Las lecciones corporativas pueden surgir de los lugares más inesperados. En medio del Puente de Oresund, que conecta Copenhague, en Dinamarca, con Malmö, en Suecia, aparece el cuerpo de una política sueca. El cuerpo, cortado en dos por la cintura, fue colocado precisamente en la frontera entre ambos países, cayendo así en la jurisdicción de las agencias de policía danesa y sueca.

No aconteció realmente: es el inicio del primer capítulo de la serie Bron (puente) llamada así en sueco y Broen en danés.

Mirar cada una de sus cuatro temporadas me iba haciendo reflexionar sobre los muchos personajes que tenemos en nuestro mundo organizacional parecidos a la protagonista.

Sin duda alguna, estoy convencido, la serie no sería la misma y no tendría el engagement que posee sin Saga Norén, la detective de Malmö.

Esta extraordinaria detective tiene un trastorno de la personalidad llamado Asperger que hace que quién lo padece se comporte de manera diferente a la habitual, especialmente en la comunicación e interacción social y en la adaptación flexible a las demandas diarias.

Cuando digo que me recuerda a muchas de las personas que conviven en las empresas, ya sean o no directivos, no digo que en las organizaciones tengamos gente con trastornos de personalidad, aunque, sin ningún lugar a dudas, los hay.

Lo que digo es que hay mucha gente que nos comportamos de un modo “Asperger”. Cito algunas de las características de nuestra detective e intenten buscar analogías con personas de su entorno:

Tiene dificultad para entender la comunicación no verbal (gestos, expresiones faciales, tono de voz, etc.).

Puede hablar durante mucho tiempo de sus temas de interés, pero tiene dificultad para saber cuándo terminar.

Es muy literal; comprende el lenguaje según el significado exacto de las palabras, por lo que muchas veces no entiende bromas, metáforas o sarcasmos.

Su expresión verbal es correcta, pero a veces usa lenguaje muy formal, siendo demasiado preciso, técnico o pedante.

Le resulta difícil reconocer y comprender las reglas sociales “no escritas” por lo que, a veces, puede comportarse de manera inadecuada sin darse cuenta.

Quiere relacionarse con los demás, pero no sabe cómo hacerlo.

Puede parecer que no expresa sus emociones ni tiene en cuenta las de los demás, pero es que le resulta complejo darse cuenta intuitivamente de los sentimientos y emociones de otras personas.

Encuentra difícil expresar sus propias emociones de una manera convencional por lo que, a veces, puede parecer que reacciona de manera inadecuada.

Por favor, no estén pensando en hablar ya con el área de Recursos Humanos para que lleven al psicólogo o al psiquiatra a su jefe o a su compañero. Por supuesto que hay personas que pueden tener algunos de estos comportamientos… pero no por ello tenemos un trastorno. Sencillamente no somos “hábiles” socialmente.

¿Cuántas veces tenemos la sensación de que nuestros interlocutores son poco empáticos con nosotros? Creo que es muy frecuente, ya que cada uno vamos por la organización y por la vida con nuestras preocupaciones y con nuestros objetivos.

Tal vez se encuentre en nuestras manos ayudar a que la otra persona pueda poner en marcha un poco más de empatía.

Te doy tres claves para ayudarle/te:

Utiliza un lenguaje directo y concreto, sin ambigüedades o dobles sentidos.

Comprende que sus comportamientos no son caprichosos o intencionados. Reflejan una manera distinta de comprender y desenvolverse en el mundo.

Entiende la importancia de sus rutinas y “rigideces”. Son elementos importantes que le proporcionan seguridad.

Y, por favor, no vayamos diagnosticando Asperger a todo el mundo.