Durante el discurso del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en el cual trataba de aportar un breve resumen de la gestión acometida en el país durante su primer año de mandato, el mandatario insistió en los riesgos que corre la economía centroamericana, así como el desarrollo de la región. Entre otros temas insistió en las ayudas a una región que atraviesa los desastres de una región con altas tasas de delincuencia, pobreza, desigualdad, corrupción e inmigración.

Para AMLO, la economía, al igual que en México, debe estar enfocada, situando como eje central, al pueblo. Según el presidente, la inmigración no debe ser un fenómeno provocado por una necesidad de escapar y huir de la pobreza, sino que debe precederse por un acto voluntario. Un reto que el propio AMLO hacía suyo, pretendiendo ayudar, desde su Gobierno, a una región que, como podemos ver, sigue mostrando una extrema desigualdad.

Aunque la economía centroamericana siga mostrando un fortalecimiento, como he dicho en numerosas ocasiones, no podemos seguir escudándonos en términos medios para medir el desarrollo económico. La elevada disparidad entre los ritmos de crecimiento que muestran los distintos países en la región camuflan un elevado grado de desigualdad en valores medios que terminan excluyendo los extremos. Hablamos de que, al englobar a todos los países en una misma región, concluir unas proyecciones con valores medios incapacita el análisis objetivo de la situación que acontece a Centroamérica.

Si observamos las previsiones macroeconómicas que han realizado las principales agencias de rating sobre la región, entre ellas Moody’s o Fitch, podemos observar como las proyecciones sitúan el crecimiento regional en el 3%. Un crecimiento que podríamos leer como positivo, viendo la desaceleración que acecha a la economía global, pero que, analizado con detalle, no es más que un falso reflejo de una economía muy desigual, en la que hay economías con elevados crecimientos como República Dominicana, donde su previsión de crecimiento situada en el 5,5%, compensa, en el valor medio, los registros, por ejemplo, de Nicaragua; donde la economía está entrando en una fuerte recesión.

Como digo, los elevados niveles de desigualdad en la región están provocando un verdadero quebradero de cabeza para unos líderes que tratan de frenar el avance de la pobreza en la región, pero que, a la hora de aplicar políticas, se muestran poco acertados. México, un país que se ha mostrado comprometido con el asunto, sigue mostrando su apoyo verbal a la causa, aunque si miramos los indicadores de la crisis migratoria y la mejoría en los países de la región, podemos ver como las supuestas ayudas que trata de aportar el presidente López Obrador para tratar de solventar la situación no solo son insuficientes, sino que también son ineficientes.

Gracias a una entrevista realizada al periodista salvadoreño Oscar Martínez, podemos hacernos un poco a la idea de lo que vive la región continuamente, mientras determinados líderes políticos afirman ayudar a una región que, como comenté en textos anteriores, ha estado olvidada hasta en la propia cumbre del G7. Para AMLO, la ayuda a Centroamérica debe ser inmediata, sin embargo, hasta ahora, las ayudas han ido más enfocadas a la apertura fronteriza que a mejorar las políticas de los países de la región, agravando aún más la situación.

Cuando AMLO trató de ayudar a la región, abriendo la frontera para la llegada de inmigrantes, no se estaba dando cuenta que era la peor estrategia posible. La solución a la crisis migratoria en Centroamérica no es provocar un efecto llamada en la que se incite a los centroamericanos a huir de su país, pues, suponiendo que sin darse cuente –o no-, se estaba contradiciendo en sí mismo. Por un lado, hablaba de la necesidad de revertir la situación para que la gente no huyera por necesidad, pero por otro, mostrando su faceta más social y solidaria, abría las fronteras para el paso de inmigrantes, incentivando, como si no contaran ya con suficientes incentivos para hacerlo, una oleada migratoria hacia el país azteca.

Unas prácticas completamente arcaicas y desastrosas, que podían provocar un serio problema para México. La ayuda en Centroamérica debe partir de la premisa de conformar economías abiertas al desarrollo, tratando de corregir aquellos fallos estructurales que impiden que, tanto la economía como la sociedad de la región, progrese. Recordemos que los principales motivos migratorios provienen de una gestión desastrosa en aquellos países donde se está originando la masa migratoria. Ante esto, no podemos solucionar la mala gestión de estos gobiernos, provocando huidas masivas de inmigrantes hacia México para que AMLO pueda echarse la foto como el salvador que les dio los papeles.

La solución es totalmente lo contrario. La lucha debe ir enfocada hacia la paralización de esa despoblación masiva que se está originando en aquellos países centroamericanos que viven con mayor intensidad la pobreza extrema en sus carnes. Entre esa ayuda, se encuentra la dotación de recursos, así como todo el apoyo diplomático disponible, para afrontar la situación en el origen del problema, y no en las fronteras. La situación no va a parar hasta que la economía en el país no propicie unas condiciones dignas para vivir en estos países, pues mientras haya pobreza, la crisis migratoria seguirá creciendo.

La ayuda yace en la lucha frontal contra los gobiernos corruptos, el castigo a la delincuencia y la situación que atraviesan determinados países, la ayuda y la solidaridad ante los desastres naturales que dejan a la región sin agua y sin recursos para el cultivo. Esa es la verdadera ayuda que puede cambiar aquellos países de Centroamérica que atraviesan esta tortuosa situación, y no, por el contrario, los planes de un presidente como AMLO, que, en lugar de confrontar con la realidad, provoca una mayor huida hacia los países vecinos, agravando la situación migratoria de una región que se encuentra desesperanzada ante la falta de ayuda real y efectiva.

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