Por Marysela Zamora*

En la actualidad tenemos un mundo que se mueve tan rápido que no logramos dar seguimiento a los nuevos retos que se presentan día con día, lo que nos obliga a entender que para hacer frente a tantos desafíos políticos, culturales, sociales, económicos y ambientales (y salir ganadores) se requiere de nuevos liderazgos que logren colocar tantas voces sobre la mesa como sea posible, crear diálogos empáticos y generar soluciones en conjunto que logren satisfacer la basta diversidad en la que vivimos.

Soñar nunca ha sido tan difícil: observar la crisis que enfrentamos muchas veces nos causa ganas de meternos en nuestra ‘burbujita’, escondernos ahí y limitarnos a hacer lo mínimo por nuestro metro cuadrado. Pero, me rehuso a creer que ese es nuestro camino. Como seres humanos tenemos un llamado a prepararnos para infinitas maneras de transformación. Hoy más que nunca enfrentamos el desafío más grande: escucharnos, conectarnos y crear a partir de lo que nos une.

Las personas que están en puestos de liderazgo, desde los más locales hasta liderazgos más influyentes de empresas, países y grandes organismos internacionales, tienen en frente la tarea de encontrar los espacios en común para desarrollar nuestra capacidad de innovar desde lo político, lo empresarial y, por supuesto, desde el movimiento social. La interrogante que se plantea cada vez más seguido es cómo deben ser esas personas líderes que sueñan y trabajan por mejores realidades, cómo encontramos nuevos modelos que inspiren y que logren trabajar en equipo; liderazgos que logren unir lo que hoy parece imposible de articular.

Me parece que podemos empezar por hacer los tiempos menos difíciles: es hora de tratar de entender, en vez de tratar de dominar; aunque el viaje del ego y del poder nos diga exactamente lo contrario. Definitivamente, es el instante más oportuno para cambiar la fórmula de cómo venimos creando soluciones y desarrollar nuestra capacidad de aprendizaje de unos, de los otros, de explorar, co-crear, de sentarnos en la mesa de diálogo con muchas líneas de pensamiento y desarrollar empatía, porque efectivamente existe una necesidad por la participación y la conectividad. Si el cambio se siente bien, las personas creerán en eso.

El mundo es un espacio de posibilidades infinitas para evolucionar en la dirección hacia un lugar más pacífico, sostenibles, próspero y feliz. Las personas lideres cada vez más necesitan encontrar su propósito de vida en hacer una contribución que vaya en armonía con el mundo que visionamos. Es cierto, son tiempos difíciles para quienes sueñan, pero también es cierto que este es el mejor momento para apostar por un cambio de modelo de liderazgo que busque revolucionar, primeramente, la manera cómo nos tratamos, un modelo que persiga ese fin último: que todas las personas estemos incluidas.

*La autora es emprendedora en Centroamérica

[email protected]