A fines de 2019, el Gobierno de Islandia organizó Moving Forward (“avanzar”, en español), la primera conferencia internacional de alto nivel enfocada al movimiento #MeToo. El evento exploró el acoso por motivos de género en todo el mundo y se centró en cambios de política, estructurales y culturales que reducirían riesgos para las mujeres más vulnerables del mundo.

El evento resaltó una realidad incómoda al alcanzar el empoderamiento de las mujeres: la igualdad de género se trata de algo más que simplemente orientarlas, capacitarlas o incluso incentivarlas. La igualdad se trata, en primer lugar, de protegerlas.

Esta conclusión también refleja la experiencia en financiamientos para el desarrollo. En 2016, una comunidad en África mostró elevadas tasas de deserción escolar secundaria cuando un proyecto de transporte entró en etapa de construcción. Una ONG descubrió que obreros del proyecto atacaban y habían dejado embarazadas a las mujeres locales. Muchas resultaron socialmente excluidas, sin asistir a la escuela. Esto llevó a un banco multilateral de desarrollo a cancelar su inversión de US$265 millones, una forma de mostrar el coste monetario cuando los problemas relativos al género se desatienden y se convierten en una bola de nieve.

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Esta no es la primera vez que los riesgos de género han amenazado el desarrollo de infraestructura, la cohesión de una comunidad y el sustento de las mujeres. El incremento del activismo de stakeholders, a menudo organizado por una sociedad civil más influyente que aprovecha el poder de los medios sociales, está creando mayor toma de conciencia. A esto se suma un mayor interés en el compromiso con los stakeholders y el trabajo con las comunidades afectadas por proyectos.

Replanteando la discusión de género

En el pasado, las empresas se salían con la suya al implementar el método de “encógelo y píntalo de rosa” (en inglés, “pink it and shrink it”): La acción de tomar un producto y hacerlo “femenino” al teñirlo de color rosa y crear una versión más pequeña. Ahora las tendencias de los inversionistas y las empresas revelan que estos pasos de “lavado rosa” no solo son caducos, sino que corren el riesgo de convertirse en su propio hashtag. La misma evolución ocurre en el espacio del financiamiento para el desarrollo.

Para apoyar a los clientes y proyectos de América Latina y el Caribe, BID Invest desarrolló recientemente una evaluación de género que va más allá del tamaño y el color de los uniformes y montacargas, o de preguntar por los datos de género de la fuerza laboral. La evaluación incluye 65 preguntas que abarcan todos los sectores, acompañados de información para orientar a las empresas acerca de los riesgos para la fuerza laboral femenina y para las comunidades que interactúan con sus proyectos. Esta herramienta está mejorando nuestra capacidad para identificar los riesgos de género y tomar medidas para superarlos, y fue reconocida no hace mucho por la agencia calificadora de Standard & Poor’s por fortalecer la gestión del riesgo no financiero y la calidad del portafolio de créditos. 

Por ejemplo, en un reciente proyecto de infraestructura, el patrocinador debió contratar a una empresa para monitorear de cerca el alojamiento de los trabajadores varones en ciudades pequeñas. El objetivo es restringir el acceso y promover comportamientos respetuosos en las comunidades en las que trabajan.

En los proyectos de manufactura, los clientes han capacitado a mujeres como vigilantes y han creado protocolos para garantizar su seguridad. Las guardias de seguridad femeninas han ayudado a aliviar una tendencia de abuso por parte de guardias masculinos hacia una fuerza laboral femenina, y a proporcionar consuelo si la empresa debe realizar revisiones físicas de los trabajadores. Las fuerzas de seguridad también deben cumplir con proteger los derechos humanos y evitar violencia o abusos basados en género.

En turismo, exploramos instalar botones de emergencia en los pisos de los hoteles para proporcionar seguridad a las mujeres que limpian las habitaciones, una profesión con tasas desproporcionadamente altas de acoso sexual, según la Oficina de Estadísticas Laborales. Los programas en contra de la explotación y el turismo sexual también pueden fortalecer este sector.

Por último, en los agronegocios, alentamos a los clientes a que ofrezcan guarderías y proporcionen instalaciones adecuadas de saneamiento femenino. Una evaluación adecuada de salud y seguridad para trabajadoras embarazadas podría requerirse en casos de entornos más riesgosos, movimientos repetitivos levantar objetos pesados, entre otros.

En todos los sectores, espacios para reclamos internos y externos llamados mecanismos de queja deben estar listos para tratar el acoso y la violencia sexual, viabilizando un entorno de anonimato, proporcionando entrenamiento especial a los asistentes y ofreciendo asistencia adicional a las personas que presentan reclamos.

Para continuar compartiendo conocimientos sobre riesgos de género, BID Invest está capacitando a clientes del sector privado en la región. Continuaremos creando habilidades con ofertas de capacitación en línea y el soporte técnico de nuestros especialistas sociales. Ahora América Latina y el Caribe está adoptando la idea de que para “avanzar”, como la conferencia islandesa, y promover la igualdad de género, primero debemos protegerla.