Por Juan Carlos Domínguez Verónica*

El proceso electoral actual de la República Dominicana ha demostrado ser uno de los más fascinantes en los últimos años en toda la región del Caribe y Centroamérica, debido a la volatilidad que representa para el partido gobernante, el Partido de la Liberación Dominicana -PLD-, que vive momentos de incertidumbre de cara al proceso de primarias abiertas para seleccionar a sus abanderados a síndicos, diputados, senadores y presidente de la República.

En un principio este modelo de selección de candidatos fue establecido porque genera una mayor percepción de democratización del proceso electoral. Ya que incentiva el interés de la sociedad en la política, estimula la competencia interna de los partidos y permite identificar candidatos viables que inicialmente podrían ser marginados por sus cúpulas, logrando legitimarlos al interior y exterior. Pero, sobre todo, establece una percepción democrática y de transparencia de la vida institucional de los partidos; no obstante, con todos estos beneficios, no es posible pasar por alto los efectos negativos que puede generar una elección primaria y que actualmente se manifiestan en la vida interna del PLD.

La competencia dentro de esta institución ha empezado a producir una percepción de desgaste, donde las disputas entre los diferentes grupos crean situaciones que trascienden más allá de la elección interna, al generar vínculos psicológicos entre los aspirantes que sean derrotados y aquellos que los apoyan, ocasionando que estos últimos tengan cierta reticencia en apuntalar a quien resulte vencedor, especialmente al haber un alto nivel de competencia.

Además, esta confrontación ha llevado a los contendientes y sus grupos de apoyo a adoptar posiciones políticas extremas con la intención de obtener la nominación, lo cual puede disminuir su factor de elegibilidad entre el electorado moderado de la República Dominicana, mientras proveen a sus contrincantes de elementos discursivos para atacarlos.

Lo anterior podría ser el caso del Partido Revolucionario Moderno -PRM-, quien tiene la posibilidad de aprovechar este “rio revuelto” para introducir una estrategia de comunicación en la que establezca “un lugar en común” con el votante inconforme con la situación actual del PLD y en general con el contexto de incertidumbre que vive la República Dominicana a raíz de esta lucha de liderazgos. Otra apuesta importante del PRM, sería la captación de aquellos grupos políticos que se sientan relegados en el proceso interno de sus contrincantes, con la intención de fortalecer su estructura electoral a lo largo y ancho de la nación.

Sin embargo, el aspecto negativo más importante que representan las primarias para el PLD es su efecto personalizador de la política, el cual socava su institucionalidad, al trasladar el interés del electorado hacia el aspirante político, disminuyendo su atención en la institución misma.

En otras palabras, los ciudadanos al reflexionar su voto ponen mayor énfasis en las características particulares del candidato y no toman en consideración los valores e identidades colectivas que el partido representa.

De esta manera se fomenta que los propios aspirantes vean al partido como una mera plataforma para un proyecto personal, en el cual los valores que dan forma a la institución pueden estar ausentes, originando una menor cohesión interna entre sus miembros, que a la larga propicia su debilitamiento a expensas del crecimiento de la imagen de un candidato en particular.

Lo anterior debe hacer notar al PLD y a cualquier otro partido, que las elecciones primarias como método de selección, les permiten crear una imagen más democrática, pero corren el riesgo de caer en una espiral de liderazgos individualistas que anteponen sus intereses por encima de los colectivos, atentando contra la viabilidad político-electoral de los partidos mismos.

*Experto en Gobierno y Comunicación Política

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