La estrepitosa derrota de Mauricio Macri en los comicios del domingo pasado, provocaron la sobre reacción de los mercados financieros devaluando 23% el peso argentino y tirando el mercado de valores.

Lo anterior es paradójico, pues en un escenario en el que se entiende debe prevalecer la libertad y los derechos democráticos de una nación, poco o nada tendrían que condicionar los resultados electorales los comportamientos de los mercados financieros.

Es cierto, las reacciones de los mercados financieros en el mundo son distintas dependiendo de la latitud en la que se desarrollen los comicios, pero lo que es una realidad es que esas tendencias mercantilistas y financieras han ganado más influencia en los países menos desarrollados, de tal suerte, que hoy parecen haberse convertido en reguladores de la democracia.

Lo anterior es importante pues todo parece indicar que la primera ronda para elegir presidente en Argentina está libre de toda duda de un fraude electoral. El tema es que quien apabulló al presidente argentino en las urnas, no es alguien que comulgue con la política neoliberal a ultranza, y eso, profesan los analistas ortodoxos, “no es una buena señal para los mercados”.

Aquí es donde inicia el debate, pues en el caso de Macri, hace cuatro años fue elegido para combatir el populismo de Cristina Fernández quien fue señalada de haber dado la espalda a los mercados financieros y alejar a los inversionistas, lo que se traducía en bajo crecimiento, tasas altas de inflación, tipo de cambio débil y un fuerte déficit fiscal que impedía el desarrollo económico de Argentina.

El gabinete de ejecutivos (proveniente de la iniciativa privada) como se conoció al equipo de ministros que acompañó a Macri en la toma del poder en 2015, nunca logró revertir la tendencia negativa de la economía, y antes de eso, empeoraron las condiciones de vida de millones de familias que decidieron manifestar su descontento en las urnas el 11 de agosto.

El dilema es que existe la idea generalizada entre algunos grupos, sobre que las políticas económicas y sociales de un país, deben responder a los principios y reglas de los mercados financieros que es en donde se transan los bonos de deuda pública de casi todo el planeta.

El actual gobierno mexicano es un ejemplo de esto, pues el mandatario de ese país, libra una batalla casi todos los días sobre la percepción que promueven las calificadoras de riesgo en base a las decisiones que toma el presidente; Cristina Fernández también tuvo que lidiar con las calificadoras de riesgo durante su administración, debido a las decisiones que tomaba y que no gustaban a los mercados.

Lo cierto es que los mercados financieros no son, ni deberían de ser un termómetro para calificar la eficiencia de la política implementada por los gobiernos, pues Macri, recibió todo el apoyo de los mercados y hoy la economía de su país es un desastre.

Donald Trump y Boris Johnson son un ejemplo de que los mercados no castigan por igual a quienes atentan contra el evangelio del libre mercado, pues ambos mandatarios son precursores del proteccionismo de sus economías.

Estos dos paladines del proteccionismo a conveniencia están rompiendo con las reglas globalizadoras que sus naciones impulsaron durante cuatro décadas; el asunto es que al igual que estos dos líderes, los latinoamericanos también señalados como populistas, buscan proteger los intereses de quienes los eligieron (igual que a los primeros), democráticamente.

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