Por Ismael Jiménez Márquez

Desde hace al menos dos décadas, la humanidad inició la carrera impostergable por contener el cambio climático y sus efectos en el planeta; sin embargo, en realidad, hace poco más de 30 años se hicieron oficiales los primeros registros de los daños provocados por el consumo desmedido de los recursos naturales y las energías fósiles.

Las consecuencias de la contaminación y depredación de la naturaleza derivaron en el incremento de la temperatura del planeta, la cual ha venido aumentando de manera constante durante los últimos 40 años, y hoy registra un grado más en comparación con las marcas que se tenían en la década de 1970. Esto ha generado impactos climáticos, naturales y económicos.

Las emisiones de CO² derivadas de prácticamente todas las actividades humanas, son uno de los factores principales de los daños ecológicos que originaron la alteración climática que ya amenaza el crecimiento y desarrollo económico de todos los países, debido a que cada año, aumentan en número e intensidad las tormentas y huracanes que a su paso cobran cientos de vidas y dejan grandes perdidas económicas.

En el reporte Global Warming of 1.5° C (Calentamiento global de 1.5° C), que recientemente dio a conocer el grupo de expertos asesores de la ONU en materia de cambio climático, conocido como IPCC por sus siglas en inglés, se menciona que, de mantenerse la tendencia del ascenso de la temperatura del planeta, esta podría aumentar globalmente un grado y medio entre los años 2030 y 2052.

Es decir, que de acuerdo con los expertos del IPCC de la ONU, la temperatura planetaria se estaría incrementando medio grado más en los próximos 15 años, tomando en cuenta que en los últimos 18 la temperatura planetaria pasó de 0.5 grados a 0.9 de acuerdo con cifras y registros recientes de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

Para Fernando Aragón Durand, científico mexicano que participa desde hace 12 años en el grupo de expertos que elabora el estudio sobre cambio climático del IPCC, alcanzar un incremento de 1.5 grados de temperatura significa una catástrofe climática que tendrá efectos económicos y sociales en las siguientes décadas.

De cumplirse el escenario anterior, difícilmente se llegaría a los objetivos y compromisos planteados en el Acuerdo de París, mediante el que se preveía incrementar medio grado la temperatura del planeta para el año 2100.

Los paliativos

En 2016, durante la COP21 realizada en París, se alcanzaron los compromisos para detener el aumento de la temperatura del planeta y evitar que se llegara a 2ºC. Se acordó como meta deseable, situar por debajo de 1.5ºC la temperatura planetaria para evitar impactos climáticos más devastadores.

En ese marco, más de 195 países acordaron y se comprometieron a realizar esfuerzos directos para mitigar las emisiones de CO2 a la atmósfera, e implementar acciones que ayudarían a contener y adaptar a los países y las ciudades ante los efectos del cambio climático.

Los gobiernos se comprometieron también a implementar sistemas de medición de emisiones de CO2 para reportarlas y hacerlas públicas con el objetivo de concientizar a las sociedades y generar una cultura de contención ante el principal causante del calentamiento del planeta.

Entre las medidas y acuerdos alcanzados por los representantes de los países firmantes, se estableció disminuir el consumo de energías fósiles y sustituirlas por fuentes renovables, así como destinar 100,000 millones de dólares cada año para los países menos desarrollados desde 2016 hasta el 2020.

Tanto empresas como gobiernos han trabajado para implementar dichas medidas de mitigación y, entre otros, promueven conceptos como el de la “economía circular” que busca convertirse en una respuesta para frenar el calentamiento global.

Para Juan Carlos Camargo, subdirector de sustentabilidad de Walmart de México y Centroamérica, las empresas están pensando en nuevos productos que cumplan con los preceptos de diseño biodegradable, que sean reciclables y que se puedan desensamblar con facilidad. Es decir, que los artículos de nueva manufactura deben contener una huella baja de carbono y el menor número de componentes de materiales no renovables.

Y, aunque el precepto de economía circular retoma muchas de las normas del registro de la medición de la huella de carbono en la elaboración y diseño de un producto, el concepto aún no es universalmente adaptado en muchos países, principalmente los que se encuentran en vías de desarrollo.

Bajo el precepto de economía circular, se busca hacer énfasis en la preservación y mejora de los recursos naturales, en la optimización de su uso y en el fomento de la eficacia de este nuevo sistema de economía sustentable.

No obstante, de acuerdo con el reporte del IPCC, para alcanzar la meta del umbral de incremento de temperatura planetaria de sólo medio grado de aquí al año 2030, los países y las empresas deberán reducir 45% sus emisiones de CO2; algo complicado de alcanzar en los próximos 11 años.

Para ello, los gobiernos y las corporaciones empresariales deberán incrementar sus inversiones para el desarrollo de tecnologías que sustituyan el uso de energías fósiles a un paso más acelerado del que hoy sucede, y que sectores como el automotriz, migren su producción total hacia autos híbridos y eléctricos.

Actualmente, de 98 millones de autos que se producen en el mundo, tan sólo 1.3% son eléctricos o híbridos, de acuerdo con  cifras de la Organización  Internacional de Constructores de Automóviles (OICA, por sus siglas en inglés). Es decir que, en su mayoría, los automóviles que se manufacturan a nivel mundial seguirán utilizando combustibles fósiles por un periodo largo de tiempo.

