Por Urías Gamarro

La magnitud es tan grande que Guatemala podría ubicarse a corto plazo en un importante exportador y productor para abastecer el principal mercado, sin embargo, no se aprovecha al máximo y el sector privado organizado habla de fomentar una Política Nacional de Aguacate (PNA) para estimular la actividad tal como ocurrió en México, Chile, Perú o Colombia que son los pioneros en la región.

De hecho, se lamenta que el aguacate y sus derivados como la pasta o pulpa no tuvieron relevancia en las negociaciones de los tratados de libre comercio, dadas las condiciones de volumen de producción.

Una unidad de aguacate en su mejor temporada puede cotizarse en US$1.75 (Q13) en países asiáticos o europeos y la demanda mundial crece 10%, es decir, hay una tendencia anual de incremento, según los productores consultados.

Grandes retos

Mario Yarzebski, gerente de comercialización de la agroexportadora Palo Blanco, aseguró que Guatemala necesita una política nacional para poder fomentar la producción de la fruta y comercializarla a los Estados Unidos, que es el principal comprador.

En esa política se deben definir las medidas y controles sanitarios y fitosanitarios, estándares de calidad, certificaciones para llevar a cabo una producción más formal con los productores y las cadenas de comercialización.

Aseguró que uno de los problemas identificados es que el sector es muy informal y los intermediarios o “coyotes” son los más beneficiados en la cadena.

Marco Quilo, presidente del comité de Aguacate de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport) detalló que Guatemala tiene grandes oportunidades de siembra sobre todo en el altiplano, pero por la ausencia de lineamientos no se fomenta la actividad.

Destacó que se necesita incrementar el volumen, tecnificación y financiamiento para los productores, ya que un kilo de aguacate fresco llega a cotizarse a US$3.25 -Q25- en temporada alta, que para Guatemala es en el primer trimestre del año.

En ese sentido, se necesita apoyo técnico agrícola, riego, manejo de empaque, cadenas de comercialización e integración de productores para poder comercializarlo al exterior.

“En México hay subsidios anuales a la industria por unos US$250 millones en un solo estado”, puntualizó.

Yarzebski reiteró que el inicio de año es la ventana de oportunidad, justo cuando no despacha Chile o Perú, aunque se compite con México en el mercado exterior.

En la actualidad, está pendiente que las autoridades de Estados Unidos permitan el acceso a la fruta por medio de un protocolo de admisibilidad y con Europa no existen mayores inconvenientes, solo se requiere cumplir con las normas fitosanitarias.

En 2019 las exportaciones de aguacate de Guatemala fueron de US$7.3 millones y el 30% se destinaron a los Países Bajos –desde donde se distribuye a Europa–; 20% a Costa Rica; 14% Honduras; 11% a El Salvador y para el Reino Unido el 8%.

Mientras que las exportaciones de México fueron de US$2 mil 400 millones, de Perú, US$722 millones y de Colombia US$62 millones.

El ejecutivo mencionó que también existe un contrabando hacia Centroamérica y mucho de ese producto, que viene de México, abarata el costo en el mercado local. Ese producto que ingresa es de segunda o tercera.

Estados Unidos es el principal consumidor de la fruta, pero Guatemala no puede exportar y se esa en un proceso de admisibilidad. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Áreas focalizadas

El último censo de aguacate es del 2010 y se considera que el área de cultivo es entre 12 a 15 mil hectáreas.

Por variedad, se produce el hass, que es el más comercial, el greenskins o cáscara verde y el criollo.

El área productora más importante se concentra en los departamentos de Sololá, Chimaltenango y Sacatepéquez, pero según Yarzebski, hay un mayor potencial en Huehuetenango y San Marcos, lugares que han sido considerados donde existe una fuerte migración hacia los Estados Unidos.

En el mapa también identifica a Quiché, Quetzaltenango, Guatemala, Jutiapa y Petén como potencial de producción, donde existen muchos pequeños o medianos productores.

Además, existe la producción de traspatio. La temporada de producción es de noviembre a marzo del siguiente año, pero en algunos lugares hay una segunda cosecha en junio, julio y agosto.

“Con fomentar y guiar a los pequeños y medianos productores, crear sistemas de integración, cooperativismo, asistencia técnica y el financiamiento se alcanzará una plataforma productiva a corto plazo”, reiteró el ejecutivo, con instituciones como el Ministerio de Agricultura y Economía, así como la SAT para formalizar al sector. Además de trabajar en procesos de certificación.

La idea es lograr una mayor eficiencia por producción de hectárea y llevarla de 12 toneladas a 20 toneladas.

La mayoría de los pequeños productores cuenta con 20 a 50 cuerdas de producción.

Quilo explicó que en Guatemala también se producen otros derivados del aguacate para la industria de los cosméticos y aceite, que demandan fruta.

En Guatemala se produce las variedades de aguacate hass, que es el más comercial, el greenskins o cáscara verde y el criollo. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Rangos de inversión

Carlos Salazar, gerente del sector agrícola de Agexport, expresó que para la producción de una hectárea de aguacate se necesita un financiamiento de Q170 mil, pero la plantación estaría dando su retorno en el año cuarto.

Una hectárea tiene la capacidad de producir 88 quintales y para cubrir un contenedor se necesitan 500 quintales, según las mediciones.

Es decir, que para poder cubrir un contenedor se necesitan 500 quintales que equivalen a seis hectáreas.

El cultivo es ideal para lugares con mil 600 o dos mil metros sobre el nivel del mar.

“El retorno de la inversión se podrá observar en el cuarto año y es un costo que muchas veces los productores no soportan por no contar con la liquidez”, enfatizó Salazar.

Andrés Espinoza, de la firma Mayan Hass Avocados, dijo que despacha 10 contenedores a Europa, que es el volumen máximo que puede cubrir, aunque sus clientes le han solicitado más producto.

“La limitante es que no hay producción, no hay mayor volumen y no se puede vender más a los clientes”, subrayó Espinoza que cuenta con una empacadora en Monjas Jalapa.

Un despacho al mercado europeo tarda 23 días en llegar al consumidor.

*En alianza con Prensa Libre