A los 12 años de edad, el salvadoreño Alex Amaya dejó su país en busca del sueño americano. Viajó al sur de Florida donde por la mañana estudiaba y por las tardes trabaja en el restaurante italiano Bella Napoli, propiedad de su tío. Empezó lavando platos y poco a poco fue ascendiendo y adquiriendo experiencia hasta convertirse en el chef del lugar.

Cuenta que llegó a Estados Unidos con la ilusión de conocer lo que todos hablaban del gran país, y se enfrentó a que tenía que aprender un nuevo idioma, otra cultura y a ser independiente, pero recuerda que es una nación que brinda oportunidades siempre que se demuestre respeto y que se tengan principios y valores.

“Cuando uno llega se enfrenta a que tiene que desconectarse del ombligo de los padres. En El Salvador teníamos ayuda, gente que hacia las cosas de la casa, pero mi mamá siempre nos enseñó que teníamos que dar el ejemplo, trabajar a la par de ellos y que nada era fácil, que todo costaba, y eso ha influido en nosotros”, explica Amaya.

A los 18 años de edad su sueño comenzó a hacerse realidad cuando abrió su primer negocio en sociedad con su tío, porque no tenía la edad suficiente para obtener una licencia de licores. Entonces comenzó a traer desde El Salvador a sus hermanos: Antonio, Juan Carlos, Yecson y a Sonia junto con su esposo. Hoy, todos ocupan una posición en el negocio.

En 2003, a sus 23, inauguró en Florida El Tamarindo Café, un lugar contemporáneo que ofrece la versión de Amaya de diversas variedades de cocina latinoamericana. A los seis meses fue incluido en la lista de los 10 mejores restaurantes de Fort Lauderdale, y figuró en la guía gastronómica Zagat. Después de ganar popularidad entre la comunidad local, y ante los buenos resultados, en 2008 abrió un segundo restaurante junto con sus hermanos, llamado Tamarindo Coal Fired Pizza, en Hallandale Beach. Cuatro años después, en 2012, inauguraron El Tamarindo Pizza & Continental Cuisine, en Deerfield Beach.

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Para Amaya, las claves del éxito han sido la perseverancia, contar con conocimiento de lo que hacía, y la pasión que tiene por su trabajo: “Podemos pasar todo el día trabajando y no lo sentimos como trabajo, lo disfrutamos y lo hacemos con valor a la vida, con sentido de responsabilidad y compromiso con la gente que depende de nosotros”.

Cuando el negocio comenzó a cobrar relevancia, tuvieron problemas con los dueños de los locales que querían una parte de las ganancias, por lo que tuvieron que cerrar el Tamarindo Pizza & Continental Cuisine. Entonces su estrategia fue comprar las dos propiedades, situación que planean repetir en el futuro con cada nuevo negocio que abran.

La familia da empleo a alrededor de 100 personas, y ya planea la apertura de otro negocio. El sueño de Amaya es tener un Tamarindo Café en cada estado de la Unión Americana. Por lo pronto, ya tienen en la mira las ciudades de San Francisco y Nueva Jersey, ésta última por su diversidad de culturas, similar a la de Florida.