Por Nohelis Ruiz Arvelo

Las empresas se enfrentan a un futuro multifacético en el que se dibujan nuevas formas de trabajo, que más allá de la tecnología que emerge de forma acelerada y nos lleva a todos como sociedad, a una transformación digital que incluye tres puntos neurálgicos. Por una parte la “Data” que nos aporta la tecnología, la “Cultura” empresarial donde se sustentan los valores de ese entorno corporativo; y en tercer lugar, y no por ello menos importante,  las “Personas y el Talento” quienes realzan el valor de la cultura y además son quienes analizan, filtran y gestionan de forma óptima la data e información que nos aporta la tecnología. La tecnología y la transformación digital arrojarán resultados satisfactorios, gracias a que las personas y las máquinas que se encuentran trabajando de forma colaborativa en un entorno mejorado y optimizado.

En el que los altos mandos se mueven a través de todas las ramas de decisión para crear más valor en sus productos y servicios gracias a entornos de trabajo ampliados y adaptados según los intereses de todos los miembros de la organización, de forma tal que arrojen resultados óptimos y llegar al futuro de forma segura.

Si bien es cierto que los trabajadores en su mayoría sienten la presión del cambio, y se evidencia cuando observamos que el talento, en lo personal, utiliza las nuevas tecnologías presentes en dispositivos electrónicos y plataformas, se adaptan a nuevas formas de consumo con facilidad y entusiasmo, interactúan con tecnologías en sus hogares, entre otras tantas cosas; pero cuando se trata del cambio y la transformación digital en el entorno laboral, se resisten y se sienten presionados.

Las empresas que asuman la transformación digital como un proceso enfocado en estos tres pilares (data, cultura y personas) encontrarán la forma más afectiva para mantenerse relevantes y evitar ser reemplazados en un nuevo contexto global. Viéndose beneficiados por una fuerza laboral recompensada gracias a sus experiencias y a desafíos que han enfrentado juntos, permitiendo así, que afloren esas nuevas capacidades y habilidades del talento, además de nuevas redes, conexiones y recursos que impacten de forma positiva al negocio.

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Finalizando el 2019, las tecnologías nos abren puertas de infinitas oportunidades, al mismo tiempo que nos damos cuenta que las habilidades técnicas no son suficientes. Tanto empleadores como el talento, deben redefinir nuevos perfiles necesarios e interesantes en un entorno colaborativo “hombre – máquina” en el que se potencien habilidades que vayan más allá de las habilidades técnicas, de la resolución de conflictos, la toma de decisiones o la negociación, como lo son: la intuición, autoconfianza, serenidad, empatía, pensamiento crítico, pensamiento conceptual, colaboración, creación y gestión de equipos óptimos, curiosidad real, capacidad de influencia e inteligencia ejecutiva.

Ésta última necesaria para pasar a la acción, de tal manera que se pueda hacer una gestión óptima de todas las anteriores y nos permita ajustar de forma ágil y eficiente las situaciones a las que tengamos que enfrentarnos como empleados y corporaciones. 

Ambas partes deben comprometerse en la mejora de capacidades o habilidades del talento dentro y fuera de las organizaciones, sabiendo que esto también aportará gran valor al entorno, evitando que los seres humanos sean sustituidos, o por lo menos dando pasos firmes en el diseño de nuevos perfiles profesionales.

Una especie de flexibilidad cognitiva y colectiva que le logra gracias a integrarlas, y no sustituir las habilidades técnicas por habilidades blandas. Esto se logra cuando nosotros como seres humanos, de forma honesta e individual, identificamos defectos y virtudes, los gestionamos responsablemente; y así re imaginarnos de forma colectiva nuestras organizaciones, diseñar espacios donde las personas se expresen, gracias a haber explorado su máximo potencial, para lograr una transición integral para que todas las personas que de la organización, obtengan resultados, no sólo buenos y satisfactorios, sino excelentes. Es lo que yo llamo trabajar, desde la excelencia, hacia la excelencia.

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