Por Francisco Coll Morales

La corrupción sigue siendo uno de los principales lastres de la región. De acuerdo con numerosos estudios, la corrupción representa uno de los principales lastres para la actividad económica y el propio crecimiento de un país. Aquellos países donde más se ejerce la corrupción, causalmente son aquellos países que menor atractivo poseen para aspectos tan relevantes como el comercio y la inversión. Algo que, en el caso de Centroamérica, dada la necesidad de inversiones en la propia región, es una asignatura pendiente por la que luchar.

Al hilo con lo mencionado, la patronal de empresarios de esta región, como recogen diversas fuentes periodísticas, se pronunciaba públicamente hace unos días para lamentar el debilitamiento institucional y la inseguridad ciudadana en los países de la región. La región ha atravesado, con carácter estructural, una serie de problemas que han dañado la economía centroamericana; problemas que, en línea con las declaraciones emitidas por el organismo, ponen en el centro de la atención a la gran corrupción que vive Centroamérica, así como el comercio ilícito entre los países integrantes.

Esta situación comienza a preocupar a los respectivos mandatarios, pues la economía informal -como se suele denominar a la corrupción o aquella economía que no controla el propio gobierno- posee un gran peso en determinados países miembros, como por ejemplo El Salvador, donde este tipo de economía ostenta el 72% de su economía. Esto es una auténtica brutalidad para una región tan emergente como Centroamérica, la cual, además, limita con Norteamérica; lo que, con una buena gestión, podría convertirse en un foco de atracción para la Inversión Extranjera.

Sin embargo, esa inversión sigue sin llegar. Al menos si lo miramos desde el prisma de la economía formal y transparente. Pues aunque lleguen inversiones, Centroamérica, como decíamos, también recibe mucha inversión ilegal como en su día ocurría con Panamá. Países que por su carácter fiscal menos limitante y cargado, atraía inversión de aquellas economías donde la formalidad le impedía campar a sus anchas. Sin embargo, esta capacidad de hacer corrupción de una forma tan fácil, y tan aceptada socialmente, permitía desviar capitales fraudulentos a estos países de la región, siendo su fin el de depositarlos en la propia región.

Esto, como decíamos, no es algo que no deba tenerse en cuenta. Grandes países de la región soportan niveles de corrupción muy elevados. Niveles de corrupción que ahuyentan a empresarios y grandes capitales que, por otro lado, vienen con la intención de crear empleo en el país, así como atraer capital e inversión. Muy peligroso para una región que posee una gran dependencia de la inversión, a la vez que la precisa para crecer. Una situación que pone contra las cuerdas a unas economías que luchan, de forma incansable, contra un muro de gran envergadura.

Cabe recordar el propio efecto de esto, también, con el ingreso fiscal en Centroamérica. La debilidad fiscal en Latinoamérica es un denominador común para muchos de los países integrantes. Latinoamérica ha llegado a un nivel de corrupción muy elevado, el cual impide que los países recauden todo lo que deben recaudar. El desvío de impuestos es una práctica muy común en los países con elevados índices de corrupción; lo que perjudica gravemente la gestión de unos gobiernos que se encuentran infrafinanciados y carecientes de servicios públicos.

Como he dicho, la corrupción es un gran lastre para la economía. Sin embargo, países tan ricos como los de Centroamérica, muy castigados, a su vez, por las continuas crisis que han vivido especialmente los países del triangulo norte, tienen una gran riqueza natural. Es decir, estas economías, consideradas emergentes, poseen un gran potencial para crecer; no obstante, muchos de los inversores que muestran su deseo de invertir en la región se muestran muy reacios a ello, dado el miedo manifiesto que les da al considerar las posibles repercusiones de la corrupción en sus inversiones, así como las bajas garantías que suelen presentar estos países.

Esto es una completa lástima. Y digo lástima, pues estas situaciones pueden evitarse con una mayor regulación y control. Algo que ha intentado hacer, sin éxito, el gobierno en cada país y que le lleva a trabajar diariamente con ello. Por esta razón, se están comenzando a aplicar políticas restrictivas para la corrupción, de forma conjunta y en bloque, pues, sin caer en ello, se están empezando a cuestionar los tratados de libre comercio con aquellos países que poseen elevados niveles de corrupción. Especialmente el tratado con el principal comprador, América del Norte.

Tratados que aportan un gran valor a los países pertenecientes a la región centroamericana y que, de romperse, podrían comprometer seriamente las cuentas públicas de aquellos países más dependientes, como puede ser el caso de México. Un país que ha sabido aprovechar la guerra comercial entre China y Estados Unidos para posicionarse como el principal socio comercial de los Estados Unidos; incrementando, por consecuente, sus exportaciones con el país norteamericano exponencialmente y aumentando el peso de sus exportaciones en la economía nacional.

Por esta cuestión, y para entrar en conclusiones, Centroamérica debe luchar por combatir este indeseado fenómeno. La posición estratégica que alberga la región le sitúa en un lugar muy óptimo para atraer inversión de aquellas empresas europeas, especialmente españolas por el factor del idioma, que deseen comenzar a establecer lazos con Estados Unidos. Sin embargo, mientras los países sigan presentando niveles tan elevados de corrupción, el carácter emergente, la riqueza y la situación estratégica seguirán teniendo un valor menor en el coste de oportunidad que la falta de garantías para los propios inversores.