Por Rolando Ferrer

Mucho se habla hoy de los retos que las compañías tienen al momento de buscar talento;  al ver el otro lado de la moneda, para los profesionales también está siendo un reto importante desarrollarse para ser competitivos. Las condiciones en las que el mercado laboral regional está inmerso, y, entendiendo los nuevos retos a los que la cuarta revolución industrial nos está llevando, hace que coexistir y desarrollarse en este mercado, demande de los profesionales la gran necesidad de diferenciarse. Debemos entender que para diferenciarnos como profesionales y ser exitosos en el mercado del talento, necesitamos ser más competitivos, a nivel que podamos sobrevivir y adaptarnos a las exigencias del presente y futuro.

Según expertos, cada vez es más importante desarrollar competencias y habilidades blandas, es decir, temas como la inteligencia emocional, creatividad, trabajo en equipo, entre otras; están siendo altamente valoradas por las empresas. Casualmente, aquellos elementos que las máquinas no pueden sustituir, están siendo mejor valoradas por los entornos empresariales. Las máquinas son muy buenas simulando, pero no son buenas, siendo. Por lo tanto, nuestra gran oportunidad en diferenciarnos de los demás radica, principalmente en cómo desarrollamos competencias y habilidades blandas que nos formen cada vez más como personas capaces de adaptarse a los entornos demandantes de las compañías, resolviendo con creatividad los problemas, manteniendo una relación sostenible con las personas y buscando construir constantemente una mejor versión de nosotros mismos.

Hace algunos meses, escuché de un Directivo de una compañía, definir y relacionar, precisamente estas competencias con una característica: el liderazgo. Ser líder es tener la habilidad de inspirar a otros; sin embargo, el líder debe tener la firme capacidad de inspirarse a sí mismo. Pienso que ser líder es desarrollar, por vocación, la capacidad de inspirarse, para inspirar. Creo que, tal cual lo plasmaríamos si fuese una ecuación matemática, la rmula del liderazgo plantearía que éste es el resultado del propósito personal, más el propósito colectivo por el propósito del entorno.
[liderazgo= (propósito personal + propósito colectivo) X impacto en el entorno]

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Ser líder implica una relación entre estar orientado a las personas y a los resultados. Hoy, inspirar a las personas a alcanzar los resultados, no puede dejar de lado llegar a motivar a la fuerza transformadora que viene desde el ser de cada uno de ellos. Esa fuerza proviene desde el ser, se centra en el propósito de vida y personal de cada uno. Si un líder consigue motivar genuinamente ese propósito y alinearlo al propósito colectivo, puede alcanzar resultados increíbles en los equipos. Es ahí donde la Propuesta de Valor de la empresa para los colaboradores, se vuelve vida, haciendo un match entre los propósitos personales y colectivos.

Propósito personal + propósito colectivo…

Pienso que el liderazgo nace internamente, si no tenemos un “¿por qué?” claro no vamos a tener un rumbo para nuestras vidas, a nivel personal y profesional. ¿Cuántas veces nos hemos enfrentado a la dura realidad de no estar seguros en tomar o no una decisión profesional? La claridad de nuestro propósito personal nos ayuda a saber si se alinean o no a él. Para desarrollar nuestro liderazgo, vale la pena que pensemos ¿Qué realmente me mueve?, ¿Por qué hago lo que hago?, ¿Por qué me levanto todos los días para hacer mis actividades cotidianas?.

Al tener claridad de ese propósito personal, vale la pena explorar el colectivo de la compañía o del equipo de trabajo. El propósito colectivo debe nacer de la suma de los propósitos personales de los miembros de un equipo, y es que un equipo de trabajo es – o debería serlo – precisamente eso, un grupo de personas con un propósito en común. Vale la pena explorar en nuestro equipo, cuáles el propósito colectivo: ¿Qué propósito nos une?, ¿Hacia dónde vamos todos, juntos?, ¿Cómo queremos impactar, juntos?.

…X impacto en el entorno

Finalmente, todo propósito debe tener un inicio personal, pero un impacto en el entorno. Al final del día, un propósito se dimensiona según a cuántas personas impacta o transforma. Al hablar de sostenibilidad, uno de los grandes retos – y de los más importantes – que nos ayuda a lograr resultados más exponenciales, es, precisamente, lograr alinear a diferentes actores bajo un mismo propósito.

Al lograr alinear la suma del propósito personal y el propósito colectivo, a un nivel más macro, impactando en nuestro entorno, podemos lograr un impacto de mayor trascendencia. Es decir, migrar del pensamiento del metro cuadrado a un impacto mayor. ¿Por qué las marcas tienen más éxito vendiendo su propósito a manera de impacto social? Sin duda, porque así proyectan que lo que hacen, tienen una transformación global, que impacta a más personas y, por consiguiente, le interesa a más personas. Es importante alinear, desde el propósito personal, al propósito del entorno. Pues el liderazgo es un reto individual, pero a la vez colectivo.

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