Por Sofía Calderón

Los aires de cambio impulsados por el uso de la Inteligencia Artificial, las tecnologías cognitivas, la robótica, el uso extensivo de datos y la entorno de hiper-transparencia suelen traer consigo nuevos paradigmas para las empresas y las presionan para adoptar conceptos disruptivos para navegar en ambientes ambiguos, tal es el caso de los súper trabajos o ¨superjobs¨.

En esta línea, lo cierto es que ha existido una evolución marcada en la nomenclatura de los puestos de las empresas, sobre todo en aquellas que han tenido una alta madurez digital y vanguardistas en su nicho.

Como respuesta a las nuevas necesidades de las compañías, desde hace una década decidimos darle importancia al perfil hibrido, que es aquel que integra conocimientos técnicos y profesionales con una batería ampliada de competencias blandas. En ese momento también nos percatamos que los organigramas, las estructuras rígidas y los descriptivos de puesto, por contradictorio que pareciera, debían tener algún grado de flexibilidad y eran sujetas a revisión con mayor periodicidad.

Como efecto domino, muchas organizaciones de avanzada iniciaron también pruebas piloto alrededor de conceptos como organización flexible y adoptaron metodologías para diseñar y entregar productos de forma ágil y con especial foco en mejorar la experiencia del usuario o consumidor.

Ahora bien, el concepto de súper trabajos va más allá. Es la denominación que norma en la actualidad y parte de la premisa de que la naturaleza del trabajo y el puesto cambia radicalmente debido a la tecnología y a la imperante necesidad de adaptación. Hoy en día nos referimos a súper trabajos como roles comprensivos e integrados que aprovechan las sinergias, el trabajo colaborativo e impulsan el rendimiento.

A la luz de esta práctica estamos viendo apuestas muy disruptivas de grandes corporaciones. Una tendencia que se ha popularizado es la de reasignar las responsabilidades típicas del Director de Mercadeo y/o Ventas en otros perfiles, algunos movimientos globales así lo ejemplifican:

  • McDonald’s anunció la salida de su Directora Global Mercadeo y trasladó la responsabilidad a otras dos vicepresidencias. Esto implicó cambiar los nombres a Vicepresidencia de Mercadeo y Tecnología y la Vicepresidencia de Marketing Global.
  • Uber no sé quedo atrás y anunció que el rol de mercadeo será trasladado a la Vicepresidencia de Relaciones Públicas y Reputación.
  • Apple le pidió a su Vicepresidenta de Personas que asuma un rol ampliado como: Vicepresidenta Senior de Venta Minorista y Talento.
  • Johnson & Johnson (J&J) decidió también redistribuir la titánica tarea de mercadeo en varias de vicepresidencias.

Estos movimientos no fueron al azar, sin duda son respuestas disruptivas en entornos altamente demandantes. Es así como integrar conocimientos de tecnología y mercadeo ha resultado vital, dadas las distintas formas para interactuar con los consumidores. Por ejemplo, la posibilidad de personalizar las visitas a un portal web en función de las preferencias de cada consumidor, esquema que está siendo posible por medio de la inteligencia artificial y que nos ilustra el termino popularmente conocido como martech: la utilización de tecnología para alcanzar objetivos comerciales y de mercadeo.

De igual manera muchas empresas han expresado que es poco realista pensar que sobre un único rol resida la responsabilidad de administrar una marca global 24/7 en canales virtuales que cada día cobran más interacción y por ende mayor dedicación.

Lo cierto es que seguiremos observando cambios importantes, no sólo en grandes corporaciones. El reto requiere que las organizaciones de todas las industrias y de todos los tamaños piensen en formas creativas para descomponer y recombinar tareas; la intención es salirse de lo obvio y apostar a la eficiencia y la productividad, pero sobre todo a la creación de roles significativos y desafiantes que vean en la tecnología un aliado en la consecución de sus objetivos.

Sofía Calderón es Socia de Consultoría en Capital Humano de Deloitte para Latinoamérica.