Por Frederic Emam-Zadé Gerardino*

Quizá la gran mayoría de los analistas económicos no entiendan la magnitud del cambio de paradigma que hubo en el mundo al pasar de ser una economía internacional a una economía global, que es un cambio mucho más profundo y amplio que el que ocurrió cuando pasamos desde economías nacionales cerradas a una economía de naciones cerradas abriéndose y comerciando internacionalmente. La economía global puede operar normalmente con lo que se consideran desbalances internacionales porque lo que importa ahora es el equilibrio global y no el desbalance nacional.

Los economistas son los que están más perdidos que los mercados por que analizan las economías nacionales vía cuentas nacionales como si fueren economías aisladas antes de analizarlas como parte de la economía internacional; pero bajo el paradigma de la economía global, hay que conocer lo global antes de lo internacional y desechar el sistema de cuentas nacionales que acordamos usar: el método de Bretton Woods mejor conocido como la metodología del FMI.

Explicándolo más sencillo, aunque Estados Unidos y China son dos grandes economías y sus cuentas nacionales y otros indicadores parecen estar en desequilibro desafiando las teorías convencionales de economía internacional, si corregimos y vemos ambas economías como una sola que podríamos llamar “Chimérica”, vemos que los desequilibrios se aminoran enormemente y que Chimérica funciona bastante bien. Si a esos resultados le agregamos la data de las otras grandes economías a los de Chimérica vemos que la parte del mundo que opera como economía global está en equilibrio, aunque a nivel nacional muchos países presenten desequilibrios y por el miedo a las consecuencias de estos no se atreven a dejar que sus mercados nacionales se ajusten al mercado global, regido no por los gobiernos de China y EU sino por los mercados Chimericanos.

Peor aún es qué hay muy pocos analistas y economistas que están estudiando este nuevo paradigma y aún en la academia no hay una teoría dura sobre cómo funciona la economía de Chimérica y la economía global en torno a este mercado en equilibrio.

Para entender eso la profesión tiene que incorporar otras disciplinas como la neurociencia para comprender que el homo œconomicus no existe y que lo que existen son humanos y por ende hay que crear y estudiar teorías de neuroeconomia. Igualmente, la profesión tiene que pasar de considerar en sus modelos las tecnologías como algo constante, un parámetro exógeno y sustituir esa variable por una ecuación de crecimiento exponencial que ahora es la que más influye más que antes sobre el capital, el empleo y la tierra.

Finalmente, el cambio más grande de paradigma pasa por desaprender la ciencia económica como la ciencia de las decisiones bajo escasez de recursos y forjar nuevas teorías de la economía en una nueva era posescasez donde las tecnologías exponenciales permiten producir cada vez más productos con menos insumos, en menos tierra, con menos capital y menos mano de obra.

Se está rompiendo el paradigma de los rendimientos marginales decrecientes porque está surgiendo una era nueva bajo el nuevo paradigma de rendimientos marginales crecientes y en consecuencia de costos marginales que tienden a cero, con una abundancia sobrante y creciente, de capital, tierra y trabajadores, quienes eventualmente podrán vivir mejor y más trabajando menos para poder disfrutar de más ocio en la nueva era de la posescasez o de la abundancia.

Esta era de cambios junto a un cambio de épocas, de sociabilizar físicamente  con solo un puñado de personas cercanas a poder comunicarse cibernéticamente con cualquiera en cualquier país del mundo, de recibir una sobrecarga de información diaria que antes recibíamos y procesábamos en meses, de pasar de un mundo enfocado hacia Europa a un mundo enfocado en Chimérica, de trabajar sin descanso en un mundo de escasez a disponer de más tiempo de ocio con más abundancia y de saber que sobreviviremos 20 o más años más de lo esperado, son solo algunos de los cambio de paradigmas a que tenemos que adaptarnos con flexibilidad. Tomemos consciencia de esto y ¡hagámoslo ya!

*Principal economista de la Fundación Global Democracia y Desarrollo.

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