Perteneciente a una familia de 14 mujeres, quienes por diferentes circunstancias de vida se vieron en la necesidad de educar solas a sus hijos, Celinés Toribio sabe que en ellas ha tenido el mejor ejemplo de lo que quiere hacer en la vida: ayudar a otras mujeres, sobre todo, a las más jóvenes.

Esta actriz y productora de cine originaria de República Dominicana y radicada en Nueva York, Estados Unidos, creció siendo muy tímida, hasta que, en su adolescencia, asistió en su país natal a una academia de refinamiento: “A partir de ahí cambió mi vida. Me hice comunicadora, periodista, actriz y fui corresponsal de deportes de la cadena ESPN”.

Esa experiencia terminó marcando su vida, tanto que decidió tratar de hacer lo mismo por otras niñas. Para ello primero fundó una academia de arte y comunicación, de donde se desprendió una fundación sin fines de lucro, por medio de la que trabaja con las escuelas públicas del estado de Nueva York, en donde se involucra con niñas y adolescentes de nueve a 18 años para darles las herramientas necesarias para sobresalir y ser exitosas, a través de temas como el empoderamiento, el dominio escénico, la moral cívica, etcétera.

“Hemos graduado a más de 10,000 niñas desde 2014 y creo que el impacto ha sido mayor, pues, si es necesario, trabajamos con sus madres. Cuando llega una mamá diciendo: ‘quiero que mi hija viva lo que yo no pude vivir’, en ese mismo momento sé que debemos llevar a cabo una labor mucho más profunda con ellas también”, dice Toribio.

Desde su perspectiva no las deben obligar a estudiar etiqueta o protocolo, así como ninguna otra cosa que sus hijas no hayan elegido, menos ridiculizarlas en público o decirles que no son buenas para algo. Si las niñas crecen oyendo ese tipo de mensajes en su casa los van a internalizar.

Por ello, el trabajo realizado por Toribio, el cual también desarrolla a través de diversas plataformas de redes sociales en donde sube videos y tutoriales motivacionales, persigue el objetivo de hacerles entender a las jóvenes que todas las personas tienen complejos y miedos. Eso es parte de la vida misma. “Pero el miedo más que congelarte debe motivarte y darte el golpe que necesitas para avanzar”.

“Para conseguirlo es necesario hablar con la verdad y, de esta forma, lograr el empoderamiento de estas niñas. Así tengan seis años se les debe tratar como personas que tienen la capacidad de entender las cosas tal como suceden en la vida. Si las tratas como bobas, van a crecer como bobas”, apunta.

Añade que hay que hacerles ver la problemática que aún enfrentamos, en donde, incluso, existen hombres haciendo leyes para decidir acerca del cuerpo de una mujer, a través de las cuales se trata por igual a aquella que abortó a un hijo producto de una violación, que a la persona que la violó.

Educación y empatía

La actriz y productora reconoce que en los últimos años se ha avanzado en cuando al rol de la mujer en la sociedad, pero agrega que aún hay mucha violencia hacia el género femenino. Desde su perspectiva, existen dos temas a contemplar para poder buscar una solución a esta problemática: la empatía y la educación.

“Es cierto, si una persona crece en un hogar en donde vive de cerca la violencia intrafamiliar puede percibir como algo natural que un hombre golpee a una mujer. Ahí entra el tema de la empatía, de no culpar ni juzgar a nadie por nuestras propias decisiones y acciones. Pero donde sí podemos hacer algo distinto es en educar a las nuevas generaciones de una manera distinta”, asegura.

Opina que si una madre percibe que su hijo es violento debe buscar ayuda profesional para que el niño no crezca de esta forma, porque va a crecer siendo un hombre violento, dice. Añade que por el lado de las niñas debemos inculcarles desde pequeñas que no deben permitir ningún tipo de abuso físico, verbal o emocional.

“En lo que a mí concierne, a través del trabajo realizado, estoy educando y dándoles las herramientas para que se atrevan a hablar si tienen un problema y busquen apoyo en algún miembro de la familia para salir de inmediato de esa relación destructiva”, resalta.

El síndrome del cangrejo

La labor de Toribio como parte de su carrera profesional en el cine la ha hecho vivir de cerca la discriminación en esa industria, en donde existen actividades como manejar una cámara o saber de fotografía, lentes y luces o en la parte administrativa, de ser productora ejecutiva, en donde se considera que las mujeres no tienen las capacidades necesarias.

“Los logros que he tenido como productora ejecutiva se los atribuyen [muchos hombres] a que abrí las piernas, no a que tengo el talento”, dice la artista dominicana, para quien también resulta lamentable que esta misma animadversión no sólo venga de los hombres sino de las personas de su mismo sexo.

“Los hombres nos discriminan porque no ven un poder fuerte en la mujer, eso es resultado de que nosotras mismas somos las primeras en criticarnos el éxito. En buena parte se debe a que a través de la exclusión, la cual hemos sufrido a lo largo de la historia, nos hemos creído ese cuento de nuestra poca valía y cuando hay una que sí cree que puede ser exitosa y sobresalir, la admiramos en silencio, pero no somos capaces de decirlo y apoyarla abiertamente”, menciona.

Por esta razón, considera que en este mundo cada vez más globalizado las mujeres deben tener un papel que ella llama ‘humano’, es decir, en donde no haya diferencias de ningún tipo entre un género y otro, para que las personas sean iguales y exista un balance entre todos. Para ello hay una necesidad de centrarse en las generaciones más jóvenes en donde realmente se puede lograr un cambio significativo.