Por Francisco Coll Morales

La extensión del Coronavirus por el planeta es tanta que ya la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que es una pandemia. Una situación que, en estos momentos y nunca mejor dicho, no deja indiferente a nadie. Incluso, tampoco a Centroamérica y su economía.

Si algo está provocando ese virus, además de una histeria social, es un fuerte impacto en la economía, que ha obligado fuertes reajustes en las previsiones de crecimiento para la economía mundial en este 2020. La última se ha producido esta semana con la OCDE, donde anunciaba una rebaja de -0,5% en los pronósticos de crecimiento para el PIB mundial durante este ejercicio.

Una rebaja que ha provocado que el pronóstico de crecimiento para el PIB mundial, el cual se elevaba hasta el 1,9%, ante lo ocurrido, se haya situado en el 1,4%. Una rebaja precedida por ese incesante acecho del virus a la economía. Un daño que, en estos momentos y de acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC), así como la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), ya muestra pérdidas muy importantes para la economía.

Pérdidas que, en el caso del transporte aéreo, oscilan en una horquilla de entre 63.000 millones de dólares (mdd) y 113,000 mdd. Una cuantía que se produciría en el sector de las aerolíneas, a las que ha afectado hasta el punto de hacer quebrar a una de las compañías regionales más importantes de Europa. Por otro lado, a la industria, y de acuerdo con la OMC, el Coronavirus ha provocado la pérdida de 50,000 mdd, tras la paralización del mayor productor del mundo, el cual es China, como primer eslabón de la cadena de valor.

Todo ello y a lo que debemos sumar las pérdidas que cuantifica la WTTO, organización de turismo mundial de las Naciones Unidas, la cual prevé unas pérdidas para el sector turístico, que no el aéreo, de 70,000 mdd estadounidenses. Como podemos observar, pérdidas que, como decía, no dejan indiferente a ningún ciudadano. Tampoco a los inversores y ahorradores, a los que las bruscas caídas en los mercados financieros le han llevado a dejarse, y en cuestión de días, más de 10,000 mdd en los mercados financieros. Esto, en términos económicos, supone la suma total del PIB en Reino Unido, Francia, España e Italia, todos juntos.

Como podemos observar, he aquí un breve análisis de lo que, hasta ahora, muestra la cara más negativa del Coronavirus. Pero no es todo, ya que para las economías emergentes, la situación podría llegar a ser más vulnerable y donde el efecto dañino se diese con más intensidad. Y sí, con economía emergente nos referimos a Centroamérica, pues los recursos sanitarios y la poca consolidación de los crecimientos, ante semejante escenario, podría provocar una intensa desaceleración económica en la región.

De acuerdo con las Naciones Unidas, el COVID-19 podría tener efectos negativos en el crecimiento de Centroamérica. Tales efectos podrían traducirse en una desaceleración del PIB que podría oscilar entre un 0,7% y un 0,9%. Una desaceleración que, para la UNCTAD, podría llegar a suponer una pérdida por valor de 220,000 mdd para las economías en desarrollo. Economías en desarrollo, pero en la que no se tiene en cuenta a China, por lo que el reparto se hace entre un menor grupo de economías, donde si se integran a las de la región centroamericana.

Es por esto por lo que preocupa la situación para la región. Centroamérica, al igual que otras muchas economías, es una gran dependiente de bienes importados del extranjero. Unos bienes que provienen de China y en la que este último ocupa el primer eslabón de la cadena de valor. Por esta razón, en una situación en la que China se encuentra con una actividad económica completamente paralizada, el Coronavirus podría acabar dañando seriamente a la economía centroamericana.

Una economía que, precisamente este año, mostraba unas previsiones de crecimiento muy alentadoras, ya que el Fondo Monetario Internacional (FMI) preveía un crecimiento bastante positivo para las distintas economías del territorio. Crecimientos que mostraban un soplo de aire fresco para estas economías, que no lo habían estado pasando muy bien meses atrás, y que, ahora, se encuentran en una situación en la que estos crecimientos previstos podrían moderarse notablemente, en contraste con esas alentadoras previsiones.

En este momento y pudiendo adelantarse a otros países, dado el bajo número de contagios, Centroamérica debe centrar todos sus esfuerzos en contener el virus. Ya no solo por la menor infraestructura sanitaria para afrontar una pandemia en todos los territorios que integran la región. Sino por la razón de que, ante una paralización, también, de la actividad económica interna, los daños en los que incurriría la economía centroamericana podrían tener un efecto incluso mayor, provocando contracciones superiores a las previsiones emitidas anteriormente.