Por Diana Hincapié y Suzanne Duryea

La promesa de una educación inclusiva en América Latina y el Caribe sigue estando lejos, especialmente para los miles de niños y jóvenes en la región con alguna discapacidad. La probabilidad de asistir a la escuela para los niños entre 6 y 11 años con discapacidades es 8 puntos porcentuales menor respecto a los niños sin discapacidades. Y en la secundaria, esta brecha solo se acentúa. La brecha es mayor en las tasas de graduación que en las tasas de asistencia: Las personas con discapacidad tienen una probabilidad menor de graduarse secundaria frente a sus pares, con una brecha de 13 puntos porcentuales en promedio.  ¡Esto implica que más de la mitad de los estudiantes con discapacidad no termina la secundaria!

Además de la cantidad de niños y jóvenes con discapacidades que no pueden acceder a una escuela, muchos de los que asisten son excluidos de los procesos de enseñanza y aprendizaje, al no contar con instalaciones adecuadas, maestros capacitados, o ajustes razonables que permitan su participación plena.

Es decir, a pesar del marco normativo ofrecido por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de 2006, que abarca a todos los países de la región, y de los esfuerzos de muchos países por mejorar las oportunidades de las personas con discapacidad, muchas niños, niñas y jóvenes con discapacidad continúan experimentando exclusión.

Un nueva nota examina cuál es el estado de la inclusión en los sistemas educativos de América Latina y el Caribe.  Los resultados de los censos en los ocho países estudiados muestran que el acceso a educación varía de acuerdo con la presencia de una discapacidad. La evidencia muestra una brecha considerable en la asistencia escolar entre personas con y sin discapacidad en los niños de 6 a 11 años y los jóvenes de 12 a 17 años. La brecha promedio de asistencia de niños de 6 a 11 años es de 8,5 puntos porcentuales (p.p.). Por otra parte, en los jóvenes de 12 a 17 años, esta brecha es un poco mayor: 10 puntos porcentuales en promedio. Los varones con discapacidades en general tienes las tasas más bajas de asistencia de todos los grupos demográficos.

Además, comparando los resultados usando los censos circa 2011 y las encuestas de hogares circa 2017 encontramos que las brechas no se han cerrado.  El único país que muestra fuerte señales de inclusión en secundaria es Chile, ya que es el único país en el cual se presentan brechas menores a 5 p.p. usando diferentes medidas de discapacidad.

Tasas de asistencia escolar por género, 12 a 17 años, censos circa 2010Recuadro A. HombresRecuadro B. MujeresFuente: Hincapié, Duryea & Hincapié (2019).Nota: En el caso de la región de América Latina y el Caribe, el promedio se calcula como la media no ponderada de las tasas a nivel nacional.

Todo esto indica a que, como región, aún tenemos oportunidad para mejorar y atender adecuadamente a los niños y jóvenes con discapacidades que forman parte de los sistemas escolares.

Un elemento esencial es la formación de docentes inclusivos. Los docentes deben recibir formación inicial y en servicio para adquirir las habilidades necesarias en entornos inclusivos.  No se puede esperar que todos los docentes puedan abordar las necesidades de todos los estudiantes por sí mismos, pero si deben tener las competencias necesarias para abrazar la diversidad y promover un ambiente inclusivo en la escuela.

Otro punto de partida importante para lograr una educación inclusiva es tener una infraestructura escolar realmente accesible. Es importante considerar una accesibilidad que trascienda el aspecto de movilidad, incluyendo elementos sencillos como lápices de fácil manejo, señalización con símbolos fácilmente reconocibles, lectores de pantallas, y otros ajustes razonables.

Por supuesto, la sensibilización y reducción de los estigmas para prevenir la exclusión, la violencia, el acoso y el abuso, son factores sin los cuales no será posible alcanzar una educación realmente inclusiva.

Una nueva publicación del BID ofrece una guía para fomentar la inclusión económica y social de las personas con discapacidad en la región.  Uno de los retos más grandes de la región es la transición a escuelas inclusivas que asegure el derecho de las personas con discapacidad a la educación. Estudios han encontrado que estudiantes incluidos en las clases regulares, en las cuales comparten el espacio y el aprendizaje con sus compañeros sin discapacidad, tienen mejores resultados académicos a corto y largo plazo que estudiantes que asisten en escuelas especiales (Hehir et al. 2016). Pero la transición a escuelas inclusivas requiere de voluntad política y compromiso con un mensaje sólido y coherente de los gobiernos. Además, implica tener en cuenta el entorno en el que funcionan las instituciones de educación especial, por ejemplo, redirigiendo el conocimiento, la experiencia y recursos adquiridos por las instituciones de educación especial a escuelas inclusivas.

La promesa de lograr una educación verdaderamente inclusiva aun es un sueño lejano en nuestra región. Requiere que todos, como ciudadanos, trabajemos para reducir los estigmas, el acoso escolar o bullying, y la exclusión de las personas con discapacidad. ¿Qué estás haciendo tú por lograr incluir a los niños, niñas y jóvenes con discapacidad en las escuelas de tu país?

*Este texto se publicó originalmente en el Blog de Banco Interamericano de Desarrollo.