Se calcula que para 2030 el mercado de Inteligencia Artificial (IA) tendrá un valor cercano a los 15,000 millones de dólares en todo el mundo y México se posiciona como país fuerte de América Latina.

Sin embargo y aunque las cifras pueden ser optimistas en el tema de adopción o de uso tecnológico, lo cierto es que el nuevo paradigma, que no tiene que ver con cables, ni fierros, ni aplicaciones, sino más bien con cultura y ética de uso, es uno de los temas necesarios a tocar en la agenda por todos los participantes y jugadores en el ecosistema de la IA.

Uno de ellos es el trabajo que está elaborando el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la firma tecnológica everis, en su proyecto fAIr LAC, en el cual buscan establecer guías y salvococonductos por los cuales la utilización de la Inteligencia Artificialen América Latina, tenga como objetivo central la ética y el compromiso humano para su mejor uso.

“Es muy importante crear un marco ético para el uso de la Inteligencia Artificial, debido a que aun hay muchas zonas grises que necesitan ser fuertemente debatidas. No tengo dudas de que la IA puede contribuir enormemente a los avances en los servicios de atención, porque aún hay espacio para la creación de modelos predictivos de educación, generación de empleos, movilidad y, sobre todo, para la mejora de diagnósticos médicos e implementación de programas de prevención”, señala Alberto Otero, head of Digital Technology de Everis Américas.

Al contar con un alto poder predictivo, este tipo de tecnología cuenta con el potencial de ser utilizada en programas sociales de los gobiernos e instituciones de la región. La Inteligencia Artificial puede ser aplicada en áreas como salud, educación y empleo, para mejorar diagnósticos médicos, predecir la deserción escolar o facilitar la búsqueda de empleo, entre otras cosas, y por ello la iniciativa también tiene la finalidad de contribuir a la creación de servicios sociales más eficientes, justos y personalizados.

El grupo de expertos con los que trabajará Everis, que también incluye a eticistas y ONGs, centrará sus acciones en tres ejes principales:

  1. Desarrollar estándares y herramientas que guíen un uso responsable y confiable de la inteligencia artificial en América Latina y el Caribe a través de certificaciones, auditorías algorítmicas y guías específicas.
  2. Incentivar su adopción responsable a través de pilotos y conformación de hubs regionales para promover el conocimiento de los riesgos éticos de usar la inteligencia artificial en los servicios sociales y las formas de mitigar estos riesgos.
  3. Liderar un diálogo alrededor del uso responsable de esta tecnología centrado en los ciudadanos y desde la óptica de la diversidad y la inclusión, a través del fomento de un ecosistema diverso con redes de expertos, mesas de discusión y conferencias y la conformación de un observatorio de casos de uso.

“La iniciativa es muy positiva y crea un espacio para la reflexión y generación de diálogos con importantes actores de la sociedad civil y de las entidades públicas necesarios para aprovechar las ventajas de estas tecnologías y ampliar las oportunidades que puede brindar a las sociedades de la región”, dice Otero.