Por Norbert Monfort

El término inglés management (gestión) procede del italiano maneggio/maneggiare, y a la vez del francés manège, que es como se denomina el ruedo en el que giran los caballos ‘motivados’ por el látigo de su entrenador, de su coach. Este es el modelo con el que nos hemos movido y el modelo que nos ha hecho conseguir empresas rentables.

Las preguntas que me planteo son: ¿qué sucedería si estos animales aprendieran a moverse por sí mismos y a establecer una coreografía y un galope mucho más armonioso y veloz? ¿Y, si conscientes de que están en una sociedad de abundancia y opulencia, se dijesen a sí mismos que con toda probabilidad hay cosas mucho más interesantes que girar en círculos?

Pues este es el escenario actual de nuestro mundo VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, en inglés), dónde los millennials y los centennials están en nuestras organizaciones en mayor número que las generaciones del esfuerzo y del látigo.

Hoy en día, si tratamos de dominar a la gente inteligente, ésta se nos rebelará. Estoy convencido de que la jerarquía tradicional no supondrá un problema a medida que el siglo XXI avance, porque sus líderes van a desaparecer. Por lo tanto, las nuevas empresas van a tener que ser heterárquicas, es decir, que tendrán rangos, pero de distintas clases.

Actualmente, las empresas disponen de tres sistemas que se superponen: la estructura de “posición” que no es más que el organigrama; la de “procesos”, que muestra lo que realmente se hace más allá del organigrama; y la de “capacidades” que nos habla de las habilidades de las personas que ocupan la organización.

Sin embargo, no están alineadas, por lo que nuestras organizaciones, aunque sean rentables en estos momentos, deben reinventarse a sí mismas. Pero tengamos en cuenta que la reinvención no implica cambiar lo que hay, sino crear lo que no hay.

La naturaleza es el mejor escenario para hacer benchmark. Si nos fijamos en la belleza de las mariposas, éstas no son una larva mejorada o evolucionada, sino una criatura distinta. La reinvención es una metamorfosis y las personas somos la larva.

Así que nuestro mundo requiere desaprender y eso es mucho más difícil que aprender.

Tal como nos contaba Arie de Geus en su obra maestra La empresa viviente, la causa de la desaparición de la mayoría de las empresas que han existido en la lista de la revista Fortune radicaba en que los directivos se centraban casi exclusivamente en las ganancias, y muy poco en las personas que constituían la organización.

Entonces regresemos al inicio y observemos a nuestros caballos dando vueltas alrededor de un círculo con el directivo y su látigo en el centro. Imaginemos ahora que el mundo actual es ese escenario, ese ruedo y sus espectadores.

Sólo que ya no nos conformamos con observar el trabajo de los actores y ahora necesitamos una versión libre en la que nosotros improvisamos constantemente. La realidad es una obra en la que el director como tal ha desaparecido, ya no conocemos exactamente el texto de la obra y los espectadores abandonamos la platea y queremos subirnos al escenario.

A muchos nos gusta jugar papeles principales, otros preferirán papeles secundarios, pero igualmente imprescindibles.

En este mundo VUCA las fronteras cada vez están más difuminadas y, tal vez, sólo si sobrevoláramos en una avioneta las líneas de Nazca seríamos capaces de observarlas. Pero estamos metidos en nuestro día a día apagando fuegos y no tenemos tiempo de subirnos a la avioneta.

Directivo(a): por favor, deja el látigo y tómate un descanso. Aunque no te guste la cocina, te plantea un pequeño reto: prepárate un plato con espaguetis. Mientras lo cocinas, observa el caos y el desorden que aparentemente imperan en la olla hirviendo. Sin embargo, seguro que estamos acostumbrados a extraer un poco con suma facilidad para comprobar si ya está al dente.

En el aparente orden de tu organización, ¿es tan fácil seguir el trabajo de un colaborador? Tal vez lo que empiezas a necesitar es una organización espagueti.