Por Uriel Naum Ávila y Óscar González

El agotamiento de los empleados, resultado de estrés crónico en los lugares de trabajo, que suele derivar en sentimientos negativos hacia la empresa donde se labora, deterioro productivo, distanciamiento mente-tareas, ausentismo y daños colaterales de salud, también conocido como burn out (síndrome del quemado), está llevando a que cada vez más gobiernos de América Latina volteen a ver está problemática y legislar para detener su avance. Tal es el caso de países como Perú, Chile, Ecuador, México y Colombia.

Este último país es uno de los más avanzados en legislación sobre el tema, gracias a que desde 2014 el Ministerio del Trabajo colombiano decretó el síndrome de agotamiento profesional como una enfermedad desencadenada en entornos laborales, e inició procesos al interior del país para evaluar sus riesgos, diagnosticarlos y atenderlos por medio de leyes.

En un inicio, el proceso inició con rechazo del sector empresarial, pues “las compañías fueron muy reacias a prestar atención a la norma, porque no solo tenían que atender lo que ya estaba legislado, sino que se empezaron a generar leyes también sobre el tema de riesgos psicosociales”, comenta Julia Velásquez, gerente Nacional de Consultoría de Beneficios de Marsh en Colombia.

 Hoy en día, todas las empresas de ese país, desde las micro hasta las grandes, tienen que evaluar anualmente a sus empleados, lo cual se realiza por medio de un cuestionario elaborado por la Universidad Javeriana, con una batería de preguntas que tienen que contestar desde altos ejecutivos hasta operadores, con temas laborales (liderazgo, relación con colaboradores, retroalimentación del desempeño, etc.) y extralaborales (tiempo fuera de trabajo, relaciones familiares, desplazamiento trabajo-vivienda, etc.).

Para las empresas que no cumplen con lo que marca la legislación en la materia, se imponen multas en salarios mínimos capaces de desbalancear las finanzas de las compañías. “Sabemos que hay empresas que han sido sancionadas con más de 100,000 dólares por dejar una evaluación a la mitad”, asegura Julia Velásquez.

A diferencia de Colombia, en México, donde se tiene un 75% de prevalencia de estrés en su fuerza de trabajo, por debajo de China (73%) y Estados Unidos (59%), de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), apenas se pondrá en marcha en octubre de este año la NOM 035, que impone obligaciones a las empresas para generar diagnósticos del estado de estrés de los empleados, pero también a los trabajadores, por ejemplo: conocer medidas de prevención, evitar acciones contrarias al reglamento y notificar a la empresa aspectos que vayan en contra del bienestar de los trabajadores.

“En lo que respecta a México, el estrés laboral tiene impactos visibles en las personas, como úlceras, diabetes, trastornos del sueño, hipertensión, etc. Algunos de los sectores donde más problemáticas se suelen observar relacionadas al burn out en el país azteca, y no tanto por los patrones, sino por la dinámica a la que se está acostumbrado en esas industrias, son el financiero, operaciones en manufactura, logística interna; se trata de áreas de mucha presión”, señala Israel Ramos, líder en Consultoría en Salud y Wellness en Mercer Marsh Beneficios.

El problema con Latinoamérica es que las condiciones son propicias para generar estrés laboral por distintos factores, coinciden los expertos, desde los altos niveles de ‘productividad’ que existen en países como México (los mexicanos trabajan 2,246 horas al año, unas 480 horas por encima del promedio de la OCDE), hasta las carencias de habilidades de gestión de los líderes de las empresas, a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos o países de Europa, donde se generan condiciones para que se tenga una relación sana con los subalternos o que se dé retroalimentación sobre su desempeño, por ejemplo, lo cual impacta en el ambiente laboral.

Pero donde existe un gran riesgo en la región es en “las demandas de trabajo, el esfuerzo físico que implican diversas actividades, la demanda emocional que se tiene y las cargas de trabajo y las horas que se exigen, superiores a las de otros países del mundo”, señala la gerente Nacional de Consultoría de Beneficios de Marsh.

De acuerdo con la Primera Encuesta Centroamericana de condiciones de trabajo y salud, entre el 12 y 15% de los trabajadores consultados refirieron haber sentido al menos en una ocasión estrés y tensión en sus puestos de trabajo.