Rolando Ferrer

Seguramente hemos escuchado que el nuevo entorno laboral y las tendencias en los negocios están evolucionando constantemente. La frase “a lo largo del tiempo, el cambio es lo único que se mantiene constante” se está convirtiendo, cada vez más, en la cotidianidad de todos los negocios y, por consiguiente, los profesionales para este mercado laboral.

Ahora, este crecimiento exponencial que los negocios están teniendo día a día, demanda que los profesionales desarrollen habilidades y competencias aptas para este nuevo mundo. Las competencias que el futuro del trabajo exige están pensadas en la nueva forma que las empresas están teniendo de relacionarse, hacer negocios, su tecnología y forma de liderar personas.

Sin duda, podemos enlistar las nuevas competencias y habilidades que el mercado laboral exige para los profesionales, sin embargo, considero que muchas de ellas nacen precisamente de una, que se vuelve el detonante de un profesional con habilidades y competencias – duras y blandas – aptas para el mercado laboral: la capacidad de adaptación. 

Hace unas semanas, leí de un profesional en LinkedIn que estaba celebrando su primer aniversario en su trabajo, en el área de Recursos Humanos de un organismo internacional, la frase “para ser flexible hay que estirar; y estirar duele”. Creo que hay mucha verdad en esta reflexión. Sin duda ser flexible y adaptarse al cambio es uno de los retos más importantes que todos los profesionales tenemos, pero este reto, como cualquier otro, conlleva una serie de “dolores de crecimiento”, que, independientemente del nivel profesional que tengamos o los años de experiencia que llevemos en el mercado, nos obligan a salir de nuestra zona de confort para volvernos más competitivos.

Hay muchas empresas en el mundo que están viviendo cambios organizacionales importantes, donde áreas como innovación, desarrollo, transformación organizacional, entre otras; están tomando protagonismo en cuanto a transformar a las empresas y liderar su evolución – a nivel de estrategia y de cultura – desde la empresa que actualmente son a la que deberían ser (tomando en cuenta la nueva realidad del mercado global).

Sin duda que estos cambios organizacionales deberían estar acompañados de transformaciones, desde las personas. Creo que los profesionales debemos reflexionar en cómo este nuevo entorno nos plantea un reto profesional y personal importante, que nos invita a buscar una mejor versión de nosotros mismos. Hoy, quiero compartir dos reflexiones importantes para acompañar esta transformación de las empresas con las personas:

1.La transformación es cultura más allá de estrategia.

Uno de los grandes aprendizajes y revelaciones de los últimos años, que marcó una diferencia de los nuevos negocios y los business as usual es la apuesta por las personas y la cultura. Ya sabemos que la cultura de la empresa deberá empatar con la estrategia empresarial que la compañía tenga. En la experiencia con muchas empresas de la región, la apuesta con por la cultura es el elemento clave del proceso de transformación. Si las personas no apuestan por una cultura flexible y abierta al cambio – precisamente así, desde una perspectiva muy personal – la evolución será un elemento difícil de llevar. Sin duda, hace sentido que desde la perspectiva personal, el talento apueste por una transformación que haga sentido, que tenga un propósito más allá de los negocios, más bien, un propósito personal para buscar ser una mejor persona en un mejor mundo. Ahí, la “magia” comienza a ocurrir.

2.Romper la barrera del miedo.

Hace unos años escuché de un experto en temas de innovación decir que el primer elemento para que esta ocurra en una empresa es la humildad. Creo que el mayor obstáculo del cambio y la transformación comienza por la inseguridad y el miedo de salir de la zona de confort. Crear un ambiente de cambio, es un ambiente de adaptación y tolerancia. Sin estos dos elementos, la innovación y la transformación no van a ocurrir. Siempre he pensado que en la región, se debe revalorizar “el error”, sin él no puede haber aprendizaje ni innovación. Un ambiente donde las personas se valoran, respetan y acompañan, rompe la barrera del medio que puede existir con la transformación.

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