Por María Gálvez del Castillo Luna

La protección de los ecosistemas es vital y rentable en el tiempo, desde un punto de vista social, económico y medioambiental, ya que proporcionan una gran diversidad de servicios fundamentales para el bienestar humano y el desarrollo de las comunidades -alimento, actividades económicas, ocio, turismo, cultura, regulación del cambio climático, agua potable, entre otros-.

Tal y como dijo el filósofo y ensayista, José Ortega y Gasset: “el progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor”. La historia de Cabo Pulmo, es un ejemplo de cómo el empeño de una comunidad por alcanzar el desarrollo de la manera más sostenible posible, recuperar sus ecosistemas y mantener las señas de identidad y carácter de la población ha repercutido de manera positiva en la economía y la prosperidad de la región.

Llegar a un equilibrio entre el beneficio económico y la conservación medioambiental resulta en ocasiones complicado y, por lo general, es la causa principal de conflictos entre los múltiples actores -científicos, conservacionistas, empresarios, gestores, políticos, ONGs, pescadores, etc.- con intereses muy variados que se dan cita en el área litoral. Para unos, el desarrollo viene de la mano de macro proyectos urbanísticos, la explotación de recursos y/o el fomento del turismo de masas, ahí se encuentra el modelo de desarrollo del Mar Menor. Mientras otros buscan un desarrollo sostenible en el tiempo a través de la conservación y puesta en valor de los recursos naturales, culturales y patrimoniales de la zona, como es el caso del modelo de desarrollo de Cabo Pulmo.

En Cabo Pulmo es una pequeña población de Baja California Sur bañada por el Mar Cortés, “el gran acuario del mundo”, como lo denominó el oceanógrafo Jacques-Yves Cousteau. Situada frente al arrecife de coral, considerado el más grande del Golfo de California y de gran importancia debido a su antigüedad y función. Sus habitantes apreciaron como tras años intensos de pesca deportiva y comercial, muchas veces de manera furtiva, sus ecosistemas se habían degradado fuertemente.

Los pobladores, en su mayoría pescadores, vieron cómo las capturas de peces y mariscos fueron disminuyendo paulatinamente e incluso determinadas especies marinas características de la zona habían desaparecido por completo. Con los arrecifes gravemente degradados y el caladero de pesca sobrexplotado peligraba su modo de vida en la zona. Entendieron que pescar mucho en el pasado, en ocasiones sin respetar los ciclos biológicos de las especies, no había sido rentable para la comunidad. Sin peces, el sustento y las principales actividades económicas de la zona -pesca deportiva, turismo de buceo y pesca comercial- estaban amenazadas.

La Universidad Autónoma de Baja California Sur investigó y monitoreó durante años, de manera constante y paciente, esta área por su gran importancia ecológica. La institución apoyó y aportó datos suficientes para que un grupo de pobladores, preocupados por el futuro de la comunidad, se organizara y solicitara a las autoridades federales que decretaran el área marina como Área Natural Protegida. Gracias a esta iniciativa y al esfuerzo conjunto de la comunidad -científicos, conservacionistas, políticos, gestores, empresarios, ONGs y pobladores- se creó en Cabo Pulmo en 1995 una reserva marina de 7.111 hectáreas con la categoría de Parque Nacional (PNCP).

Los pobladores de Cabo Pulmo cambiaron los madrugones y la dureza del trabajo en el mar, a partir de la publicación del plan de manejo del PNCP, por la pesca para el autoconsumo de la comunidad -utilizando instrumentos como la línea de nilón y el anzuelo-, la ganadería extensiva de subsistencia, y, fundamentalmente, el turismo de bajo impacto. En pocos años de implantación del plan de manejo vieron como el arrecife de coral y los ecosistemas marinos se recuperaron de la sobrepesca, convirtiéndose en un área marina con gran concentración y diversidad de especies marinas, semejante a los ecosistemas más prístinos del planeta. Siendo reconocida a nivel internacional como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO y zona RAMSAR.

La afluencia turística y los ingresos económicos en la zona se han incrementado notoriamente, aplicándose herramientas como la capacidad de carga con el objeto de mantenerlos en el tiempo. El PNCP se ha convertido, gracias a los esfuerzos de la comunidad, en uno de los principales puntos de buceo y de turismo de naturaleza en el Estado. Además de los importantes ingresos para la industria turística, ser el motor de una vibrante economía local y mejorar la calidad de vida de los pobladores, es un medio marino lleno de vida que favorece al sector pesquero y la economía de toda la región.

Cabo Pulmo es, por tanto, un ejemplo de éxito de los beneficios económicos, sociales y ecológicos que reporta a la comunidad la cogestión y la protección y puesta en valor de unos ecosistemas saludables. El trabajo integral y las relaciones entre los distintos stakeholders es de vital importancia para conseguir el beneficio común. En esta apartada orilla rebosante de vida con calles libres de humos, sin asfalto ni tendidos eléctricos, ahora, más pura la luna brilla y se respira mejor.

En el ambiente se respira la tranquilidad que da saber que la comunidad tiene futuro y ha logrado alcanzar el desarrollo económico, social y medioambiental, gracias al trabajo conjunto en la conservación de la naturaleza, sin perder ni un ápice del carácter y autenticidad de la comunidad. Sus pobladores entendieron que de la misma manera que consiguieron dañar los ecosistemas marinos, su medio de subsistencia, lograron trabajar conjuntamente para devolverle la vida convirtiéndose en un valor seguro para la comunidad, el medio y la región.