Por Arlene Ramírez Uresti*

Pareciera que el siglo XXI se empeña en traer de vuelta las tensiones bipolares de antaño y, sobre todo, en los últimos años la reanimación de tensiones económicas, políticas y comerciales entre los Estados Unidos y China han llevado al mundo a escenarios inestables y de especulación que hacía tiempo no se vivían.

En este contexto, en los últimos años China se ha abierto paso en el escenario internacional, logrando posicionarse como un referente comercial apoyado de estrategias en las que Latinoamérica ha sido un factor determinante. Conquistar América Latina representa la penetración de un mercado ampliamente dominado por los Estados Unidos, con rutas estratégicas y una nueva realidad geopolítica.

Así, en la visión expansionista de China, Centroamérica goza de gran valor geopolítico por su inmejorable posición que habilita un puente entre el Norte y el Sur del continente, y la conexión entre los océanos Atlántico y Pacífico. Las rutas estratégicas de la región y la necesidad de control por parte de los Estados Unidos han coadyuvado a la consolidación hegemónica del vecino del Norte, por lo que intentar apuntalar el mercado centroamericano desde el lejano Oriente es un amplio desafío al liderazgo yanqui en la región.

No obstante, la del país asiático en la región se ha incrementado de manera importante. Principalmente, debido al interés en aprovechar las rutas geoestratégicas para el transporte de bienes comunes que provengan de América del Sur y del aprovechamiento de la energía hidroeléctrica de la región.

Pareciera que el país asiático ve en Centroamérica el potencial para desarrollar la infraestructura que le permita establecer un centro logístico de distribución de mercancías, aprovechando la conexión interoceánica.

El impacto producido por la construcción de La Franja y la Ruta, un proyecto de gran envergadura iniciado en 2013 y que ha incrementado las tensiones con los Estados Unidos, quien ve su hegemonía amenazada ante el fortalecimiento de las relaciones de China con Costa Rica, República Dominicana, Panamá y El Salvador; quienes dejaron de lado su relación diplomática con Taiwán para integrar el Sistema de Integración Centroamericana.

Bajo esta estrategia, China logra así una mayor cercanía con el Canal de Panamá en una región de valor geopolítico importante para el proyecto ambicioso dirigido por Xi Jinping. Son países que, en el mediano y largo plazo, servirán a los inversionistas chinos como plataforma para entrar al mercado estadounidense en tiempos de escalada comercial entre ambas potencias.

El crecimiento en las relaciones comerciales China-Centroamérica se ha previsto desde el 2014, pero con el nuevo escenario se abren espacios para superar los 12.500 millones de dólares que significó el comercio en 2011, año en el que se aceleró el comercio entre la region y China por la firma de varios tratados bilaterales de comercio.

China es el segundo país origen de mercancías que se importan en Centroamérica, con una balanza comercial muy inclinada a favor por el gran flujo de bienes chinos que se consumen en la región. Las exportaciones hacia el gigante asiático son aún reducidas, pero crecientes: el año pasado, la región exportó a China un total de productos por valor de 340 millones de dólares.

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