Por Marcelo Cabrol 

Hace poco realizamos un evento para celebrar el 60° aniversario del BID. En una mañana, discutimos cómo América Latina y el Caribe ha avanzado en ámbitos tan diversos como infraestructura, resiliencia ante desastres naturales y la confianza en las instituciones públicas. Desde el Sector Social, nos sumamos a esta conversación con un tema que abarca todas nuestras áreas de trabajo: la inclusión de la mujer. ¿Por qué escogimos hablar de esto? ¿Cuáles son los retos que enfrentan las mujeres a lo largo de su vida, y cómo podemos potenciarlas en sus años profesionales?

De la niñez a la vejez: una carrera de obstáculos

Las perspectivas de las mujeres cambian mucho durante las distintas etapas de su vida. En su primer año tienen mayor posibilidad de sobrevivir que sus pares varones, y a lo largo de la niñez muestran un mayor desarrollo mental y emocional. Un ejemplo de esto es que las niñas hablan antes, mejor y de forma más elaborada… ¡es como si fueran medio año escolar por delante de los niños! Sin embargo, a medida que crecen, se van quedando atrás, sobre todo en matemáticas y ciencias. Este patrón continúa en la universidad: aunque las mujeres ya suponen el 60% de los graduados en carreras terciarias y universitarias, solo representan el 30% de los graduados en las carreras de ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas (lo que se conoce como CTIM).

Aunque las mujeres ya suponen el 60% de los graduados en carreras terciarias y universitarias, solo representan el 30% de los graduados en las carreras CTIM.

La baja propensión de las mujeres de la región a elegir estas y otras carreras correspondientes a sectores de alta productividad impacta negativamente sus salarios, pero la brecha salarial es un problema mucho más complejo. Es cierto que hay un tema de segregación ocupacional: en nuestros países, solo tres de cada 10 trabajadores en el área de matemáticas y ciencias de computación son mujeres, a pesar de que estas son algunas de las ocupaciones que están experimentando un crecimiento más acelerado en el marco de la cuarta revolución industrial. Sin embargo, las mujeres también se quedan atrás porque, tradicionalmente, son ellas quienes asumen la responsabilidad de cuidar a los niños, ancianos y enfermos que están a su alrededor. Por otro lado, diversos estudios han demostrado que, en muchos casos, a las mujeres se les discrimina estrictamente por ser mujeres. Como resultado, en países como Perú, una mujer gana unos 63 centavos por cada dólar que gana un hombre.

En muchos casos, a las mujeres se les discrimina estrictamente por ser mujeres.

A raíz de estos y otros obstáculos que enfrentan las mujeres a lo largo de su vida, todos los retos de la vejez van a afectarlas más a ellas que a los hombres. Además, van a afectarles por más tiempo, ya que viven más. Mientras que las mujeres que nacieron entre 1950 y 1955 vivirán 3,5 años más que sus pares hombres, esta diferencia es de 6,5 años para los nacidos desde 1990. Aunque suena como una victoria para ellas, la realidad es que, como han cobrado menos dinero a lo largo de su vida, han aportado menos dinero al sistema de pensiones y, por tanto, su jubilación es menor. Viven más, sí; pero con menos dinero. Esto se traduce en un mayor riesgo de caer en la pobreza.

Igualdad de oportunidades para hombres y mujeres

Aunque las estimaciones indican que todavía estamos lejos de cerrar la brecha de género, no debemos descansar en la lucha. Por un lado, reducir la brecha laboral ayudaría a reducir la pobreza (se estima que el costo de la brecha laboral existente se encuentra entre el 10 y el 20% del PIB per cápita para la mayoría de los países de la región). Por otro, revalorizar el papel de la mujer en la sociedad es una cuestión de principios y sentido común. La cuarta revolución industrial, a través de tendencias como la automatización y la economía gig, trae grandes promesas para nivelar el terreno de juego entre hombres y mujeres, pero los desafíos también son numerosos. Es tarea de todos trabajar en el presente para moldear un futuro del trabajo en donde la brecha de género sea cosa del pasado.

*Este texto fue publicado en el blog del Banco Interamericano de Desarrollo.