Por Thelma López

La guerra comercial que enfrenta a Estados Unidos y China, debido a la imposición de tarifas comerciales por parte de ambos países, ha causado un impacto en las operaciones del Canal de Panamá –por donde transita cerca de 6% del comercio mundial–, que asciende a una pérdida de alrededor de 36 millones de dólares (mdd), un aproximado de 2% de la actividad neta del mismo, de acuerdo con estadísticas de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).

Aunque el impacto es calificado como “mínimo” por las autoridades, refleja la vulnerabilidad de la economía panameña ante el entorno global y su dependencia a las actividades del paso transoceánico.

El país tiene un núcleo muy limitado de actividades que giran en torno al turismo, los negocios relacionados con el Canal de Panamá, la banca y la construcción, en rápido proceso de desindustrialización, explica Jonathan Menkos, director ejecutivo del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi).

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La pérdida en el Índice de Complejidad Económica (ICE) —que mide la intensidad de conocimiento y la diversidad productiva de una economía— es evidencia clara de este fenómeno. En 2004, Panamá ocupaba la posición 51 en el ranking global de complejidad económica, pasando a la posición 30 en 2013, para luego caer al puesto 56 en la evaluación más reciente de 2017.

De las cinco actividades que componen 80% del crecimiento económico registrado en los últimos 15 años, tres (comercio internacional, logística y transporte) están muy vinculadas al Canal, dice a Forbes, Olmedo Estrada, secretario general del Colegio de Economistas de Panamá y presidente de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe: “El 32% de la economía está sustentada en el Canal”, afirma.

¿Dónde diversificar?

Para paliar esta dependencia, los expertos apuntan, entre varios puntos, a reactivar el sector primario de la economía, que pasó de aportar un 6.4% del Producto Interno Bruto (pib) en 2004, a sólo 2.4% en 2017, según estadísticas de Icefi. Entre las condicionantes de esta reducción se encuentra la merma significativa de la producción relacionada con la pesca y la ganadería.

“La apertura de nuevos mercados a partir de los Tratados de Libre Comercio (TLC) con China —que sigue en negociación—, e Israel, suscrito el 17 de mayo de 2018, puede generar oportunidades para la carne de cerdo y de res, además de productos agrícolas”, explica Estrada.

Otra apuesta del país ha sido la minería de cobre, con la llegada de la canadiense First Quantum Minerals, que realizó una inversión de 6,300 mdd en 2018 y que este 2019 realizó el primer despacho de 32,200 toneladas de este mineral.

El tema enfrenta a actores económicos: algunos lo ven como una vía correcta, otros que es un recurso insuficiente para alejar a Panamá de la dependencia del Canal.