Por Francisco Coll Morales

En sus mejores momentos no está la economía estadounidense. Hace unas semanas, aunque al hilo de las previsiones, conocíamos los registros de la tasa de crecimiento del segundo trimestre en el que veíamos como aumentaba a ritmos del 2%. Como digo, un ritmo previsible por el consenso de analistas, pero que no deja de distanciarse de forma abrupta de ese 3,1% que registraba la economía norteamericana a principios de este año. Unas alzas que muestran una clara tendencia de desaceleración, también, en  Estados Unidos.

Aunque creamos que por ser una de las economías más poderosa del planeta no puede sufrir shocks, lo cierto es que también posee vulnerabilidades, al igual que el resto. Recordemos que el mundo, en estos momentos, está inmerso en una desaceleración que está acabando mundialmente. A lo que hay que sumarle el conjunto de incertidumbres que, de manera continuada, están al acecho; como por ejemplo, el Brexit, la guerra comercial o los conflictos con el petróleo.

Como digo, el balance de riesgos a nivel global está sufriendo un mayor deterioro de lo esperado. La incertidumbre, como bien indicaba un artículo del Fondo Monetario Internacional, sigue disparada y las tensiones comerciales que se habían generado entre los dos principales bloques económicos del planeta, entre los que se encuentra Estados Unidos, está acabando con uno de los mayores agregados al crecimiento del PIB mundial, el comercio. Comercio que, por otro lado, aporta el 57% del crecimiento, como agregado del PIB mundial.

En los últimos meses hemos visto a la Reserva Federal adoptar nuevas medidas de carácter expansivo, donde las relajaciones en la política monetaria, con las consecuentes rebajas en los tipos de interés –a falta de una tercera antes de acabar el año-, confirmaban el frenazo de la economía estadounidense. Un frenazo derivado de determinadas consecuencias entre las que priman las de la guerra comercial, al reducirse el número de exportaciones –con un consecuente deterioro de la balanza comercial-, así como una reducción de la inversión privada en el país.

Una situación que podía haber empeorado fuertemente la economía, pero que, sin embargo, se vio levemente compensada con el aumento que ha vivido el consumo dentro del país, así como la inversión por parte del gobierno. Sin embargo, en base a los indicadores en materia de exportación e inversiones se están viendo mermados, lastrando el crecimiento por debajo de la tasa prometida por Donald Trump, la cual pronosticaba ascensos superiores al 3%.

Con una inflación contenida y las tensiones comerciales en pleno auge, en Estados Unidos se vive una inseguridad por la que los ciudadanos temen una próxima recesión económica. A diferencia de lo que decía Trump, la guerra comercial ha comenzado a ser un lastre para ellos, lo cual está propiciando un entorno poco favorable para el crecimiento económico; lo cual hasta ahora, no ha afectado al empleo, pero que sí está dañando la producción industrial como así lo reflejan los índices de PMIs.

De acuerdo con el indicador, el PMI manufacturero, que ya atravesó el umbral de los 50 puntos, sigue deteriorándose. Un deterioro que mide la caída que está viviendo la industria ante la baja que experimenta la demanda externa en un mercado global más que arruinado, que sigue sacudido por esas tensiones comerciales que, de acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC), están provocando fuertes contracciones en el comercio global, así como un escenario a futuro bastante pesimista.

En las últimas revisiones de las previsiones, realizadas en este caso por Fitch Ratings, el crecimiento de la economía norteamericana no parece acercarse, tras los resultados cosechados durante el último trimestre, ni al 2,5%. Concretamente, para ser más precisos, la agencia de calificación crediticia ha emitido un informe en el que se pronostica un progresión cercana al 2,2%, llegando a reducirse en el próximo año hasta el 1,7%. Unas cifras que, particularmente, me cuesta creer, pero que de no darse una solución a los problemas planteados, podrían acercarse.

Estamos ante una economía con gran potencial, que se está viendo lastrada por una madurez en el ciclo expansivo, que está sacudiendo a todos los países que integran el planeta, dicho sea de paso; así como esos añadidos de incertidumbre en los que Estados Unidos está inmerso como agente principal. Una situación que, como ya se previó, está dañando la economía. Por mi parte, una situación insostenible para un país que, hasta ahora, ha estado creciendo a un nivel muy superior. Esperemos una reacción temprana por parte del gobierno, pues de seguir cayendo, podríamos empezar a ver, muy próximamente, un comienzo de destrucción de empleo en el país, así como una recesión en el PIB nacional.