Por Nuria Marín Raventós

En enero pasado se realizó la Feria Electrónica de Consumo (CES 2020) pudiendo apreciarse los más recientes avances que permitirán contar con hogares cada vez más inteligentes, taxis voladores y bicicletas para avanzar sobre el agua, entre otros. La conducción autónoma será más accesible como lo mostraron las líderes automotrices con sus más recientes modelos. 

El futuro también se vislumbra como más saludable y accesible al ver los grandes avances en salud, bienestar y biomedicina, que hacen posible la atención médica ciento por ciento personalizada.

Es dentro de este entorno de cambios exponenciales en la tecnología, Inteligencia Artificial, rapidez en la conectividad (tecnología 5G) y el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) que se hace relevante reflexionar sobre lo que está pasando y cual será el futuro de esa gran autopista o plataforma que es la red informática global,World Wide Web (www).

En 2001, el libertario Clyde Wayne Crews, un investigador del Instituto Cato, utilizó por primera vez en Forbes el término splinternet, concibiéndolo en términos positivos como una fragmentación de la red en universos paralelos, privados y autónomos.

Por el contrario, Scott Malcolm, experto en seguridad nacional estadounidense, advierte sobre las amenazas a la condición global de la red de redes en una de sus más recientes obras, titulada Splinternet: Cómo la geopolítica y el comercio están fragmentando la red de informática global, publicada en 2016.

Hay preocupación por fuerzas poderosas que amenazan con fragmentar, o como llaman algunos “ciber-balcanizar” la red, por factores tan diversos como la tecnología, el comercio, la política, la religión, la seguridad, entre otros.

En China, por ejemplo, se creó la “gran firewall” cuyo propósito es el control de acceso doméstico de contenidos concentrados en algunas redes foráneas, así como favorecer el acceso de empresas chinas, separación que tenderá a profundizarse con el acelerado desacoplamiento tecnológico entre China y Estados Unidos en una de las aristas de la guerra comercial.

Un estudio de Harvard de 2007 mostró cómo múltiples países, entre ellos Irán, Arabia Saudita, Corea del Sur o Paquistán, por mencionar algunos, también filtraban o bloqueaban información.

Una nueva ley aprobada en noviembre pasado en Rusia obliga a la creación de una red independiente exclusiva para este país, creándose así la primera isla en el ciberespacio. Este hecho se señala como la más reciente muestra de balcanización (por la región de los Balcanes).

En materia comercial, las empresas también están orientándose a crear sus propios “jardines resguardados”, al usar la segmentación y la inducción de sus usuarios a permanecer en sus ecosistemas. Estas acciones, muchas veces desconocidas por los usuarios, no sólo atentan contra la privacidad y derecho a la información, sino que, como subproducto entre gigantes, podría derivar en la pérdida de estandarización y conectividad. 

Se requieren definiciones y marcos regulatorios claros, como la defensa del derecho a la imagen, la protección de datos, el derecho al olvido, la protección de propiedad intelectual. Otros temas no menos retadores son el justo balance entre la seguridad y derecho a la privacidad y cómo evitar las prácticas monopólicas.

Lo más complejo sería que la incapacidad global de lograr regulaciones globales motive a que las naciones o regiones procedan a crear marcos regulatorios propios, lo que provocaría una mayor balcanización de la plataforma, y haría dispar el acceso al conocimiento e innovación en perjuicio del avance global.