras de Costa Rica, para incorporar a las mujeres en los mercados laborales.

“Las compañías que lo han hecho se dan cuenta que existe un valor adicional en contratar mujeres. Es un buen negocio. Aumenta la productividad y la diversidad, eso genera nuevas formas de trabajo colaborativo. Ahí tenemos muchas tareas por hacer”, puntualiza.

Otro tema, incluido en esta iniciativa, es llevar a cabo un vínculo entre la academia y las mujeres emprendedoras, el cual permita desarrollar incubadoras de empresas lideradas por ellas.

De igual forma buscan involucrar al sector financiero para elaborar ofertas especiales y así las mujeres tengan acceso a préstamos y créditos. “Es un hecho: las mujeres son mejores pagadoras que los hombres y eso está demostrado en todos lo niveles socioeconómicos”.

Campbell afirma que se necesitan estos programas realizados desde el Estado y las empresas para generar alianzas público-privadas. “Porque no sólo las mujeres estamos perdiendo. Los países no están creciendo al ritmo que deberían hacerlo, ya que las mujeres, siendo la mitad de la población mundial, encuentran todavía muchas dificultades para integrarse al mercado de trabajo”.

Paridad no es inclusión

El gran problema es que, pese a las cuotas de género, en los gobiernos de cada país o en las juntas directivas de las empresas es un hecho que el tema de la inclusión va más allá de solamente lograr un número igualitario de mujeres y hombres. Este concepto debe ser pensado en construir sociedades en donde nadie se quede atrás. Ese es el propósito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible aprobados por la Organización de las Naciones Unidas, y para lograrlo se requieren políticas públicas que saquen a las personas de la pobreza y disminuyan la brecha de las desigualdades.

“El hecho de garantizar los derechos para todas las personas sin discriminación alguna implica que pronunciemos repetidamente la palabra inclusión, porque cuando expresamos eso estamos reconociendo que existe la exclusión para algunas personas”, enfatiza la entrevistada, y agrega que se requieren planes y proyectos claros en donde se compartan recursos y oportunidades y en donde, también, el respeto y el bien común sean la norma para transformar así a la sociedad actual.

Los retrocesos

Aunque es verdad que se han dado retrocesos en esta lucha y el avance de la participación de las mujeres no ha sido en línea recta ascendente, también es un hecho que en la actualidad ellas tienen una presencia y poder en la sociedad casi inimaginable hace tres o cuatro décadas. Pero ganar y hacer frente a estas batallas se complica aún más en los países latinoamericanos, donde las transiciones de gobierno provocan que las prioridades cambien cada cierto tiempo, lo cual hace más difícil la implementación de políticas públicas de largo plazo.

El tema se vuelve más complejo cuando se habla no de porcentajes de mujeres en los congresos, sino de puestos unipersonales en donde, para la funcionaria de Costa Rica, no es suficiente con tener la preparación y la valentía para asumir esos cargos, pues se requiere de una serie de redes de apoyo económico, social y cultural que les permita a las mujeres salir adelante.

Todavía el tema de la violencia contra la mujer, como los feminicidios, son realidades de los países de la región, como lo es el hecho de que los hombres no se han incorporado en condiciones de equidad a las labores del hogar y cuidado de los hijos, pues no han querido asumir esas responsabilidades como propias.

Con todo ello, Campbell no repara al afirmar que esto no se debe ver como un asunto de mujeres. “Yo sí quisiera ser absolutamente contundente: A las mujeres nos interesa, pero este es un tema de la sociedad, porque cuando pensamos en cambio climático, en desarrollo económico, en la pobreza y la inclusión estamos hablando de familias compuestas por hombres y mujeres. Entonces, estos desafíos de la incorporación de las mujeres a los mercados de trabajo, a la política, la vida social y cultural se trata de una apuesta que debemos hacer de manera conjunta. Es la única forma en la cual todos vamos a salir ganando.