Por Carole Hart

Las noticias falsas o Fake News no son cosa de ahora. A lo largo de los siglos han sido una herramienta vil y eficiente para manipular, confundir, desestabilizar y lograr llevar a cabo los deseos de una persona o grupo, con el consentimiento y apoyo de la gran mayoría engañada. Algunos ejemplos son la Inquisición, ampliamente conocida por haber creado bulos que justificaban sus macabras prácticas; la maquinaria de propaganda Nazi, que, basada en falacias, logró generar el repudio colectivo del pueblo alemán hacia los judíos; o el gran objetivo de la guerra de Irak, las armas de destrucción masiva jamás halladas. Como estos, incontables hechos históricos, sin excluir la actualidad más reciente.

Hoy libramos una guerra mundial contra un virus y los escenarios bélicos han sido caldo de cultivo por excelencia para la proliferación de estas prácticas. Así lo cita el dicho: “La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad.” *

Así pues, el arte del engaño suele tomar fuerza en momentos de crisis, y el contexto hiperconectado en el que vivimos es el más rápido y eficaz vehículo para expandir exponencialmente esta plaga con sus terribles consecuencias.

Las Fake News se sustentan en cuatro pilares fundamentales:

  • Aprovechan el contexto socio-cultural. Por ejemplo, ahora que el mundo vive una pandemia, es un escenario ideal, del que algunos querrán tomar partido.
  • Apela a pasiones y emociones del receptor. Miedo, inseguridad, malestar, celos, desesperación, ira, etc. Hace uso de éstas, a sabiendas de que pueden desatar una reacción en cadena de forma rápida.
  • Recursos confiables. Mezcla la verdad con la mentira. Emula fuentes oficiales, recrea voces y escenarios creíbles, se cuela en nuestros círculos de confianza como los grupos de WhatsApp.
  • Se crece ante la ignorancia. Ya sea tanto la falta de conocimiento temporal, como la arraigada en la población de entornos sociales desiguales, carentes de educación. La educación es sin duda el arma más poderosa contra los bulos y las falsedades, pues dota a las personas de un sentido de ética, capacidad crítica y un marco cultural amplio para analizar y discernir, disminuyendo el impacto de las mismas.

¿Cómo combatirla?

  • Cuando se recibe una información, se debe contrastar con distintas fuentes. Una sola nunca es suficiente. Hoy en día, además, están surgiendo portales enfocados en identificar noticias falsas. Estos son solo algunos:

Stopfake.org / Newtral.es / Malditobulo.es

  • No compartir lo que no se puede validar, sobre todo cuando se trate de asuntos de los que dependa la vida o integridad física de personas, así como la reputación de las mismas o la alteración del orden público. Incluso si lo que se ha recibido, proviene de nuestro círculo más cercano.

Olga Yurkova, experta en la materia y editora de Stopfakes.org, expresa en  su Ted Talk: “Si la noticia es demasiado dramática, demasiado emocional y demasiado sensacionalista, es muy probable que no sea cierta. La verdad es aburrida. La manipulación es siempre sexy”.

  • Apoyar las iniciativas en favor de la penalización así como denunciar los casos evidentes. Las redes sociales, a pesar de ser un gran propagador de Fake News, también han demostrado ser un poder para la ciudadanía cuando se trata de demandar justicia y denunciar malas prácticas.

Hoy más que nunca se hace imperante que todos los ciudadanos tomemos conciencia y fortalezcamos nuestro sentido ético para paliar esta plaga que nos afecta a todos. La unidad de acción es la mejor arma, para que juntos ganemos la batalla contra la mentira, que al igual que el coronavirus se contagia exponencialmente, creando mitos que nos devastan psicológicamente, sacan lo peor de nosotros y en el peor de los casos, se pueden cobrar vidas inocentes.

* La autoría de esta frase se atribuye a dos personajes en el periodo de la Primera Guerra Mundial: 1. Al senador estadounidense Hiram Johnson, 2. A William Harry Ponsonby en su libro “Falsedad en tiempos de guerra.”

Carole Hart es directora general de Hart Agencia Creativa  

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