Por María Gálvez Castillo

La compresión humana respecto al planeta Tierra ha ido evolucionando, a medida que la ciencia ha ido avanzando. Hubo un tiempo en el que se creyó, por ejemplo, que la Tierra era plana, que el cambio climático no existía o, incluso, que éste no estaba influenciado por la acción humana. Pero, hoy, gracias a los avances en el conocimiento científico está demostrado que nuestro planeta no es plano, que el cambio climático y sus impactos son una realidad, y que la acción humana es, en la actualidad, la causa principal.

En mi ciudad natal, un municipio costero al sur de España, recientemente se ha conmemorado el quinto centenario del comienzo de la primera vuelta al mundo Magallanes-Elcano. El 20 de septiembre de 1519 se iniciaba por mar, desde la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, la expedición con cinco naves que, por las características de las mismas, el escritor Stefan Zweig las denominó “cinco barcas de pescador”.

Durante la travesía, cruzó el Océano Atlántico, recorrió la costa este de Sudamérica para cruzar el Océano Pacífico y el Océano Índico, darle la vuelta a África y regresar a España. No siempre con buena mar, con múltiples vicisitudes y desprovistos de víveres durante gran parte del viaje -se vieron obligados a comerse hasta el cuero que recubría la madera de la verga-.

Para finalmente, tras casi tres largos años de travesía, llegar al puerto de origen el 6 de septiembre de 1522, con una única nave -la Nao Victoria- y con sólo dieciocho famélicos tripulantes, de los más de dos centenares que iniciarían la expedición, completando, de este modo, la primera vuelta al mundo y demostrando la esfericidad de la Tierra. Una gran hazaña global.

Como homenaje a la proeza, decidí leer la magnífica crónica de Antonio Pigafetta, Primo viaggio intorno al globo terracqueo. Mientras leía la obra reposada en un sillón del salón, con la radio de fondo, escuché unas declaraciones de un conocido negacionista del cambio climático, que me hizo sobresaltarme y detenerme a pensar en la figura del cronista italiano.  

Pigafetta, sabedor de que tenía que dar fe de la proeza y evitar que la gesta fuera negada, anota minuciosamente todos los detalles de la expedición. Hablamos del siglo XVI, los descubrimientos y el conocimiento no se transmitían con la agilidad y rapidez de hoy. La mayoría de la población no tenía acceso a la información, pero aún así, gracias a la crónica, las noticias de la primera vuelta al mundo que demostraban que la Tierra no era plana se difundieron rápidamente por todo el mundo.

Hoy, 500 años después del inicio de la primera vuelta al mundo, es el momento de la historia del ser humano en el que se dispone de más conocimiento científico e información. La comunidad científica confirma que el cambio climático y sus impactos son una realidad, que está influenciado por la acción humana y sus consecuencias comienzan a ser visibles por toda la población. Nuestros mares y océanos se están calentando, las olas de calor y los eventos climáticos extremos cada vez son más frecuentes, el nivel del mar está subiendo, nuestras costas se están inundando y erosionando, y la biodiversidad del planeta disminuye a gran velocidad.  

Los más jóvenes conscientes de la problemática salen a la calle. Mientras, en los despachos, aún quedan dirigentes políticos que realizan declaraciones o publican tuits negando la crisis climática. Lo sorprendente de esto es que tuitean mientras en su país se debate, por ejemplo, la posibilidad de trasladar municipios costeros ante el aumento del nivel del mar, que se ha acelerado en los últimos años. Quizá, el ser humano actual ha perdido la capacidad de lectura y comprensión más allá del tuit y del titular o, quizá, la posición más fácil sea la negación.

La negación del cambio climático puede ser tan sólo un pretexto para la inacción. Ninguna generación anterior a la nuestra ha tenido disponible tantos datos e información que permitan la adecuada toma de decisiones, pero, en ocasiones, se niegan o minimizan las consecuencias y responsabilidades que deberían derivarse de este conocimiento. Negación ante la injustificada pasividad en la lucha contra la crisis climática. Me pregunto, ¿quiénes asumirán las responsabilidades de las consecuencias negativas que sufra la población fruto de esta inacción?

María Gálvez del Castillo Luna es Oceanógrafa y ambientóloga. Doctoranda EIDEMAR-Universidad de Cádiz