Por Alexander Freund

Hasta ahora no hay ni medicamentos ni vacunas contra el nuevo coronavirus SARS-CoV-2. Pasarán por lo menos de 18 a 24 meses antes de que se pueda desarrollar una vacuna apropiada, se compruebe su efecto secundario en todas las fases de la prueba, se apruebe por las autoridades sanitarias, se produzca en grandes cantidades y se distribuya finalmente a todo el mundo. Adicionalmente, las personas también tendrán que ser vacunadas.

Por lo tanto, en los próximos meses, las pruebas fiables son la medida más sensata para, al menos, frenar la propagación del virus. Con la ayuda de las pruebas rápidas se puede identificar a las personas infectadas y los posibles “puntos calientes” de infección. Es la única manera de poner en cuarentena a las personas infectadas, ya sea en una instalación médica o, en casos más leves, en su casa.

Sin embargo, incluso en los países desarrollados, las instalaciones médicas y los laboratorios alcanzan rápidamente sus límites de capacidad durante una oleada aguda de infección. Por esta razón, las pruebas rápidas deben limitarse a los casos realmente sospechosos; una prueba general para cada persona no es posible ni útil.

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¿A quién se le está haciendo la prueba?

Según las evaluaciones actuales, el simple hecho de permanecer en una zona de riesgo no es suficiente para justificar una prueba. Y no todo el mundo con un resfriado o tos se infecta con el SARS-CoV-2 de inmediato.

Sin embargo, toda persona que muestre signos de neumonía relacionada por un virus de “incierta procedencia”, con síntomas evidentes como tos, fiebre y dificultad para respirar y que también haya tenido contacto con una persona infectada o haya permanecido en una región de riesgo particularmente afectada es un caso sospechoso justificado.

En última instancia, queda a discreción del médico si se realiza o no una prueba de coronavirus. Según el Instituto Robert Koch, también se analizan muestras aleatorias de pacientes con síntomas de gripe para detectar el nuevo coronavirus.

En Alemania, los costos (aproximadamente 200 euros) son cubiertos por las compañías de seguros de salud, pero solo si el paciente es realmente calificado por el médico como un caso sospechoso.

¿Cómo se hace la prueba?

En la mayoría de los casos, la prueba consiste en tomar una muestra de la garganta o de la nariz del paciente con un hisopo. El Instituto Robert Koch también recomienda que, en caso de sospecha justificada, se tomen muestras no solo de las vías respiratorias superiores, sino también de las inferiores, por ejemplo, la tos de secreciones de los bronquios o los pulmones.

¿Qué pasa con las muestras?

Las muestras se analizan para detectar la presencia de coronavirus en los laboratorios de diagnóstico. El procedimiento se basa en la llamada reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Esas pruebas duran unas cinco horas y se han convertido en procedimientos habituales en los laboratorios. También se utilizan para detectar enfermedades hereditarias o para determinar la paternidad.

En la PCR, un trozo de ADN específicamente seleccionado se copia y se multiplica en un termociclador para buscar trozos específicos de ADN, por ejemplo, un coronavirus. El método muestra entonces cuántos patógenos están presentes en el cuerpo. En las infecciones virales, esto se llama “carga viral”.

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¿Cómo se informa a las personas afectadas?

La prueba real dura unas cinco horas, más el tiempo de transporte al laboratorio de pruebas. Los resultados suelen estar disponibles después de uno o dos días, antes de que el doctor pueda informar a los pacientes.

Si el resultado de la prueba es positivo, se informa inmediatamente al paciente y a la autoridad sanitaria correspondiente. Si es necesario, esto va seguido de una admisión hospitalaria con salas de aislamiento especialmente diseñadas y medidas de protección.

En caso de progresión leve de la enfermedad, los pacientes también pueden permanecer en aislamiento en sus casas, siempre que se garantice que no puedan infectar a terceros.

¿Son concluyentes las pruebas?

Las pruebas lo son, pero incluso una prueba negativa no excluye completamente una posible infección de coronavirus.

Esto se debe a que si las muestras se tomaron o se transportaron incorrectamente, o si se tomaron en el momento equivocado, se podría obtener un resultado negativo de forma incorrecta. Esta es otra razón por la que los pacientes presuntamente infectados son examinados varias veces.

¿Existen también opciones de prueba más fáciles y rápidas?

Como se ha descrito anteriormente, el diagnóstico mediante la reacción en cadena de polimerasa requiere un equipo de laboratorio muy especializado y técnico altamente cualificados, que no están disponibles en muchas partes del mundo. Incluso en China, la capacidad de los laboratorios llegó a su límite rápidamente debido al gran número de casos. En Europa y Estados Unidos también a veces hay problemas en la entrega de las pruebas.

Así pues, desde las trágicas crisis del Ébola y Zika, los investigadores desean desarrollar una versión portátil de estos dispositivos de diagnóstico molecular para poder realizar pruebas a personas en clínicas menos equipadas, o incluso descentralizadas en su país de origen o en su domicilio.

Se están llevando a cabo investigaciones en todo el mundo y ya se dispone de los primeros ejercicios prometedores para una prueba rápida simplificada, similar a una prueba de azúcar en la sangre. Por ejemplo, la prueba rápida presentada por la Comisión Nacional de Salud de China será capaz de detectar inmunoglobulinas – los anticuerpos que el cuerpo humano produce en primer lugar en caso de una nueva infección – en tan solo 15 minutos analizando una gota de sangre.

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Por su parte, la Escuela de Medicina Duke-NUS de Singapur ha desarrollado una prueba de anticuerpos similar, que ya ha sido probada con éxito por el Ministerio de Salud de ese país.

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