Por Xavier Pires

2020 se proyecta como un año de crecimiento para la Unión Europea, pese a que las predicciones que se realizaron meses atrás, indicaban que para el segundo semestre del año que viene podría producirse una importante recesión. Según entidades como Credit Suisse, se prevé que el crecimiento será del 1% en la zona euro, lejos del 2,5% que se espera a nivel global.

Este crecimiento será modesto debido a situaciones como el Brexit, pautado para el próximo 31 de enero (si no hay más prórrogas), las incertidumbres políticas que todavía perduran, aparte de la guerra comercial que Estados Unidos mantiene con Europa con la imposición de aranceles a productos importados desde el continente europeo por valor de 7,500 millones de dólares anuales, y que Donald Trump incluso estudia incrementar.

Por otro lado, la caída en la producción de automóviles, uno de los sectores más importantes en la UE y, sobre todo de Alemania, también frenará el crecimiento del Viejo Mundo. Por primera vez en una década se prevé que la demanda de automóviles disminuya en un 3% debido al aumento de los servicios de viajes compartidos y a un cambio de preferencia de los vehículos con combustibles fósiles a los eléctricos, con una drástica caída en las ventas de los automóviles propulsados por gasolina y diésel.

¿Qué puede esperar Latinoamérica frente a todos estos datos poco alentadores del continente europeo? Más allá de verlo como algo negativo, las tensiones comerciales que mantiene Europa con Estados Unidos podrían favorecer a América Latina aumentando los acuerdos comerciales, como el que se firmó a mediados de año entre la UE y el Mercosur, uno de los más importantes de los últimos tiempos. Pero estos acuerdos no serán tan fructíferos como podríamos esperar mientras no se disipen los conflictos políticos que existen en varios países latinoamericanos, y que no dejarían aprovechar los posibles beneficios que se pueden obtener de las diferencias entre Europa y Estados Unidos.

Los países latinoamericanos deben trabajar urgentemente en resolver los problemas internos y recobrar la confianza social y el apoyo de las instituciones, para así atraer inversiones extranjeras y acelerar el crecimiento de la región. En el marco del Octavo Diálogo Político de Alto Nivel del Eurosistema y los Bancos Centrales de América Latina, el vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, recomendó aplicar políticas económicas que incrementen la productividad y favorezcan la integración regional para impulsar el crecimiento, incluso asegurando que “Europa va a estar siempre del lado del conjunto de las naciones latinoamericanas apoyándoles y favoreciendo el proceso de integración”.

Finalmente, y para aprovechar al máximo las oportunidades que brinda la globalización y mitigar los riesgos, los gobiernos de estos países deben ser consistentes con la integración global en lugar de impulsar sectores y empresas no competitivas. Se debe apostar por las nuevas tecnologías y establecer estrategias en sectores como la agricultura moderna y los servicios, dos sectores con un progreso tecnológico considerable en el que la región tiene ventajas competitivas. No en vano, y como destacó Fabrizio Opertti, gerente del Sector de Comercio e Integración del BID, “nos estamos moviendo a un mundo donde la competitividad está determinada no solo por las tarifas, sino también por la superación de los costos regulatorios, logísticos y de información, así como por la incorporación de nuevas tecnologías”.

Twitter: @XavierPires

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/xavierpires/