Por Sergio Morales Rodas

Si bien es cierto, por su propia naturaleza, es muy difícil establecer un dato exacto de cuánto le cuesta al país la corrupción, cálculos hechos a partir de los casos que se han conocido apuntan a que esta se estima en miles de millones de quetzales al año.

Y el impacto de esa práctica no solo se cuenta financieramente, ya que también deja secuelas en el sistema democrático del país, su capacidad de producir y lo que es peor, pérdida de vidas.

Este jueves 24 de octubre, en medio del Noveno Encuentro Centroamericano de Donantes, el director del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (Incae), Octavio Martínez, calificó la corrupción de un problema “endémico” de Centroamérica y “uno de los principales obstáculos para el desarrollo” de sus países.

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En una entrevista con la agencia de noticias EFE, Martínez expuso que, a causa de ese mal los países del istmo pierden al año US$13 mil millones, aproximadamente el 5% del Producto Interno Bruto, lo cual pone a estas naciones, principalmente Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, con niveles de corrupción similares a los de las naciones de África Subsahariana.

El caso Guatemala

Pero ¿cuánto de esta exorbitante cifra corresponde a Guatemala?

Expertos señalan que es muy difícil calcular un dato fiel, justamente porque la corrupción es una práctica oscura y delictiva que se trata de esconder; sin embargo, se puede tomar una idea a partir de los casos que se han judicializado y publicado en los medios.

Ricardo Barrientos, analista del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), se refirió a una publicación de esa institución que, en 2017, hizo un recuento de los casos que llegaron al sistema de justicia y tan solo en el 2015 contabilizó hechos de corrupción por US$550 millones —unos Q4 mil 262 millones—. Para tener una idea, esa cantidad es dos veces y medio el presupuesto solicitado para el Ministerio Público el próximo año.

Guatemala ha retrocedido desde el 2009 en el Índice de Percepción de Corrupción que mide a más de 170 países

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Barrientos señala que, más que los montos económicos, la corrupción tiene efectos de carácter político y social, debilita las democracias y también “mata”.

“Por ejemplo, en el caso IGSS-Pisa, ahora los acusados son vistos como héroes y nadie sea acuerda de las personas que perdieron la vida por tratamientos deficientes y un contrato fraudulento de servicios de hemodiálisis”, precisó el analista.

Agregó que, en los países centroamericanos, la corrupción se ve favorecida por fallas en la legislación, instituciones débiles, un deficiente acceso a la información pública y la impunidad, esto último definido por Barrientos como “el negocio más lucrativo, violar la ley sin que a uno le pase nada”.

El analista de Icefi precisó que con la salida de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) se retrocedió unos 10 años en cuanto a la lucha contra la corrupción, a la vez precisó que este mal “sin ninguna a duda” es una de las principales causas de los problemas estructurales de Guatemala.

El resto de estas causas, añadió Barrientos, tienen que ver con la pobre carga tributaria —una de las más bajas del mundo—, gobiernos “ineptos”, el racismo, la desigualdad de género y las ideas equivocadas de que el desarrollo de un país pasa por tener “más maquilas y zonas francas” cuando la mitad de la niñez sufre desnutrición crónica.

Afecta la productividad

El economista Hugo Maul del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien) está de acuerdo con que no hay un mecanismo para cuantificar la corrupción, aunque considera que cualquier aproximación que se haga “siempre se va a quedar corta”.

Al igual que Barrientos, Maul afirma que la corrupción va más allá de los sobrecostos de obras, plazas fantasmas o pagos indebidos por bienes que no se reciben o son de mala calidad, pues también impacta en la productividad de los ciudadanos y de las empresas, y en la percepción de riesgo país.

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“El no tener buenas carreteras, seguridad, salud… Todo eso al final implica que nos cuesta más hacer negocios, la productividad de la economía baja y también los niveles de inversión y se limita la multiplicación de negocios”, añadió el economista del Cien.

Para Maul, la corrupción es un problema “gravísimo” para países como los nuestros que son pobres y que encima necesita desarrollarse, por lo cual estas naciones han caído en un círculo vicioso en el que el subdesarrollo es producto de la corrupción y a su vez esta es fruto de aquella.

“El propio subdesarrollo y falta de oportunidades provoca un decaimiento de la moral pública que ve en la función pública una oportunidad de enriquecerse y sobrevivir”, lamentó.

*En alianza con Prensa Libre