Con 2.2 millones de hectáreas, la Reserva de Biosfera Maya (RBM) se convierte en el área protegida más grandes de Mesoamérica, en la que durante los últimos 30 años se ha promovido la conservación y gestión sostenible de los bosques.

De acuerdo con la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (Acofop), la RBM es administrada con bases a un modelo implementado por la Unesco, mediante el cual se promueve el equilibrio entre las actividades humanas y el bosque, al grado que varias comunidades administran 500 mil hectáreas como parte de un proyecto de concesiones forestales.

Las concesiones comunitarias fueron otorgadas por el Estado como parte de los compromisos adquiridos durante la firma de los acuerdos de paz, en 1996, tiempo durante el cual se ha logrado el rescate de especies de flora y fauna en peligro de extinción, como la caoba y el jaguar; además, los índices de deforestación se redujeron a 0.4%, y se logró la declaratoria de zona libre de incendios en las áreas concesionadas.

En 2019, por primera vez desde que se dispone de datos, la Reserva de la Biosfera Maya registró una ganancia neta de bosque, ya que, de las mil 88 hectáreas de bosque recuperadas, el 34% se encontró en cinco concesiones forestales comunitarias.

Según Acofop, la RBM forma parte del Corredor Biológico Centroamericano, indispensable para el balance climático de la región y de vital importancia para la mitigación de la crisis climática.

Por su ubicación al norte de Guatemala, rodeada por las fronteras con México y Belice, la reserva está expuesta a actividades ligadas al tráfico de drogas, la tala ilegal, los monocultivos, la ganadería extensiva y los incendios forestales, por lo que el manejo de los bosques a cargo de las comunidades es indispensable para salvaguardar la reserva.

La Administración del presidente Alejandro Giammattei será la que deba procesar las solicitudes de prórroga de contrato de las concesiones forestales que están próximas a vencer. El primer avance en la continuación del modelo forestal comunitario de Petén se dio con la prórroga del contrato de concesión de la comunidad de Carmelita, en diciembre de 2019; sin embargo, la incertidumbre legal de las concesiones continúa.

Para las actividades del aniversario de la Reserva, las comunidades forestales de Petén han planificado una semana de actividades, en las que se prevé la participación de representantes de entidades estatales, no gubernamentales y de cooperación internacional.

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Escasa presencia estatal

Francisco Asturias, director de la Fundación para la Conservación y el Ecodesarrollo en Petén, asegura que solo una tercera parta de la Reserva de Biosfera Maya se encuentra en buenas condiciones, debido a que “históricamente” la presencia del Estado ha sido escasa.

Añadió que las mayores fuentes de financiamiento para conservación provienen de organismos internacionales y oenegés y que el aporte del Gobierno es significativo, por lo que en la actualidad la mayoría de los parques nacionales que se ubican en la Biosfera se enfrentan a “serias amenazas” como la ganadería y el avance de la frontera agrícola.

“Se podrían hacer recuperaciones de áreas, pero para eso habría que modificar la ley; por ejemplo, la Laguna del Tigre ya no puede seguir siendo un parque nacional, ya es un área completamente degradada, con problemas de invasiones, agricultura, ganadería, narcotráfico  y tráfico de humanos, y la normativa de este tienen que cambiar, hay buenas áreas que vale la pena rescatar”, señaló Asturias.

Se deben cambiar modelos

Juan José Romero, coordinador de áreas protegidas y regente forestal de proyectos de conservación del Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos, se muestra complacido porque la Reserva de la Biosfera Maya llegue a 30 años; sin embargo, asegura que es necesario hacer una reestructura al Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

Romero dice que el Conap se ha centralizado en la capital y ha delegado en oenegés la responsabilidad de la conservación, un aspecto que, según dice, desestimula a los sectores que velan por la protección de los recursos naturales.

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De acuerdo con Romero, las concesiones forestales son el logro más importante del Conap, pero asegura que hay otros modelos que pueden funcionar; por ejemplo, los implementados en los biotopos de la Universidad de San Carlos, denominados Concesiones de Protección del Patrimonio Natural y Cultural – dónde no existe aprovechamiento de madera como en las concesiones forestales-.

“Se necesita otra estrategia además de las concesiones -aprovechamiento de madera y recursos de la selva-, pues yo no estoy de acuerdo con que se estén cortando selvas”, dijo Romero.

*En alianza con Prensa Libre