Por Sofía Calderón

Empresas con impacto social:  la tendencia es candente y no sólo en las grandes corporaciones. Para algunos emprendedores también es una vehemente prioridad, aunque trascender a través de esta práctica no necesariamente tiene el mismo significado para todos.

En lo interno, algunas compañías consideran que tener un programa de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), una unidad dedicada o un presupuesto destinado es suficiente y, por el contrario, existen algunas que más bien han sido concebidas a la luz del bienestar social.

Impartiendo una ponencia invité a una audiencia de más de 150 líderes a compartir la primera palabra o acción que venía a su mente al escuchar “empresa social”. Este ejercicio trajo a colación palabras como sostenibilidad, gente, ayuda, ambiente, comunidad y bienestar, por mencionar las más representativas de un listado de más de 250 palabras, pero hizo directa alusión a un eje fundamental: personas. 

Hoy acuñamos el concepto de empresa social como aquella que en su misión combina el rendimiento financiero con el respeto y apoyo a su entorno. En otras palabras, ser un buen ciudadano no sólo fuera de la organización, sino también al interior. Suena sencillo, pero es retador, pues implica una escucha latente y atenta a las necesidades de los entes involucrados en una época que de por sí es de transparencia extrema.

Pero, ¿a qué se debe el auge y protagonismo de este concepto? Casualmente todos los grupos etarios lo estamos exigiendo. Los jóvenes quieren colaborar en lugares con sentido social y ambiental,
e incluso suelen ser consumidores cuidadosos y conscientes respecto al ambiente. Siguiendo en línea con este ideal, 45% de la Generación X considera que su trabajo actual no es gratificante y está dispuesto a sacrificar sus ingresos por un trabajo significativo, mientras que los baby boomers, lejos del retiro, se sienten muy activos y con fuerte anhelo de llenar los vacíos que la sociedad no está solventando.

¿Cómo han reaccionado las empresas ante este giro? Para la C-Suite (cxo level o Capa gerencial de ejecutivos) el principal factor para medir el éxito empresarial es el impacto social basado en elementos como satisfacción del cliente, retención de talento e, inclusive, rendimiento financiero, como refleja el informe Readiness Report 2018 de Forbes Insights y Deloitte, que consolida la voz de más de 2,000 líderes de 19 países. De éste se desprende que 73% de las compañías ha adaptado o rediseñado sus servicios o productos para generar impacto positivo a nivel ambiental o social, y 53% dice palpar nuevos y mejores ingresos como resultado de esta nueva conciencia.

Ahora bien, como hemos señalado que las iniciativas que realmente generan impacto social se gestan hacia el interior de las organizaciones, es conveniente mencionar que quizás la más ferviente de los últimos meses es el crecimiento inclusivo, y lo anterior no es mera casualidad, con la cuarta Revolución industrial tocando a las puertas de nuestras organizaciones existe una fuerte presión para reconfigurar puestos de trabajo y brindar oportunidades de reperfilamiento y cierre de brechas para sus colaboradores.

Para finalizar, es importante destacar que más de 90% de las empresas que están genuinamente comprometidas con la generación de impacto a la población, dice estar palpando el Retorno de Inversión (ROI, por sus siglas en inglés) esperado, mismo que se ha dado a través de un ciclo virtuoso de efectos altamente positivos como la adecuada atracción y retención de talento, cumplimiento regulatorio, mejor apreciación de marca e imagen y relación con los accionistas, lo cual a su vez impacta positivamente en el crecimiento en ingresos y la rentabilidad al compararse con sus pares.

Sofía Calderón es socia de consultoría en capital humano de Deloitte.