Por María Gálvez del Castillo Luna*

Dicen que el mar favorece el carácter y las señas de identidad cultural características de los habitantes de los municipios costeros. En la costa todo parece mejor y se saborea la vida a otro ritmo. Mi paladar se deleita con su rica gastronomía, que también es cultura, guisos marineros cocinados con tanto esmero, ceviches, tacos de pescado o tortillitas de camarones. La brisa fresca que entra por mi ventana en esta mañana de agosto, desde la costa de Sanlúcar de Barrameda, huele a sal y en el horizonte diviso los tonos azules del mar con el verde del Parque Nacional de Doñana. Un espectacular enclave en el margen izquierdo del estuario del río Guadalquivir, inicio y fin de la Primera Vuelta al Mundo. Marismas, dunas, matorral costero y carreras de caballos en la playa… unas puestas de sol que son una maravilla. Como lo son las del Estero de Punta Banda en Baja California o la de tantos otros puntos del litoral.

En ocasiones, cuando contemplo el mar, desde la costa, me vienen a la mente escenas de la película “I Cento Passi”, de Marco Tullio Giordana. El filme italiano comienza con la inauguración del Aeropuerto Punta Raisi, en Sicilia, un hecho real que cambió el paisaje natural del litoral palermitano y la vida de la población local. En una extraordinaria escena, el joven Peppino Impastato reflexiona con su amigo Salvo sobre la importancia de la Belleza. Sentados en la cima de una colina, cercana al pueblo costero de Cinisi, desde la que pueden ver el mar. Le habla sobre las transformaciones que se han producido en el litoral: “Visto así, desde arriba, uno puede pensar que la naturaleza siempre vence, que es más fuerte que el hombre. Pero no es así. A veces, aunque todo sea peor, una vez hechas las cosas, les encontramos una lógica por el simple hecho de existir. Han hecho esas casas horribles, con las ventanas de aluminio. Pero están los balcones, la gente va a habitarlas y se ponen los tendederos, los geranios, la televisión y, después, todo forma parte del paisaje y ya existe. Nadie recuerda cómo era antes. Es fácil destruir la belleza… La belleza es importante, de ella deriva todo lo demás.”

La variedad y singularidad de los ecosistemas que constituyen el litoral -bahías y lagunas costeras, marismas y salinas, playas y dunas, deltas y estuarios, manglares y arrecifes de coral…-, hacen de éste un espacio de alto valor ecológico, con una gran belleza y biodiversidad. Es el hábitat de multitud de especies y tiene un papel fundamental, por ejemplo, como regulador del cambio climático. Pero también, es necesario resaltar su alto valor cultural, social y económico -son los ecosistemas del planeta más productivos en términos económicos-.

En esta delgada franja territorial tienen lugar infinidad de usos y actividades económicas, como son: el turismo, pesca, hostelería y restauración, agricultura, acuicultura e investigación. Asimismo, es el área donde se producen los principales asentamientos de población en todo el mundo. La investigadora María de Andrés (2017), estima que el 53% de la población urbana del mundo se encuentra en los primeros 100 km del litoral, siendo la tendencia global al alza. En el caso de América Latina y el Caribe, la región americana ha consolidado, en las últimas siete décadas, una red costera de base mucho más amplia en cuanto al número de ciudades que el resto del mundo, multiplicando por diez el número de sus ciudades y aglomeraciones costeras, pasando del 9% a suponer el 20% del total mundial (Barragán & de Andrés, 2016)

Pero, como sabemos, el litoral no sólo nos aporta bienes y servicios ecosistémicos. Si cerramos los ojos y pensamos en lugares que nos evoquen bienestar, posiblemente, nuestra mente viaje a la costa. Y es bastante lógico, está demostrado científicamente que el paisaje natural, especialmente de zonas próximas al mar, contribuye al bienestar y aporta beneficios a la salud física y mental.

Entonces, quizás, como decía el geógrafo francés Jean Tricart, el hombre es el único mono capaz de cortar la rama del árbol sobre la que se apoya. Y la gestión de las áreas litorales podría ser, lamentablemente, la ratificación de esta afirmación, que en ocasiones, sufre el efecto nocivo de visiones parciales y a corto plazo. Cuando sabemos que la belleza del litoral y su gobernanza es importante, porque de ella deriva todo lo demás…

*Oceanógrafa y ambientóloga. PhD Candidata EIDEMAR-Universidad de Cádiz.

Twitter: @MariaGCL

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