Por Arlene Ramírez Uresti

En la primera mitad del siglo XX se desarrollaron planes de integración económica regional para superar los obstáculos que enfrentaba el desarrollo nacional y regional. Entre 1950 y 1963, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) buscó incipientemente el desarrollo en América Latina.

En ese periodo, la CEPAL recomendó a los países de América Latina una estrategia de desarrollo basada en una combinación de industrialización de sustitución de importaciones e integración regional esperando que en la región se detonara un desarrollo económico equilibrado mediante la liberalización del comercio intralatinoamericano y la aplicación simultánea de una política proteccionista en relación con el comercio extrarregional.

En teoría eso también debería ayudar a fomentar la transformación estructural y a crear capacidades productivas de los sectores industriales en la región.

Con el comienzo de la crisis de la deuda en los años ochenta, el modelo desarrollista de la CEPAL entró en crisis ante lo cual la organización lanzó el programa de desarrollo con equidad que promueve la integración regional abierta que haría de América Latina un trampolín de acceso al mercado global. Por lo que era necesario reducir las trabas arancelarias y no arancelarias para así permitir la participación y competencia de los productos y servicios regionales en otras latitudes.

Al inicio de los años noventa, la dinámica de integración económica en América Latina enfrentó procesos complejos por la apertura comercial que implicaba negociaciones extra regionales.

El limitado e intermitente éxito en las políticas neoliberales incrementó la insatisfacción de grandes sectores de la población latinoamericana y aunque atrajeron cierta estabilidad macroeconómica y crecimiento para algunos países, no produjeron mejoras ni justicia social, tampoco consolidaron los anhelos de equidad ni de distribución de la riqueza.

La consecuencia inminente y generalizada en la región fue un regreso a la izquierda  al inicio del nuevo milenio. Sin embargo, los gobiernos de la nueva izquierda han sido todo menos homogéneos. Muchos de los regímenes de esta nueva generación de izquierdistas latinoamericanos se inclinan más hacia la socialdemocracia conservadora y otros combinan políticas de estabilidad macroeconómica y políticas sociales progresivas, mientras que otros se proclamaban emblema del socialismo del siglo XXI.

No obstante, el común denominador en los actuales gobiernos latinoamericanos es la incipiente búsqueda del reposicionamiento regional en el sistema internacional. Nada menos la presidencia pro tempore de México al frente de la CEPAL llega con la esperanza de redefinir el regionalismo y los mecanismos de cooperación regional a una nueva realidad latinoamericana.