Por Carlos Bonilla

Las Denominaciones de Origen (DO) y las Indicaciones Geográficas (IG) luchan por convencer a los productores salvadoreños sobre sus beneficios. Sin embargo, las promesas de proteger los productos de El Salvador a nivel internacional y otorgarles mayor valor en el mercado apenas comienzan a diseminarse en algunas regiones del país.

Hoy, es una de las naciones de Centroamérica con mayor número de DO e IG registradas, de acuerdo con René Salazar, director de Política Comercial del Ministerio de Economía.

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Las DO designan productos únicos, cuyas características se derivan esencialmente del medio geográfico en el cual se producen. Algo que puede traducirse en un sobreprecio a la hora de comercializarlos, toda vez que esos bienes cumplan con los estándares de homogeneidad y garanticen su trazabilidad, asegura Camilo Trigueros, subdirector ejecutivo del Centro Nacional de Registros de la República de El Salvador (CNR).

La historia de las IG y DO en el país se remonta a los años 30 del siglo pasado, aunque su impulso es reciente y se inscribe en el marco de las negociaciones que, en 2007, iniciaron Centroamérica y la Unión Europea, para la firma del Acuerdo de Asociación, en vigor desde 2013.

Así fue cómo el Programa Cooperativo Regional para el Desarrollo Tecnológico y Modernización de la Caficultura en Centroamérica y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo comenzaron un proceso regional tendiente a proteger la calidad del café vinculada a su origen. Este proceso dio como resultado, en el caso del país, la inscripción en 2010 de la primera DO: Café Apaneca-Ilamatepec.

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Para el caso, mientras el precio promedio de las exportaciones de la cosecha de café 2018-2019 ascendió a 140.41 dólares por quintal (saco de 46 kilogramos), el de las DO Apaneca-Ilamatepec, Bálsamo-Quezaltepec y Tecapa-Chinameca, que son las tres que registraron ventas al exterior durante ese año, rondó los 207.05 dólares, de acuerdo con información del Consejo Salvadoreño del Café (CSC).

“El volumen no ha sido tal vez representativo, con respecto a los 744,000 quintales que exportamos, pero aquí lo que se exporta es calidad”, afirma Silvia de Rivera, especialista en Denominación de Origen del CSC.

En esa cosecha, la cantidad de quintales exportados con DO apenas llegó a 2,897. Y la cantidad de caficultores inscritos es baja: aproximadamente 1,000, de un total de 23,855 existentes en el país.

La fabricante del licor Chaparro, Flor de Fuego, el segundo producto del país en tener la distinción, hace esfuerzos por posicionar su nombre en los mercados internacionales. Si bien, la destilería ya exporta a Estados Unidos, su gerente general y socia fundadora, Claudia Cáceres, afirma que el beneficio de contar con DO más que monetario ha sido de protección del nombre y del producto.

Cáceres espera que, de exportarse Flor de Fuego a Europa, a su juicio un mercado más maduro, logre diferenciarse su precio. Poco a poco, el tema comienza a permear entre los productores salvadoreños. El CNR afirma que la piña de Santa María Ostuma ya presentó también su solicitud para protegerse bajo el referido esquema. Y al menos seis más (el cacao, el ron y la miel de El Salvador, las artesanías de La Palma e Ilobasco, y el cultivo Ojushte) reúnen también las condiciones de reconocimiento, por tradición o costumbre.

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