Además, como una de las tareas pendientes a nivel global, habrá que establecer lineamientos claros para la medición y control de emisiones de CO2, bajo normas y estándares homogéneos que puedan adoptar los países firmantes del Acuerdo de París con el objetivo de hacer más comparables los volúmenes de dispersión de gases de efecto invernadero.

El dilema es que países como Estados Unidos, y más recientemente el nuevo gobierno de Brasil, desdeñan los compromisos alcanzados en la COP21 para mitigar y contener los efectos del cambio climático; desdén al que se suman naciones como China y Canadá que no se comprometieron desde el inicio con las resoluciones alcanzadas en París.

Proyección de emisiones

Pese a que los gobiernos comprometidos durante la COP21 y un grupo importante de corporaciones empresariales vienen realizando esfuerzos para contener y mitigar el calentamiento del planeta, las cifras van en sentido contrario, pues el consumo de energías fósiles continúa en ascenso pese a los esfuerzos y grandes inversiones que se realizan para generar nuevas tecnologías renovables.

De acuerdo con cifras de la AIE, el consumo de barriles de petróleo a nivel mundial aumentó 7% entre 2017 y 2018, y se estima que para este 2019, habrá crecido al menos 10% la demanda de energéticos fósiles. La agencia también reporta que la producción de crudo creció 3% en el 2018, y las estimaciones para el presente año indican un incremento de 2.6%. Uno de los principales factores de la demanda de petróleo por parte de los países es su crecimiento económico, lo que explica por qué China y Estados Unidos, lideran la demanda mundial de petróleo y, aunque estos dos países han mostrado crecimientos moderados en los últimos años, el tamaño de sus economías justifica el aumento de su demanda de energéticos.

El escenario no es alentador cuando observamos que uno de los objetivos del Acuerdo de París era disminuir el uso de energías fósiles para la generación de energía eléctrica, objetivo que no se ha podido lograr, y difícilmente se conseguirá. El reporte Panorama de la Industria Eléctrica 2018 de la AIE, revela que sólo 7.9% de la energía que se consume a nivel mundial proviene de algún tipo de fuente renovable.

Actualmente 42% de la energía que se consume en el planeta proviene de energías fósiles como el carbón 38.3% y el petróleo 3.7%. El gas natural participa con 23% de la generación de electricidad que demanda el planeta, y aunque este energético es considerado sustentable y limpio, en realidad no lo es totalmente, pues su extracción, distribución y almacenamiento generan un importante volumen de emisiones de CO2 a la atmósfera.

La energía nuclear y la generación hidroeléctrica complementan la oferta de insumos para producir electricidad en el mundo; ambas fuentes participan con 10% y 23%, respectivamente.

El reporte de la AIE también señala que 63.7% de la electricidad que se consume en forma global tiene como destino los sectores industrial, comercial y de servicios. La demanda de los hogares representa 31.1%. Tal vez esta intensidad de consumo es lo que hace sentido a la disposición de muchas empresas en el mundo para invertir en proyectos de generación de energías renovables, las cuales están siendo adoptadas dentro de sus procesos y actividades.

Sin embargo, pese a los esfuerzos realizados hasta el momento por todos los involucrados en el Acuerdo de París, cumplir con las metas de reducción de emisiones de CO2 en los niveles que marca el reporte del IPCC de la ONU, bajo la actual tendencia de seguir consumiendo energías fósiles, hace pensar que será inalcanzable la disminución de la temperatura del planeta en los siguientes 30 años.

Cambio climático en CARD

Centroamérica y República Dominicana, de acuerdo con diversos estudios, contribuye con 0.2% de las emisiones mundiales de CO2 a la atmósfera; sin embargo, es la región más vulnerable ante los efectos del cambio climático. De acuerdo con el informe elaborado por la CEPAL Cambio Climático en Centroamérica, la temperatura en la región aumentaría 0.5 grados para el año 2020, y para 2050 registraría un incremento más de 1.3 grados.

El informe también señala que para el año 2075, habrá cerca de 75 millones de habitantes en la región, es decir, la población habrá crecido 69% con respecto a 2010.

Lo anterior implica una cascada en la demanda de servicios de salud, agua, alimentos, vivienda y empleos; factores todos ellos que impactarán directamente al medio ambiente. Al respecto, la CEPAL señala que, en un periodo de 70 años, se habrán perdido 80% de los bosques de la zona, y la tierra agrícola habrá crecido 50%.

La región presenta un déficit de energía eléctrica y la generación con fuentes renovables es una opción para mitigar el impacto ambiental en esta zona. Sin embargo, aunque en la actualidad las energías limpias contribuyen con 65% de la generación eléctrica, en el futuro, debido al incremento de la demanda y de la población, las energías limpias podrían disminuir su participación en el largo plazo.

Y aunque los países de CARD se han amoldado cada uno de forma particular a los lineamientos de los Planes de Adaptación al Cambio Climático, los resultados son precarios y, contrario a su objetivo, el deterioro ambiental crece cada día en esta latitud.

Uno de los principales retos a vencer a nivel mundial es la falta de alineación de objetivos y programas encaminados a mitigar o disminuir el calentamiento global. Sobre el tema, Fernando Aragón señala que, de no existir interacción entre los distintos actores de la sociedad para actuar de manera firme ante los efectos y causas del cambio climático que ya se viven, difícilmente se podrán alcanzar consensos globales para combatir el fenómeno